Mi amigo chavista se enriquece. Todo va bien. Yo me empobrezco. Todo va mal

            Los “técnicos” de la economía dan sus explicaciones sobre lo que acontece en Venezuela y pareciera que cada uno de ellos, aunque discrepen, parecieran tener la razón de su lado. Lo curioso es que de entre los discrepantes, de un lado u otro, hay del gobierno y oposición. Por lo menos, eso revela que pareciera haber un espacio para acordarse.

           Por ejemplo, Manuel Sutherland, quien se define como marxista, señala como una de las causas “pesadas” de la galopante inflación, la desmedida, según su opinión, inyección de dinero inorgánico, fabricación de billetes sin sustento o respaldo de parte del gobierno nacional. Por cierto, en el “Manifiesto de Cartagena”, el primero de los más importantes documentos escritos por Bolívar, en Cartagena de Indias, la Colombia de ahora, diciembre de 1812, señala ese fenómeno o disposición en materia monetaria de las autoridades, como una de las 12 causas de la caída de la primera república. No recuerdo si el Libertador usó la palabra inflación, pero según él aquella medida del gobierno “patriota” produjo un aumento inusitado de precios que generó gran descontento.

            Técnicos opositores y hasta chavistas que son muy críticos frente al gobierno, no le atribuyen a lo del aumento del circulante  en demasía la importancia de Sutherland y otros. Lo que más complica el asunto a quienes poco sabemos de eso.

             Como mi formación no incluye esos conocimientos con propiedad y ellos, como solíamos decir en la Cumaná de mi niñez y adolescencia, no se compran en la botica y menos se alcanzan porque de repente mañana amanezcamos como capataces de finca, tengo mis dudas y estas me hacen formular una pregunta que dejo allí para la meditación y quizás para que alguien, sobre todo otro de mis amigos, quien si es técnico en eso, pero llevamos días sin hablar, me la responda:

            ¿Siendo EEUU un país con una deuda externa gigantesca, tanta que si citamos una cifra es impensable, se perdería en una nube cuajada, y donde  “técnicos” de distintas tendencias reconocen que la maquinita de hacer billetes, que pone a circular oleadas de dinero inorgánico, vive prendida y en producción ilimitada, porque mantiene niveles de inflación casi imperceptibles?

           Espero que alguien me responda y ruego a otros que se ahorren, por usar ese ejemplo, o hacer esa pregunta, el simplismo de pensar que me pasé para el bando de los gringos.

           Así como los “técnicos” discrepan sobre aquel como complicado asunto, que pareciera para los legos como para uno el dilema del huevo y la gallina, los chavistas, en la calle, según el rol que juguemos, tenemos una fuerte discrepancia sobre la masa monetaria que corre en la calle, el salario y la inflación.

            Mi amigo, lo llamo así para no hacer precisiones que pudieran generar de una simple discrepancia, por distinto rol en el aparato productivo, punto de vista, resquemores y hasta desavenencias injustificadas, es chavista y comerciante. Está consciente del alto nivel inflacionario y hasta del desmesurado ritmo del mismo, pero sonríe feliz, como chavista y comerciante. El vende cada día más; no sé si aumenta el nivel de las mercancías que expende; cierto es, está contento por la masa de dinero que entra en su caja.

            -“En este país” – dice a cada instante y ante cualquier comentario – “hay real por coñazos”. Y agrega, “la mercancía que aquí llega, aunque de día a día aumente de precios, la gente la compra sin chistar y saca sus enormes pacas de billetes”.

          Por eso, su doble condición, de chavista y comerciante, se reconcilian y le hacen estar contento. No hay pecado  ni nada de que arrepentirse.

          Algo de eso percibo cuando estoy en su negocio, donde acudo más por saludarle y estar un rato con él que por comprarle. Sé, por aquello que, como dice el viejo refrán venezolano, hay dos cosas difíciles de ocultar, la gripe y la bonanza económica.

             Ahora bien, debo dejar claro que mi amigo, de conformidad al derecho venezolano y hasta universal, las buenas costumbres, valores culturales, es una persona decente. Para empezar, es chavista de aquellos  que defienden “a capa y espada” la herencia y el discurso de Chávez; no especula, paga religiosamente sus impuestos, no bachaquea, sólo se limita a vender manteniendo el nivel de ganancia que demandan las leyes. Pero como sus ventas crecen desmesuradamente, tanto que suele quejarse de “tanto trabajar”, su acumulación cada día es mayor y por eso se enriquece aunque no lo diga; pero volvamos a lo de las cosas que no se pueden ocultar, gripe y bonanza económica.

            Por lo que le acontece a él, para felicidad suya, premio a su tanto trabajar y su cotidiana experiencia de ver llegar a su negocio gente a comprar sin importar los precios y con gruesas pacas de billetes, con el agregado que es chavista y partidario del gobierno, cree que en este país las cosas están bien y por eso repite y termina siempre sentenciando “aquí lo que hay es real por coñazo”.

            Uno que va al mercado, hace el mercado de su casa, no dejaré de repetirlo para aquellos que acostumbran a decir “esas son vainas que esos carajos se imaginan, nada saben porque están encerrados en un cuarto u oficina”, se asombra como llegan, donde nos hayamos revisando precios para cuadrar nuestras compras, parejas en motos, personas de aspecto muy humilde, y se llevan sin vacilar ni preguntar por precio, lo que les guste. Eso sí, pagan con débito o efectivo al brinco rabioso y uno, docente jubilado, se queda asombrado y hasta con sentimiento que todavía no puedo definir. Eso sí, como compungido. Espero hacerlo.

            Los trabajadores, activos o jubilados como uno, es un asunto elemental del sistema económico, no podemos auto elevarnos el ingreso al nivel del costo de la vida, eso que hace mi amigo comerciante con su margen de ganancia. De donde la inflación, sea por el bajo nivel de ofertas, poca producción, sin importar las razones, o por causa del desmedido aumento de la masa monetaria, circunstancias que también estimulan la especulación y ese particular picaresco-dantesco fenómeno que llaman bachaqueo, enriquece a muchos quienes tienen sus motivos para estar felices; pero a otros, quienes trabajamos a cambio de salario o ingreso fijo, los somete a toda clase de privaciones y hasta estados depresivos. ¡Qué raro no! ¡No importa si uno es chavista o de la MUD! 

           ¡Hay dos bandos clarísimos! Solo que estamos descuadrados.   



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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