Los bachaqueros desde la óptica del “ojo pelao”

¿Ha pensado usted amigo lo que podría suceder si los bachaqueros, no el individuo, solitario, que se mete unos pocos reales, sino en quienes la actividad controlan, porque de eso hay y hasta la manipulan, como grandes o medianos padrinos, se insertan o les insertan en un plan político diseñado desde fuera?

            En artículo publicado pocos días atrás, dije que el fenómeno del bachaqueo pudiera convertirse en un problema de gran envergadura, si es que ya no lo es. Digo esto último porque por los hechos, la actitud frente al problema, pareciera no mortificar hasta el momento que se generan disturbios. No se trata solamente que unos pocos bachaqueros menores contribuyen con uno mayor que acopia y este luego redistribuye en una cadena conformada por otros bachaqueros, lo que sería como la reproducción de la cadena, con lo que logran sustraer de la línea inicial de distribución grandes cantidades de productos que no llegan, por lo menos en los precios que el Estado asigna, a la mayoría aplastante de los consumidores; se trata que todos los bachaqueros, quienes realizan la actividad bajo dependencia o por su cuenta, “cuentapropismo”, como dicen los cubanos, han experimentado la experiencia de obtener, mediante desmedida especulación, un ingreso que no podrían ni siquiera soñar trabajando dentro del sistema formal, donde el inversionista explota al máximo y hasta el propio Estado, por distintas razones, se muestra poco generoso. Se dice que el ingreso de un bachaquero menor, de poca actividad, supera con creces al de un trabajador que percibe salario mínimo y bono de alimentación. Pero hay algo más, que pudiera parecer sutil al simple observador, que eso que hemos hablado forme una vasta organización en la cual quienes dirigen o controlan pudieran, por razones culturales y vivencias ancestrales, asignarle otros fines. Como contra el Estado quien es, quiéralo o no, el financiador de la actividad.

            Tampoco es pertinente ver el bachaqueo o “bachaquerismo”, vamos a usar ahora este término para establecer una diferencia, sólo desde la perspectiva de la actividad que se realiza y los daños que ocasionan a quienes trabajan o están ocupados y no pueden pasarse el día en una cola. Es necesario mirarla como un fenómeno que reúne gente en torno un propósito, unos intereses comunes y genera una solidaridad. Cual estado de cosas que hasta produce un liderazgo y ha demostrado una enorme capacidad de movilización y concentración.

            Hay quienes opinan, según mediciones, que el 70 ó 75 por ciento de quienes hacen colas en cuanto abasto llegan productos regulados o fuera de esaa condición, son bachaqueros; uno no sabe hasta dónde eso sea cierto, porque sólo tiene una percepción al “ojo por ciento”, pero que induce a pensar, en todo caso, si es bastante alta la cifra.

            De lo que se trata, al margen de la justeza o no de aquella cifra, es que hoy un buen número de ciudadanos, venezolanos y extranjeros, se desempeñan en una actividad especulativa muy lucrativa que se traduce en miseria, explotación y por lo menos serias dificultades para otro gran número del mismo universo. Pero lo más curioso, es que quienes están ocupados en el área formal, en la creativa, productiva y constructiva, resultan víctimas inocentes de aquella práctica que “humildes venezolanos”, como dijese alguien, sin que no deje de faltarle razón, realizan para subsistir, a cambio de un ingreso propio de toda actividad ilegal y delictiva. Porque adquirir un producto regulado, aunque sea haciendo cola, como también deben hacerla quienes no son bachaqueros, para revenderlo a precios escandalosos, no puede evaluarse como un proceder normal y aceptable.

            Pero es obvio, sin negar que haga falta una investigación que llegue al detalle, que empíricamente se puede inferir que el bachaqueo, en buena medida, no es una actividad azarosa ni individual. La práctica está creando vínculos estrechos entre los bachaqueros, que ya se identifican, actúan hasta organizadamente como las hormigas y, valiéndose de la novedosa tecnología tienen una extraordinaria capacidad de comunicación y movimiento. Pero hay algo más. Pareciera, no es cosa difícil de imaginar, hay demasiados hechos que lo hacen evidente, que el bachaqueo tiene un liderazgo y director orquestal. Uno observa en los centros donde se expenden productos de los regulados ciertos detalles que le llevan a la conclusión de la existencia de una organización hasta más eficiente que los partidos y creo que la subestimo. Sucede a veces que, los dueños de un abasto, eso lo he podido constatar, sólo saben que le llegará una mercancía, más no el día, menos la hora y al levantar la santamaría son los primeros sorprendidos de hallar una cola a la puerta del local y lo que más les sorprende es que, muchos de quienes la forman tienen información detallada acerca de la hora y qué llegará.

            Es decir, existe el bachaquero “cuentapropista”, que sin dejar de serlo, está dentro de una maraña informativa, unas relaciones personales que le vinculan a algo que está más allá de él mismo. Pero también opera una organización o red, por lo menos los indicios llevan a pensar en eso, que tiene una estructura menos débil o difusa que la primera.

           De lo que se trata en este caso es que creemos que el bachaqueo no puede verse de manera ligera, como algo folclórico que en cualquier momento se acaba, basta que se apliquen unas determinadas medidas cambiarias o a alguien, en verdad ya no sé a quién, se le ocurra la buena idea de aumentar la producción para que “las leyes del mercado disuelvan el fenómeno”, como argumentan sobre todo desde Fedecámaras, porque el gobierno pareciera, en la mayoría de las veces, por intermedio de sus representantes, asumir una actitud puramente contemplativa. Vemos al bachaqueo no sólo como una manifestación cultural, forma de distribuir las mercancías de consumo básico novedosa en Venezuela que está enseñando al venezolano una versión del capitalismo donde unos pobres pudieran pasar a acumular parasitariamente, en buena medida, en base a la explotación de quienes trabajan, producen y crean; pero también por la acumulación excesiva en favor de quienes manejan el tinglado del bachaqueo y de los mismos que siempre han explotado a los venezolanos sin producir nada.

            Cuando la llamada “fiebre del oro” en el Oeste norteamericano, gran parte de la población del Este, de la costa atlántica, en buen número trabajadores ocupados y quienes formaban el ejército de desocupados propios del capitalismo,  salieron en estampida hacía allá lejos, dos o tres husos horarios después, a la aventura por la riqueza fácil y azarosa.

           En la Venezuela de hoy, la misma que demanda la creación febril de industrias, la siembra generosa en nuestra tierra fértil, para romper el rentismo y las excesivas importaciones, la mano de obra ocupada y desocupada, pareciera sentirse atraída, como aquellos pioneros que iban en pos del oro, hacia el bachaqueo, al cual ven de la misma manera que aquellos, en el norte, vieron las minas de oro que aparecían en lo que alguna vez llamaron “el salvaje oeste”.

                        Hoy, en el banco, escuché a una señora, trabajadora del sector salud, decir que su sueldo miserable no le alcanzaba para comprar a los bachaqueros y tampoco tiene tiempo para hacer las consabidas colas. Razón por la cual estaba pensando renunciar a su trabajo para dedicarse al bachaqueo.

            ¿Pero cuál es el destino de una sociedad que no produce sino donde la gran mayoría opta por convertirse al parasitismo a costa de los pocos que si trabajan? ¿Qué vamos a vender al mercado interno, aparte de los productos importados pagados con la renta petrolera, si nadie quiere que lo exploten desmedidamente y optan por el bachaqueo? ¿Se beneficia el aparato productivo en general en este estado de cosas? ¿Acaso el parasitismo ancestral de buena medida de nuestra de nuestra clase dominante se combate volviéndonos todos parásitos?

            El bachaqueo es entonces rentable en demasía a quien lo practica y hasta tiene su gracia deportiva o sociable. Pero también, como ya dijimos está creando un peligroso estado de conciencia, expectativas y una organización que, por ahora, pudiera parecer invisible y pacífica, salvo los “peos” entre ellos por defender los puestos en las colas.

           No obstante, lo sucedido en San Félix y otras ciudades de Venezuela, esta tarde se hizo mención a unos hechos en la Guajira, pudieran como dijo el gobierno, no es pertinente dudarlo, haber sido creados por cierto sector que se mueve en la idea de desestabilizar a Venezuela. Pero lo esencial es admitir que hay un estado de cosas que favorece los planes de los enemigos del gobierno. Lo más grave, es que se ha dejado correr o se ha adoptado la pose del avestruz frente al problema esperando el momento oportuno, no sabemos cuál, para abordarlo. Mientras se está en ese estado de pasividad, observación y hasta como indiferencia, se propicia el clima para que el bachaqueo se masifique, se organice y estructure como una fuerza que pudiera ser manipulada con otras intenciones más allá de las que ahora han tenido.

            Curiosamente, en estos días, cuando desde el gobierno se ha estado hablando de planes opositores para desestabilizar y ocurren los hechos ya mencionados, la oposición está enredada en sus contradicciones y conflictos que alcanzaron tono mayor con el asunto relacionado con la Machado y su deseo de proponer quien le sustituya, mientras la MUD le niega esa posibilidad,  se propone como para salir del estancamiento justamente una marcha o protesta que han llamado “contra el hambre”. No es necesario decir por donde vienen los tiros; los hechos parecen anunciarlos estrepitosamente.

            El bachaqueo, la organización, identidad e intereses que sus practicantes ya tienen definidos y las colas que, en los mercales se han intensificado con la eliminación de la cédula como requisito para comprar, pudieran brindarle un excelente caldo de cultivo a quienes no tiene otra cosa que ofrecer que no sea la violencia y las salidas ilegales.

           Por último quiero enfatizar, aunque abunde quien piense sensatamente que falta no hace, que la práctica del bachaqueo y los beneficios que produce a quienes en ella participan, no genera otra conducta, mentalidad y disposición contraria a los intereses del capitalismo.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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