El Titanic se hundió sin poder maniobrar. Bolívar arrancó triunfante en Pativilca

"¿Órdenes? ¿Órdenes? Enronquece el timonel, mientras aguas heladas escalan hasta las rodillas, su pecho, su coronilla."

Así poéticamente, Luis Brito García, casi termina su artículo titulado el "Titanic", del domingo en "Ultimas Noticias". Dije "casi", porque luego hace una corta y dramática referencia a la estancia de Bolívar para enero de 1824, cuando se halla enfermo y acosado por el enemigo, en Pativilca. Ambos textos aluden a lo mismo. Es excelente la referencia de Luis Brito a la angustia venezolana de hoy, quizás, creo no sé, sin herir susceptibilidades.

En aquel cuadro que nos pintó Luis Brito García, sólo dejó de dar algunas pinceladas al hablar del Titanic y al sólo mencionar el estado de angustia de Bolívar enfermo en Pativilca.

No sólo El Libertador está enfermo, sino el ejército que le acompaña en el mayor desorden, tanto que las deserciones son demasiado frecuentes. Pide ayuda a Santander en Colombia, quien no está en la mejor disposición de brindársele; pero aún así, en el mejor de los casos medita: ¿Qué hacer, en el caso que lleguen, con tropas desorganizadas, sin moral, disciplina? ¿Qué hacer con 7 mil hombres en aquel estado mientras el enemigo cuenta con 12 mil que de paso vienen con la moral de los vencedores?

Bolívar no obstante asumió el reto que significó lo nombrasen para enfrentar la crisis; el 7 de agosto de 1824, en Junín, derrota al ejército realista del Perú, el 5 de diciembre retoma El Callao, donde antes tropas suyas se habían pasado al enemigo y el 9 de diciembre, Antonio José de Sucre se llena de gloria en Ayacucho y se consolida la independencia de esa parte de América "antes española".

El Titanic, aquel barco o trasatlántico británico se hundió casi rápidamente. El 14 de abril, de improviso chocó contra un iceber que desprendió cuatro planchas bajo la línea de flotación. Para el día siguiente se había hundido. Quizás, el timonel pidió órdenes, pero el barco con aquella herida mortal producida inesperadamente no estaba apto para maniobrar, navegar hacia puerto cercano, no tuvo otra cosa que hacer el capitán sino lo que mandan los cánones, llamar a zafarrancho, tratar de salvar la tripulación, empezando por niños, ancianos y mujeres.

El barco, éste este en el cual navegamos viene escorado y desacelerando la marcha desde hace mucho tiempo. No fue un iceberg que se atravesó en el camino y de repente, tampoco de un tiempo para acá comenzó a sucumbir o mejor zozobrar y llenársele de agua las bodegas. Viene herido o averiado de lejos. Es bueno, sensato, abordar el asunto de esa manera para encontrar el por qué, y tomar las medidas adecuadas para "achicar el bote, galeote o trasatlántico", no importa el nombre.

¿Cuáles han sido los errores fundamentales? ¿Desde cuándo los venimos cometiendo? ¿Por qué un proyecto humanista, soberano, nacionalista, latinoamericanista, integracionista como el nuestro anda zozobrando en alta mar lejos de algún puerto seguro? ¿Por qué, como dijo Fidel Castro, al que muchos del gobierno siempre aluden y dan mucha autoridad a su criterio, si no somos millones de oligarcas, son bastantes, mucho más de lo debido, que lo adversan? ¿Ha habido fallas en el diseño, en el lenguaje, comunicación? ¿Es pertinente pensar que sólo es culpa de quienes se le oponen por intereses materiales?

Es pertinente responder estas preguntas sin sacar a la calle o del alma al cazador de brujas Si hubo errores desde el arranque, lo procedente, lo pertinente es accionar para enmendarlos, sin buscar culpables, por el sólo placer represivo. Porque eso es obligación de todos; si así lo asumimos la unidad estará con nosotros.

¿Por qué, a esta altura, hacemos un diagnóstico que se ya estaba hecho y era la brújula para orientar la marcha, como pata justificarnos y seguir en el puente de mando, mientras sigue la angustia del timonel? ¿Cómo entender eso que debimos accionar para cambiar el modelo rentista sin responder por qué no lo hicimos? ¿Nos equivocamos? ¿Por qué? ¿Por qué cuesta tanto reconocerlo? ¿Qué pasó que no hicimos lo debido por romper con el rentismo, por la soberanía alimentaria, política y la sujeción al mercado externo que nos inunda de mercancías y nos dejó sin dólares?

¿Por qué no hicimos casos a quienes desde distintos ángulos, desde hace años, aun en vida de Chávez, nos venían advirtiendo de los crujidos del casco de la nave?

Este barco, si bien es cierto que, desde que se lanzó a la mar, ha venido siendo tiroteado porque quienes sabíamos de antemano que lo harían, por algo que los clásicos que muchos se ufanan de haber leído habían dicho y otros más nuevos repiten o recrean, ha sido víctima también de malas maniobras desde el puente de mando y rapacerías entre las bodegas, cubierta, comedores y hasta en los camarotes. En ellas han actuado oficiales, marinería y hasta tripulantes. Mientras eso sucedía, como sigue sucediendo, parte del alto mando, una muy buena parte por lo menos, pecó por omisión.

Hubo oficiales del alto mando, que bien pudieran ser culpables o corresponsables si se quiere, como Giordani, Navarro y Ana Luisa Osorio, por no dejar por fuera a la dama, que en alta mar y con bastante tiempo advirtieron de graves anomalías como la fuga de mercancías de las bodegas y divisas de las cajas fuertes. ¿Cuál fue la respuesta que recibieron por aquello? ¿El haber sido ellos corresponsables no justificó el tratamiento que se les dio y el manejo del asunto? Es evidente. Dijeron que el barco hacía aguas y se optó por botarlos del barco, echarlos por la borda y seguir navegando como si nada acontecía; ni siquiera la elemental maniobra de "achicar el agua" y lanzar al océano las ratas.

De modo que pese lo bello del trabajo poético de Luis Brito, la angustia del timonel que pide órdenes que no llegan no es de ahora. Es de lejos. Por eso se ven cosas como la relacionada con Luis Salas, puesto en un momento de angustia y apremio a comandar en un espacio vital en el puesto de mando, quien a los pocos días renuncia porque "es un espacio que requiere 24 horas y motivos personales me impiden dedicárselo – se supone que es el tiempo – de aquí en adelante". Según me he enterado por fuente muy oficialista, le nombraron Vicepresidente del área Económica, como ministro sin cartera, recursos de ninguna naturaleza, es decir sin poder ni capacidad de decidir ninguna cosa; para decirlo, ya que hablamos del Titanic, en lengua de la navegación, le pusieron como mascarón de proa, puro ornamento o decoración.

Ahora mismo ha salido en gaceta una resolución mediante la cual se le asigna al Ministerio de la Defensa labores, atribuciones de Pdvsa y el Ministerio de Petróleo, lo que pareciera sugerir que el barco marcha a la deriva o al garete, siquiera sin timonel despierto.

Además no podemos olvidar ofertas como revolcón, sacudón que nunca llegan o no se materializan. Como tampoco aquellas económicas y políticas que parecieran obvias pero, pese los reclamos que hacía el timonel: ¿Órdenes? ¿Órdenes? No se atienden.

Al Titanic de repente se le partió parte del casco bajo la línea de flotación, el puerto más cercano le quedaba muy lejos, sólo había que llamar a zafarrancho y al ¡sálvese quien pueda!

Bolívar en Pativilca tuvo el talento, la audacia, el don de mando, las ideas y la colaboración de grandes capitanes y timoneles como el futuro Mariscal, que actuaron y salvaron la patria.

¿Entonces? ¿Cuál es el rumbo? ¿Con quién vamos?



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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