La agricultura urbana. Exorcismo en Cumaná “¡De qué vuelan, vuelan!”

Samantha, aquel ser mágico y linda chica, casada con aquel mortal, tipo atiborrado de problemas de la vida americana, llamado Larry, de vez en cuando, o mejor en cada serie, pese la oposición de su marido, hacía cosas propias de su condición. Ante una dificultad o majadería de su madre, mágica como ella, castañeteaba los dedos, pulgar e índice y todo resuelto. Conste que a Samantha y madre, llamé mágicas.

            Por lo de Cumaná, se movió hacia allá buena parte del gobierno. Por eso, uno dice, todo lo malo alguna vaina buena trae. Los violentos, empecinados en prender una guerra en Venezuela; interesados en que los gringos hallen un motivo para invadirnos no por democracia, ni libertad alguna, esas son pendejadas que para ellos nada valen, sino por petróleo y toda la riqueza que este territorio guarda, generaron en la ciudad “marinera y mariscala”, como le llamó uno de sus hijos predilectos, Andrés Eloy Blanco, un triste acto de vandalismo, tan infame que hasta invadieron una escuela estando en ella sus alumnos, niños pequeños. Cumaná pasa por todas las calamidades que el país padece. La escasez de alimentos, inflación e inseguridad son ahora los tres primeros problemas en la ciudad; pero lo son también de los venezolanos todos.

         Este domingo, como decir ahora mismo, José Vicente Rangel, persona cercana al gobierno, preguntaba a su entrevistado, Eleazar Díaz Rangel, más o menos de la manera siguiente:

        ¿Siendo la escasez un problema tan grave, por qué el gobierno que dispone de recursos, no lo resuelve?

       Puso énfasis, fue lo que más me llamó la atención de lo dicho por el entrevistador, que “el país dispone de recursos suficientes para abordar ese problema”.

        Díaz Rangel, quien suele ser muy discreto, sobre todo al tocar temas sensibles relacionados con el gobierno, agregó al comentario y pregunta del entrevistador:

        “A eso habría que agregarle lo relativo a la inflación y los escandalosos precios de los alimentos”. Aprovechó para echar un cuento sobre el costo de un cambur manzano pequeño. No obstante, evadió responder la pregunta.

       Es decir, ello indica que los problemas existen y son graves; no son imaginación pura de uno, mal pensado; y pese lo que se pueda decir, el primer responsable y llamado a encararlo es el gobierno. Eso lo dice hasta José Vicente. Tanto lo saben quienes manejan el Estado, que después de los desmanes de los violentos que ejecutan órdenes de quienes se creen amos del país, se movió impulsado por una fuerza inusitada hacia Cumaná. Allá fueron a tratar de encarar el grave estado de ánimo dejado por aquella explosión inducida.

            Entre los tantos funcionarios gubernamentales, encabezados por Aristóbulo, llegó la muchachita bonita, no sé su nombre y, ahora mismo cuando esto escribo, Internet no entra a mi equipo, por lo que no puedo averiguar cómo se llama, Ministra de Agricultura Urbana. 

            No tengo nada contra la agricultura urbana. Es más la he ensayado desde hace años. Es una alternativa que vale la pena practicar en cualquier circunstancia hasta para combatir el ocio. Los europeos, sin las tierras que nosotros poseemos en demasía y menos el agua en abundancia, la practican con intensidad. Es para ellos un verdadero reto por la subsistencia.

           Pero uno de los primeros aprendizajes de geografía económica al que tuve acceso, eso hace un poco más de cincuenta años, es que en este país, al contrario de Europa, sobran tierras de excelente calidad y agua; lo que en verdad pasa es que no hay quien las ponga a producir, primero por el viejo sistema propietario y luego por el rentismo petrolero que concentró la población, casi toda, en la zona norte costera, lejos de donde están aquellas incalculables potenciales riquezas.

           Alguien, a quien no le gusta esto se diga, comentaría “ese cuento ya nos lo sabemos, el asunto es que ahora, ya, hay que producir algo para salir de este rollo o evadir la hambruna que amenaza”. Lo que me hace sospechar que el gobierno espera una hambruna. En este caso no sería mal decir aquello. Pero sería aún mejor, antes admitir que en los últimos dieciocho años invertimos mucho tiempo y dinero en otras cosas y obviamos la importancia estratégica que siempre tuvo la lucha contra el rentismo. Olvidamos que “primero es el comer”. La carta de "Pepe" Mujica a Almagro, no sólo sirve para descalificar a este, en lo que mucha gente se “refociliza”, sino que aquél, no sé si lo digo bien, si no es así me perdonan la irreverencia, “nos echa en cara”, haber cometido ese garrafal error. Por todo eso, no es suficiente decir "se agotó el rentismo petrolero” y debemos salir de él. Falta decir que hubo equivocaciones y sobre todo hizo falta planificar cómo corregir y con quiénes salir del atolladero; y hace falta, sobre todo del gobierno, una autocrítica, decisiones y caras que nos devuelvan la credibilidad.

             Lo último lo he dicho pensando en que mientras tanto se mira el movimiento de los precios del hidrocarburo con avaricia y se piensa en apelar al arco minero. Como que si todavía añoramos por volver aquello. Conste que por esto mi posición no debe calificarse ultrosa o negativa a la “chimberra”, pienso que ante la gravedad de la crisis que atravesamos y teniendo esos recursos, se pueden utilizar con discreción y haciendo todo lo técnicamente posible para no impactar el medio. Tampoco podemos ver eso como quien observa  un tótem. Pero menos, fallándonos el petróleo, retornar al rentismo con esa incalculable riqueza "entre manos". Debemos partir de la idea, con cabeza cerrada, que el rentismo debió estar enterrado hace décadas.

            De lo que si estoy seguro es que la agricultura urbana, por mucho que se entonen himnos y se castañeen los dedos, no nos va a sacar de esta crisis y menos nos va a convertir en una potencia.

            En Cumaná, como lo ha hecho en otros sitios, la bella y joven niña ministra, para lo que no creo se necesite un ministerio, un nuevo alto funcionario y su respectiva corte,  cual se ofrece un espectáculo más para la televisión, habiéndose movido a la ciudad oriental, como por el país todo, con todo un complicado aparataje y personal, llegó a una pequeña huerta, agitó con gracia su nariz respingada, castañeteo los dedos y ¡zas!, presentó a las cámaras “veinte kilos de cebolla y 10 de pimentón” allí cosechados. ¡Qué maravilla! ¿Qué hacer ahora con tanta vaina de esa? Ya los cumaneses pueden descansar tranquilos.

           Con más razón Caracas, con esa funcionaria, puede no sólo ser espacio para dos Caracas más, como convencieron a Chávez, un gesto que ya fue en favor del rentismo o en retroceso, sino para cuatro. Lo único que hay que cuidar es hacer bastantes balcones; cada día castañear los dedos y “mandado hecho”. Mientras tanto, las tierras de la Venezuela adentro y el agua, que se queden allí que algún día llegarán los gringos.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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