Del Aquiles homérico a Simón Bolívar

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Aquiles, el héroe homérico, el de los pies ligeros, el personaje fundamental de la Ilíada , era invencible en los combates. Sólo los dioses pudieron derrotarlo. La Mitología ha inspirado a los hombres tanto como la Historia. En el arte de la guerra cada gran general ha querido imitar a Aquiles.

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Alejandro Magno (356 a de C-323 a de C) se creyó descendiente de Aquiles y hasta visitó su supuesta tumba en Troya. Alejandro Magno cargaba y leía un solo libro: La Ilíada, porque las hazañas bélicas de la obra homérica le infundían ánimo en sus campañas militares.

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Aníbal (247 a de C- 183 a de C) el general y estadista cartaginés que se enfrentó a Roma, considerado el padre de la estrategia, durante la Segunda Guerra Púnica (218 a de C) , uno de los capítulos de sus enfrentamiento con los romanos, sorprendió a sus adversarios al cruzar los Alpes, una de las grandes hazañas militares de todos los tiempos. Simón Bolívar quiso emularlo cuando atravesó los Andes (1819) para liberar a la Nueva Granda. Publio Cornelio Escipión, quien se enfrentaba a Aníbal, no esperaba que el cartaginés cruzara los Alpes, así como José María Barreiro (el jefe de los realista) tampoco esperaba que los patriotas se atrevieran a recorrer el peligroso páramo de Pisba. Aníbal y Publio Cornelio Escipión, una vez finalizada la guerra, conversaron y reconocieron que Alejandro Magno era el más grande militar de todos los tiempos. Los grandes comandantes llegaron a tratarse con mucho respeto: no eran enemigos, eran adversarios. Igual gesto harán Simón Bolívar y Pablo Morillo cuando se entrevistaron en Sana Ana en 1820.

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Julio César (100 a de C-44 a de C) se creía descendiente del héroe troyano Eneas. Visitó la tumba de Aquiles y lloró al pie del monumento de Alejandro Magno en Cádiz. Julio César recogió sus experiencias bélicas en gran parte del territorio que hoy conforma Europa con el nombre de "La guerra de las Galias". Las autoridades romanas le prohibieron a Julio César cruzar el río Rubicón (de las Galias hacia Roma) para evitar la guerra civil. Julio César desobedeció las órdenes y cruzó el Rubicón (49 a de C) pronunciando las famosas palabras "Alea jacta est" ( "La suerte está echada) . Su audacia le valió grandes victorias y la fama imperecedera. En sus campañas militares el libro preferido de Simón Bolívar era "La guerra de las Galias".

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Napoleón Bonaparte (1769-1821) era gran admirador de Alejandro Magno, y en su campaña en Egipto (1798) pasó una noche dentro de la Gran Pirámide (Keops) porque así lo había hecho también Alejandro Magno. Según dice Luis Perú Delacroix en Diario de Bucaramanga, Bolívar era admirador de Napoleón y leía Memorial de Santa Elena (Las Cases) donde se narran interesantes momentos sobre Bonaparte.

"EL 15 de mayo de 1796, el general Bonaparte hizo su entrada en Milán, al frente de ese joven ejército que acababa de pasar el puente de Lodi y de mostrar al mundo que, después de tantos siglos, César y Alejandro tenían un sucesor" (Stendhal, La cartuja de Parma, 1839).

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Alejandro Magno leía la Ilíada. Bolívar leía sobre las hazañas de Alejandro Magno, las historias de Grecia y Roma, La guerra de las Galias de Julio César, las memorias de Bonaparte, la Ilíada y la Odisea. Bolívar es la cúspide de los genios miliares, según la BBC de Londres: Cabalgó 123 mil km, recorrió 10 veces más que Aníbal, 3 veces más que Napoleón y el doble de Alejandro Magno.

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La gesta del Libertador se realizó con la espada, pero también con la pluma ,entre la prosa y la poesía; y su historia se inspiró en la mitología griega. Allí están la Carta de Jamaica (1815) y Mi delirio sobre el Chimborazo (1822). Aquiles fue el mito, Alejandro Magno fue la historia.



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Edgardo Malaspina

Médico. PhD en Medicina. Docente universitario y poeta.

 edgardomalaspina@gmail.com

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