Hacia un mundo mejor

El panorama mundial está lleno de desconciertos. En su afán por dominar al mundo a través de la tecnología, el hombre se ha convertido en su mayor depredador. Paradójicamente, ha sido el hombre, quien en su pretensión de avanzar hacia el progreso de la humanidad, acelera aún más la destrucción del ambiente, y amenaza la preservación de la misma especie humana. El desequilibrio ecológico es monumental, atroz, apocalíptico.

En un programa reciente, el expresidente de la República del Uruguay, “Pepe” Mujica, afirmó que lo primordial no es el mercado, sino la vida misma del ser humano, que está en peligro.

La verdad, ante tanto desarrollo científico, descubrimientos trascendentales, la desmedida explotación de los recursos, el consumismo desenfrenado, la pérdida de la biodiversidad, entre otros factores de importancia, el planeta se desmorona a pedazos, como un mosaico. Se ha establecido un sistema de vida que penetró en los intersticios de las nuevas generaciones, se reproduce la conducta de la supervivencia, la angustia de tener bienes materiales y alimentos.

El avance de la tecnología, viene facilitando las formas de producir. Ahora, en menos tiempo, se pueden obtener millones de vehículos, cantidades inimaginables de comida industrial, medicinas de laboratorio que se generan en serie para abastecer los expendios y centros de salud, en cualquier lugar de la tierra.

¿Pero qué pasa con la agricultura y las tierras fértiles en algunas naciones? ¿Por qué hay cada vez menos alimentos y más extracción de minerales y material para la obtención de energía?

Indiscutiblemente, todo responde al modelo económico imperante. Es el rostro más crudo de lo que se denomina globalización. El capital financiero, la reproducción de dinero con más dinero, los monopolios de la producción, van determinando los volúmenes y la calidad de alimentos a consumir en toda la humanidad, y hablo de la fase más desarrollada del sistema económico-social capitalista. Se destruye la vida humana blandiendo bombas y desatando guerras.

La lucha debe centrarse en construir un mundo mejor y para ello es necesario desarrollar un planteamiento político universal que equilibre la cultura mundial de la economía, centrando el dominio de la naturaleza para satisfacción alimentaria, sustituir el rentismo de extracción minero-energético, por el uso de otros tipos de energía. En fin, las acciones deben apuntar hacia la defensa y protección de la biodiversidad, y la diversidad cultural, de los espacios marinos y terrestres. También urge promover los cambios en las pautas de consumo de los recursos y aprender a respetar el equilibrio interno elemental de la vida con el medio ambiente. Rescato una frase de Friedrich Holderlin: “Hay que tener respeto por la naturaleza, esa es la clave de la supervivencia de la Humanidad. América Latina es todavía el reino de la naturaleza y es por eso una región de resistencia y de esperanza”.



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Orlando Balbás

Prof. en Ciencias Sociales. Magister en gerencia educativa. Jubilado del MPPE.

 orlandobalbas27@gmail.com      @orlandobalbas

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