Actitudes ante la crisis

”Yo vivo del contrabando, llevo licores a Curazao, vía Coro-Punto Fijo”... ”Me voy en el bus de las guajiras que sale de la limpia a llevar lo que bachaqueo a Maicao, porque con ellas no tenemos problemas en las alcabalas”… “Verga, mirá… ya cambié los dólares, voy a tuniar el carro y lo otro, vos sabéis pa´que es…” Tales comentarios que aluden una misma práctica, en nuestros días los podemos escuchar en espacios públicos, sin ningún recato y mucho desparpajo.

¿Estas son actitudes para salir de la crisis, salvarse de ella, o por el contrario, configuran delitos en cualquier sociedad?
Definitivamente vivimos en una Nación extraordinaria. Donde lo ilícito adquiere una opacidad tal, que pareciera revertir cualquier tipo de norma social, bien sea moral o jurídica. Se delinque abiertamente como un medio para ganarse la vida, y aún peor, digno de ostentar.
Pero, “La situación está muy arrecha”, dicen. “Hay que buscar los cobritos”, Así se justifican. Dignas justificaciones para encabezar un decálogo que avale a los timadores, usureros matraqueros, usureros, en todos los ámbitos y en los distintos grupos sociales de la República.
Y siguiendo ese patrón de defensas, nadie se manifiesta responsable de lo que está pasando, todos son víctimas de la crisis. A lo mejor víctimas de un Estado que por proteger al débil social, ha otorgado beneficios para sacarlos a flote, pero no ha habido a la par un proceso formación sistemático y actitudes ejemplarizantes de funcionarios, para comprometer a los ciudadanos y ciudadanas a retribuir los beneficios recibidos.

Hay otro grupo de venezolanos y venezolanas, que aunque no ayudan a profundizar la crisis en términos de sus prácticas económicas, abonan poco o nada para ver mejor el horizonte y caminar armónicamente. Estos son los cacareadores pesimistas. Para ellos, nada sirve, nada funciona, todo es un caos. Actitud social consuetudinaria que de ser trasladada al plano personal y familiar, desdibuja el comportamiento fraternal deseable entre los suyos.

Pero asimismo, hay gente que sintiendo y padeciendo los mismos rigores de todos cuando deben abastecer sus despensas, discurren con los suyos para entender a profundidad la compleja situación que atravesamos, implicándose como parte del problema y de su solución, de modo armónico sin trastocar la paz que debe reinar en su entorno. Ese no se deja arropar por cacareos pesimistas incesantes.
Es así como podemos ver tres actitudes típicas del venezolano  de hoy: aprovechadora, pesimista y esperanzadora.

¿En cuál conviene ubicarnos?



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Aquileo De Jesus Narvaez


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