Docencia Amena

La triste realidad de ciertas instituciones del Estado

No me siento con este tema a deshojar ninguna margarita, más bien hay que podar la dañina margarita que busca afear el jardín en el cual ciertamente mariposas, libélulas, abejas, avispones, entre otros bichos, voladores y rastreros deben convivir. Y eso se logra porque existe un equilibrio.

En vista que el flagelo de la corrupción se aplica con fórmula, estratagema, modus operandi bien sea a puerta cerrada o espacio abierto sin importar la hora, fecha en el calendario y con quien tenga a bien cobrarle en detrimento de una causa, entonces no queda otra apoyarse, primero en la CRBV y luego en los movimientos sociales. De allí depende la continuidad del proceso revolucionario-bolivariano-venezolano ante los abusos de quien obtente ciertas cuotas de poder.

Para quien ha estado inmerso en la avanzada revolucionaria desde aquel fatídico golpe de Estado contra la institucionalidad como fue lo experimentado en 2002 hacia la CRBV y su jefe de Estado, presidente de la República, comandante en jefe de las FAN (para aquel entonces) y líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez Frías, siempre defendiéndola en pro de su construcción y, no sólo eso, promocionando las políticas públicas tanto educativas, seguridad ciudadana como comunicacionales, se tenga que atravesar un pantano lleno de saurios y no ser tratado con las consideraciones ajustadas a derecho porque dentro del sistema judicial se prefiere resolver a la chita y para sí mismos liberando delincuentes una vez aflojen billetes.

Indudablemente en este particular hay que ser severo. Existe mucha injusticia en este país por distintas causas. El derecho a la alimentación, a la educación gratuita y de calidad, a la asistencia de salud pública, a la protección de tu vida, bienes y propiedades. Más aún a conocer un proceso investigativo en donde tus pertenencias o propiedades indique paradero o existencia, según sea el caso.

Estos días transcurridos nos han explicado cuantos delincuentes Cicipc y fiscales dejan ir. Ahora bien, llegado el fin de año, desde que denunciamos en octubre pasado un hurto descarado y admitido no tengamos continuidad en el proceso dentro de la Fiscalía 11, simplemente porque en la Brigada de Hurto delegación municipal Las Acacias, Valencia prefirieron transar con la dama y ama del trabajador-esclavo (todavía en el siglo XXI hay señoríos y esclavos) quien se valió de la confianza para hurtar continuamente y perjudicar vilmente a quien formuló la denuncia. Entre ellos está claramente apreciable la negociación porque en este caso la victima debía estar presente para el compromiso de reparar los daños causados y no fue así. De modo que hablar previamente con algunos, tachados de inescrupulosos, detectives e inspectores es prepararle el terreno a la hora de someter al o la delincuente y si viene apadrinado, ¡listo, el mandao está hecho!

También es importante señalar cómo la gente percibe cada vez más esta difícil realidad que no hace falta más ojos para ver lo que ocurre en las narices. Es una realidad terrible, temeraria y angustiante.

Fijémonos en otros espacios como es el caso de hospitales en las principales ciudades del país. ¿Acaso un portero tiene la culpa que en horas nocturnas tanto medicamentos como insumos agarren la puerta y desaparezcan? También debemos decir por este medio la cantidad de alimento que se pierde en nuestros campos o de la pesca de ríos porque no hay funcionarios públicos capaces de proporcionar vehículos para la distribución y así abastecer poblaciones que no cuentan con suficiente abastecimiento de comida. Hasta en esos planos tenemos que señalar la alta responsabilidad de ciertos funcionarios policiales que si le es más rentable quitar o robar a la gente honesta, trabajadora y patriota en vez de ayudar o facilitar medios para la alimentación, medicinas y otros beneficios prioritarios lleguen a miles de hogares de la geografía nacional. ¿Se sabe cuántos establecimientos de venta de alimentos están en manos de funcionarios prestos a la seguridad ciudadana? De esta manera no deshojamos una margarita maltrecha porque muchos sabemos esta tierra se merece el mejor jardín.



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Brígido Daniel Torrealba


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