Somos o no somos capaces de asimilar la derrota interna

Coños y más coños se desplazan a gran velocidad por la autopista virtual de la intransigencia

¿Se ganó, se perdió? Y cuál es el motivo de tanta ira, después de las elecciones del 23 de noviembre del año que corre, ya casi llegando a su final. Entiendo que todo acto de participación pública donde esté en juego la libertad ciudadana para escoger el poder estadal y municipal, depende de tres resultados, como son: ganar, perder o empatar, pero, para lograr lo más deseado, salir airoso de la contienda, implica una buena dosis de racionamiento en el lapso previsto por la ley electoral para debatir y aflojar ideas que atrapen al mayor número de personas a la causa, en particular sobre este tipo de elecciones, digamos que secundarias, por haber sido desfiguradas de su origen legalista por la mala influencia de personeros mal formados moral e intelectualmente para tales designaciones por debilidades, imposiciones o componendas entre grupos afines que no persiguen el bienestar del pueblo, sino el suyo y de los más cercanos a su entorno, desconociendo generalmente las directrices y objetivos del partido al que deben su proyección primaria, llámese lealtad y, es así como vemos que actualmente en este país, los que dicen representarnos no hacen nada por aliviar las sensibles amarguras y debilidades de los más pobres y se dedican a gobernar con la mala planificación política de desviar la gran cantidad de recursos económicos que reciben de la renta interna y del Gobierno Central en obras de poco interés ni de beneficio social para la colectividad. Atrapan cual aves agoreras las incongruencias pasajeras que desvirtúan y dejan varadas las buenas intenciones, presentes y futuras que materialicen expectativas dentro del sueño normal de las mayorías y se rodean de lacayos y lamedores que estornudan apatías a las personas decentes y de buenos sentimientos. He ahí la descripción de una parte de nuestro drama político actual, que a la larga aflora en amargas decepciones que irrumpen en el desgaste político del líder y en la retirada de sus coaligados, dando pie al fanatismo a ultranza y a la larga a la atracción de conciencias que se ha puesto de moda en este tipo de mediciones electoreras mediante la compra de votos que se cotizó en diversas fluctuaciones, dejando al mejor postor la habilidad de proponer y aceptar el dividendo brindado para acatar el mediocre proceso de licitación que avale la sumisión del votante a determinado candidato y en esa deslealtad de compra-venta, transcurre la mayor impunidad que se le impone a la nación venezolana y a su gentilicio como ente “pensante” desorganizado.

Lo demás es pequeña historia de causas y efectos de cuyas consecuencias, el delincuente político pasa a gozar de las prebendas del poder y a dilapidar lo que le pertenece al pueblo, lo que debe administrar en dirección al componente social de su estado o municipio y meses después el que antes era un pata en el suelo, un común a todos, se agranda en diferencias secundarias y materiales, buen resguardo y demás comodidades, que le dan influencias casi reverenciales que lo suman al patrimonio de los corruptos, se hace turista y vacaciona con la familia en yates, se traslada de un estado a otro en vuelos de aeronaves privadas, celulares de diferentes modelos, levanta polvos de envidia al pasar en sus camionetas que no esconde y entre más grande más grande es su satisfacción de orgullo vivencial, se vuelve apostador de grandes sumas de dinero, en sí, vive patas para arriba del confort que le da el estatus y, si no tiene haciendas o hatos que le dan licencia de ganadero o a lo sumo el mando de patrón, por lo menos obtiene terrenos bien ubicados en la geografía regional. “He ahí el sueño de Bolívar” hecho realidad de prosperidad sin trabajar. Amén de los fraudes que vienen en rosario con su eslogan de tranquilidad y bienestar socio-económico. Y esa es su “democracia” o su “revolución”.

Ahora bien, con un pez espada así, qué se puede esperar, triquiñuelas y pérdida de seriedad en el desarrollo del proceso, ya que al pueblo lo marcaron para que cargara con su cruz acuesta, con la infame consigna de “sálvese quien pueda”, que siempre habrá un “bagre entre las guabinas” como en verdad lo hay, pero, el desorden es tal que generalmente morimos en la orilla llenos de frases rimbombantes, llenas de contenidos socialistas pero vacías de atracción fecunda para el proceso que se aspira poner en marcha y mantener a los cuatro vientos, por decir lo menos.

Si a todo lo acontecido, bueno o malo, no se hace un seguimiento responsablemente y una evaluación de lo sucedido dentro del espacio de tiempo transcurrido en ese lapso, antes y después de las elecciones, entonces, seguimos en lo mismo y, como consecuencia a las malas praxis políticas implementadas y realizadas por los oportunistas, será nuestra penitencia que a larga pagaremos por los errores cometidos por los que dicen ser nuestra gente que como “vulgares” representantes del socialismo que el presidente Chávez trata de arraigar en Venezuela, observamos que son muy pocos los que lo entienden y lo practican para sumar voluntades a la iniciativa, sino que lo desvirtúan, enredándolo casi todo, para que los opuestos lo ridiculicen en sus medios de comunicación, que para eso existen y cuentan con laboratorios psicopedagógico permanentes que se esmeran en exaltar los deslices que a diario se cometen en nuestras filas, pero más pueden las terquedades de los “sesudos” que la oportuna rectificación que debe hacerse. Creo firmemente que la teoría anda bastante alejada de la práctica socialista que debe ser constructiva, de cuadros en ambos foros en lo que concierne a nuestras ideas. En cada rincón del territorio patrio, hay que adaptarse a las circunstancias para ir moldeando con plastilina verbal, catapultada de ejemplos que actualicen y reorganicen lo que será en definitiva, el perfil deseado hacia la justicia social. Entiendo por vocería de corrillos que algo anda mal en nuestras filas en cuanto a actuación de ciertas “personalidades” que en vez de ayudar a sumar voluntades para nuestro lado, más bien, las alejan, por considerarlos enemigos del proceso por modus operandi, maltratando la ética socialista como macaureles solapadas. Siempre se ha dicho que “cuando el río suena es porque piedras trae”. Podemos darle a todo lo anterior descrito, rasgos generales, para ahora pasar a lo particular, como debe ser la prioridad.

Caso Nueva Esparta, rico en acontecimientos: buenos para desmenuzarlo con el bisturí de la paciencia como algo negativo para el proceso social que se pretende implantar en Venezuela, lo dejamos para más adelante, esperando que los vientos de la tormenta amainen para planear en las ondulantes olas del mar caribe que bañan a la Isla de esperanza, aun con sus mediocres dirigentes y gobernantes que se cuecen entre escuálidos afinando la angustia de los margariteños, desplazados del placer de aspirar a un mundo mejor en libertad, descontaminados de tantas sutilezas y baratijas.


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Esteban Rojas


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