Maduro: te lo cuento

Hay cosas de cosas e insólitas hasta donde llega el antojo corrupto de
ponerse en unos reales a cómo sea con tal de tener más para gastar y
guardar y, por más que a esa gente que tanto le gusta meterse en esos
enredos en el cargo que ejercen que es tanto la desesperación que la
implicación no les importa y, los corruptos se la juegan sin correr
las tres bases de ese juego que se abre a la vista y gana adictos en
todo el país.

Y es que tienen una facilidad que si se detalla la forma como actúan
sin desespero ninguno, que lo que, provoca es reírse de la habilidad
que tienen esos sujetos de inflar a su juicio y manera con lo que le
quitan a otros que para ellos es un proceder que deja un favor por
delante que el otro al que martillan paga, con la única finalidad de
solventar una situación que él no ha creado sino que le han creado
cuando busca cobrar como en este caso un cheque, en un banco del
Estado con muchas sucursales en cada estado en que cada uno tiene un
gerente o una gerente que procede quizás como mejor le place.

Seguimos nadando hacia lo hondo con buena corriente sin soltar prenda
y, para ello nos estamos colocando el salvavidas, por si acaso una
marejada nos revuelca de alegría si es que algún día hay alguien que
se dedica a cazar corruptos sin recompensa ninguna, sino a modo de
inicio y de propia particularidad con la esperanza que haya alguien en
el alto gobierno qué por los menos averigüe después y, alguien con más
potestad que él lo premie por dignarse a desarrollar y llevar adelante
tan insigne compromiso y le calce en el pecho su presea y, cuando éste
la enseñe con satisfacción, dirá con orgullo: no he arado en el mar.

Este emprendedor que generalmente no gana una y, más son las veces que
sale renco por decir lo menos, se trasladó al estado Monagas a
desarrollar una función de un contratico de levantar un conjunto de
viviendas, ya que gracias, a la oportuna intervención de unos amigos
logró y, como tiene quien le facilite las cabillas y el cemento en el
momento indicado y cuenta además con todas las facilidades de pago, no
le pensó dos veces y se metió en la misión vivienda por la puerta
grande que después de varios cálculos matemáticos de suma y resta y de
pasa para allá y toma esto y agarra, aunque sea fallo, se le hacía
posible obtener algo de ganancia y más en estos meses que las hallacas
vienen en bandeja de plata con sazón ajena con poco picante, aunque
sigan envueltas en hojas de plátanos y, con los electrodomésticos de
su estética a la mano, solamente exclamó, caída y mesa limpia que,
Maturín queda ahí y para allá se fue y, pensando también que el terné
vendría después y, no de la vaca mariposa de Simón que sigue
creciendo.

Pero, no han de creer cuando les digo que mis amarguras crecieron a un
nivel que me desniveló por completo y, para no quedar ensartado y con
los obreros en huelga de brazos caídos en contra mía y de mi pequeña
empresa que ya está registrada a ver si Nicolás cumple con lo
ofrecido, pero como unas son de arenas y otras son de cal y, como
ingeniero sin título no quería ponerla, aunque ando en períodos de
aprendizaje que hagan de mis espuelas el padrote no gallinero que debo
ser, sino de constructor afanado con muchas casas de por medio sin
meter las que están en espera para el próximo año que no estaremos sin
techo que ofrecer y emparrandados en diciembre con buenas agallas
hacia enero con un nuevo año par, pero, parece ser que el que nace
barrigón no tiene perdón de dios y barriga grande ha de quedarse que
no lo soy en particular y, cuando voy al Banco de Venezuela a cobrar
mi primer cheque de sesenta mil bolívares con algunos céntimos que
están demás decir, el cajero, me atajó en el acto y me dijo, no pasa
–cómo que no pasa, si tiene fondos –le respondí- y él aquí no. Sucede
que acá pagamos cheques hasta veinte mil. ¿Entonces qué hago con los
obreros y demás cobradores? Hable con el gerente que él sabe como
solucionarle su problemas, yo no.

Si les dijo lo que me dijo el gerente después de plantearle mi
situación del cheque –ni se imaginan- porque como hombre dedicado a
buscar la manera precisa en favor del cliente es su sano y juicioso
deber y más como empleado del Estado. Pero no fue así y, la solución
que me dio se la acepté, vista en la necesidad de hacer efectivo el
papel bancario y muy orondo me pegó contra las cuerdas de su
complacencia: te lo pago si me pasas el diez por ciento. ¡Dale que son
tuyos, le dije!, y él cobra y pasa por aquí con los seis mil y tan
sinvergüenza soy que pasé en vez de irme a quejar con Juancito
Trucupey el incógnito. Ya que si llamo al teléfono de quejas y reclamo
y denuncias –sólo repica o, cuando no ocupado. Pero eso no es todo.
Días después conversando con varios amigos me enteré que todo el que
va a cobrar un cheque a ese banco que pasé de veinte mil tiene que
darle su gran propina a ese abusador-bandido y, posiblemente alguien
dirá, tú no dijiste donde quedaba el banco, ni diste el nombre del
empleado que actúa como gerente y, respondo: no hace falta, pues, el
que esté interesado en averiguar sólo tiene que buscar cheques pagados
por encima de lo indicado y que tenga la firma de ese señor y, lo
demás está a pata de bingo en Maturín. ¡Ay, Nicolás, Nicolás –decir de
Capriles! Sumen y verán como ese tipo se hace rico sin invertir ni
exponer capital alguno y el Banco de Venezuela se la puso cerquita. Y,
a lo mejor sale de allí para otro cargo mejor por exceso de trabajo y
desinteresada posición.



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Esteban Rojas


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