(y si es con queso y jamón mejor)

El pan nuestro de cada día dánoslo hoy

Se celebró (como si celebrarse pudiera) el día del panadero; si el día del panadero existe y es el 20 de marzo de cada año, ese día los panaderos debería celebrarlo con ofertas y con alegría repartida en forma de bollos de harina de trigo horneada al alcance de todos. Pero este año el día concurrió entre panaderías "tomadas" y panaderías sin nada que tomar ni que ofrecer por insuficiencia de materia prima.

El pan nuestro de cada día es una obligación y un mandato de Dios, pero eso no significa que Dios le haya dado en comodato la alimentación básica a los franceses o portugueses que son los artistas del pan que se come en la Venezuela de hoy.

Venezuela es, desde los tiempos en que se andaba en guayucos un país de maíz, la llegada de los españoles trajo una nueva costumbre: el pan de trigo y como los españoles no llegaron a mezclarse mucho en un principio trajeron su arepa bajo el brazo (pan) por si aquí no había cadenas de comida conocida.

El pan, además se hizo popular por la facilidad de su elaboración a nivel industrial y conservación; recordemos que la elaboración de la arepa era un proceso muy rudimentario antes de la aparición de la harina de maíz precocida, que nos llegó cuando ya en las ciudades tenían más de cien años comiendo pan de trigo con más frecuencia que la arepa.

Fue en la segunda invasión europea a las tierras de Bolívar, Chávez y Zamora en los tiempos convulsos de la guerra civil española y la segunda guerra mundial, cuando la oleada de estos ciudadanos trajeron el resto de sus hábitos alimenticios que los colonizadores no tuvieron tiempo de traer; así nos acostumbramos al pan francés (de repente aquí hasta comemos mas pan francés que en Francia) a la pasta italiana, a la pizza, a los croissant, hamburguesas y la infinidad de productos elaborados con harina de trigo, cereal este que aquí no se siembra ni que la tierra empiece a girar al revés.

Como anécdota una vez le pregunté a una primo adolescente que vive por allá por un pueblito del estado Yaracuy, cuál era el plato típico de la zona, es decir (tuve que explicarle) que se come por allá y su respuesta fue: "las hamburguesas de la redoma del hospital, los perros de la plaza, la pizza de la avenida y el pollo asado de plaza sucre".

La cultura culinaria autóctona se cambió por las comodidades de la comida chatarra, la mayoría a base de trigo. Hicimos del trigo, un producto que obligatoriamente tenemos que importar, nuestro principal hábito alimenticio y ya no podemos vivir sin espaguetti ni pan.

En consecuencia tenemos una frágil industria, pues depende de la importación del trigo, que es vital para nuestra supervivencia armónica y eso trae como consecuencia que entre las limitaciones del estado para suplir a tiempo el producto (no me vengan a decir que eso no pasa y que el gobierno es eficiente cual relojero suizo en la importación de tan preciado rubro) y las manipulaciones de quienes lo reciben y muchas veces los desvían hacia mercados oscuros, que el pueblo quede atrapado en un callejón donde para llevar el pan a la mesa (sin jamón ni queso, pues ese es otro tema) tiene que soportar una cola inmensa mas el atropello que eso supone y de paso pagar el pan (dos canillas por lo menos) con más de lo que gana en un día.

Hay una guerra económica eso es cierto, pero no puede el gobierno culpar a todo lo que vivimos como parte del ataque económico dirigido por las mafias opositoras, conozco panaderos y no reciben harina en proporciones suficientes ni con la regularidad necesaria, además el pan no es solo harina, es azúcar, es manteca y díganme ¿Dónde se consiguen?.

Cada quien debe asumir su culpa y el estado que es el único administrador de las divisas no ha sido eficiente en lograr las importaciones necesarias, además de que el virus de la corrupción como que es parte cromosómica de quienes tocan los fondos para cualquier iniciativa que signifique dinero de por medio.

Por ahí me llegó una comunicación de un agremiado panadero muy serio quien lanza una idea que pondría en evidencia, según su apreciación, que los voceros del gobierno nos miente cuando acusan a los panaderos en general de todos los males que sufrimos por la escasez del pan.

1.- Que todos los panaderos utilicen su existencia en proporciones normales de funcionamiento como si no tuvieran que racionar, pues el trigo les va a llegar siempre a tiempo y con suficiencia; en concreto, si usted panadero tiene una venta normal (por efectos poblacionales) de 10 sacos diarios y le llegan solo 50 no le pare, gaste sus 10 sacos diarios (en la proporción establecida de 90% pan salado y el resto en los demás productos que elabora) y con eso no habrá colas en su establecimiento pues satisface a su clientela.

2.- Olvídese de mantener existencia de harina (que es lo que le garantiza estabilidad laboral para usted y sus empleados) no le vaya a llegar el propio Williams Contreras con el sundde y lo saque a empujones de su panadería y se la expropie.

3.- Cuando ponga el letrero NO HAY HARINA es porque de verdad no tiene con que preparar nada y solo le debería quedar en vitrina la pastelería o productos similares que aun no haya vendido

4.- mantenga las puertas abiertas de par en par, con vigilancia por supuesto anti malandros del hampa (recuerde que hay dos tipos de malandros) para que cuando le llegue la inspección del Sundee no le rompan candados ni puertas y puedan ver con tranquilidad que no hay significa NO HAY.

Según esta estrategia, de ser aplicada, usando la harina en esa proporción, la harina que hay en existencia en el país no aguantaría un mes si es que el gobierno de verdad la distribuyera con eficiencia.

Según esto la escases es definitivamente falta de insumos por deficiencia del gobierno en sus cadenas importación y distribución.

Yo por mi parte creo que no podemos seguir dependiendo de productos de importación obligatoria en momentos en que las divisas cuestan cada vez más en conseguirse (por el precio del petróleo)

El pueblo es sabio y paciente y poco a poco esta migrando a lo autóctono, somos de plátano, ocumo, yuca, papa y por sobre todas las cosas somos de maíz.

No hemos entendido, ni nosotros ni quienes tiene la batuta de dirigir los destinos de la patria hacia su propia independencia, que si no somos autónomos en nuestra alimentación no seremos libres jamás; en ese orden la educación es la herramienta principal del cambio de sociedad necesaria y vemos con horror que instituciones como el INCES, por ejemplo, da cursos de panadero a muchachos de barriadas populares para enseñarles un oficio que depende de una materia prima importada.

No tenemos planes educativos destinados a lograr la independencia alimentaria, todos queremos comer arepa pero nadie quiere sembrar maíz y en las zonas agrícolas los muchachos están estudiando diseño gráfico, contaduría, publicidad y una cantidad de ramas que les darán título de desempleado cuando se gradúen después de invertir tres o cuatro años de su tiempo y del tiempo del país más los recursos que eso significa.

Todos debemos ponernos el corazón en la mano y abrir los ojos a la realidad la culpa de las colas en las panaderías no puede ser toda de los panaderos.

Estamos obligados a arroparnos hasta donde la cobija nos alcance y eso pasa por comer lo que se produce en nuestras tierras y volver al cauce natural del que fuimos desviados.

El Pan nuestro de cada día es la arepa y no es verdad que tiene que ser de harina de maíz precocido pues el maíz sancochado y molido da la mejor masa que existe en el planeta y es más sana, de esta operación salen además unos atoles con los que nuestras sociedades pasadas alimentaron a más de un muchacho.

El pan nuestro de cada día (con queso y jamón) debería ser la arepa de maíz (con queso) y el pan de trigo debería ser un complemento y no el protagonista de nuestra mesa.



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Oscar Jiménez


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