La manipulación de la conciencia

Antes de la “Nacionalización” del petróleo en Venezuela; por allá por 1943, el entonces presidente Isaías Medina Angarita promulgó la primera “Ley de Hidrocarburos” con lo que empezaba a regularse la industria y que incluía un revolucionario artículo que imponía la fórmula 50-50 para la repartición de las ganancias entre el gobierno venezolano y las empresas extranjeras (norteamericanas). En 1944 el gobierno venezolano duplicó las concesiones y más empresas norteamericanas vinieron a explorar, explotar y llevarse más petróleo; las empresas extractoras de Petróleo se llevaban del país (según lo que ellos declaraban y que no había manera de certificar) un millón de barriles por día, para abastecer las barrigas de los buques aviones y demás vehículos que en cambote iban a “salvar a Europa y al mundo” en lo que se conoció como “Segunda Guerra Mundial”.

Terminado el despelote mundial, aquí comenzó otro; Isaías Medina Angarita es derrocado por Acción Democrática en 1945 y suplantado por Rómulo Betancourt en lo que los adecos llamaron “revolución de Octubre”; por sus orígenes comunistoides (Ojo no comunista que es una propuesta clara y objetiva) de Rómulo Betancourt seria emblemática la fecha y el himno del partido; para hacerse más parecidos a la revolución comunista rusa “Adelante a luchar milicianos a la voz de la revolución….” En esta epoca la demanda de petróleo no disminuyó pues más vehículos se ensamblaban en Norteamérica, lo que si disminuyó fue el precio, entre otras razón por la entrada pujante del petróleo del medio oriente el mercado. Luego de una sucesión de “elecciones” golpes y contragolpes llegamos al final de la década de los 50 donde la situación de los precios del petróleo era critica; al gobierno dictatorial de Marcos Pérez Jiménez le tocó gobernar con los precios de Petróleo por el suelo y sin embargo la mayoría de las obras estructurales representativas de la cuarta Republica fueron ejecutadas durante su mandato.

En septiembre de 1960 con el gobierno post dictadura e inicio de la larga noche del pacto de Punto fijo, bajo el gobierno de Rómulo Betancourt, quien ahora bajo el lema de disparen primero y averigüen después, seria bautizado como “el padre de la democracia”; reunidos los representantes de los países productores de Petróleo crearían la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP); Juan Pablo Pérez Alfonzo, Venezolano, Patriota fue uno de los más importantes héroes de la hazaña. La primera acción fue la de transformar el negocio petrolero de una acción privada a una acción pública, donde no se negociaría más con los dueños o representantes de las diferentes compañías petroleras sino con los gobiernos del país de destino del crudo; esta revolucionaria y asombrosa acción dejaría por fuera a las corporaciones (Shell, Texaco, Creole, BP y otras) y en su lugar el negocio se realizaría directamente con el Presidente de los Estados Unidos o Inglaterra según el caso. La segunda acción, no menos revolucionaria y no menos impactante fue la de fijar cuotas de producción entre ellos, con lo que lograrían estabilizar los precios.

En la década de 1970, los países productores de petróleo del Golfo Pérsico iniciaron negociaciones con las empresas petroleras en un intento por aumentar su participación de propiedad. En 1972 se obtiene rápidamente una participación del 25 por ciento, y menos de un año más tarde ya tenían el 60 por ciento de participación en la propiedad de las empresas.

En 1973, los Estados del Golfo Pérsico miembros de la OPEP decidieron aumentar sus precios un 70 por ciento y colocar un embargo sobre los países amigos de Israel (los Estados Unidos y Holanda). Este evento se conoce como la crisis del petróleo de 1973. Después de la culminación de los conflictos en el Medio Oriente, los países petroleros del Golfo Pérsico dejaron de exportar a los Estados Unidos por lo que los precios del petróleo aumentaron considerablemente, lo que hizo que Venezuela experimentara un aumento significativo en las utilidades de producción de petróleo.

Entre 1972 y 1974, los ingresos del gobierno venezolano se habían cuadruplicado, por lo que el final del periodo de Rafael Caldera fue de aparente tranquilidad económica y el recién electo nuevo presidente, Carlos Andrés Pérez prometió que Venezuela se iba a desarrollar significativamente en unos pocos años. Mediante la sustitución de importaciones, los subsidios y los aranceles proteccionistas, que planeaba usar los beneficios del petróleo para aumentar el empleo, combatir la pobreza, aumentar los ingresos y diversificar la economía. Sin embargo durante las décadas de los 60-70 los índices de pobreza en Venezuela fueron a niveles inhumanamente increíbles, los niveles de analfabetismo fueron de los más altos del mundo.

Después de la “Nacionalización” del petróleo por Carlos Andrés Pérez en 1976, Venezuela fue sumida en una ola de destrucción económica, política y moral que utilizó el derroche de cientos de miles de millones de dólares producto del boom de los precios del petróleo, más la deuda absurda paralela que el sector público y privado, adquirieron sin precaución y legalidad alguna.

Todo ese dinero fue a parar a manos de los grandes capitalistas nacionales, empresas extranjeras importadoras y de los venezolanos de clase media que fueron arrastrados por el consumismo, y que gastaron más de lo que tenían. Eran días de viajes chárter y regulares a Miami, Nueva York, etc. a comprar barato y revender caro en el país (según el lema del momento) a todas estas el FMI, BM, preparaban el zarpazo. Fue un plan a mediano plazo: endeudar al país, luego extraer el dinero propio y el prestado hacia los bancos de USA y otros paraísos fiscales. Mientras, la nación borracha de derroche no entendía, no comprendía la trampa que le montaron para arrebatarle todo, absolutamente todo.

Así llegó Luis Herrera Campins al poder, diciendo que encontraba un país hipotecado. Con el "búfalo" Leopoldo Díaz Bruzual, en el BCV, de tal forma, la cosa no se corrige, al contrario se acelera el despelote económico y el derroche. Continúa la debacle y la fuga de divisas se acentúa. Los amigos, familiares y políticos de los partidos gobernantes AD-COPEY se lanzan sobre el BCV a comprar dólares a 4:30; empresas como Procter and Gambler, Colgate Palmolive, General Motors, Ford; familias como los Cisneros, los Machado, los Wolmer, los Caldera, los Tinocos, Azpurua, Tamayo, Zinc, Capriles, Brillembourg, Rosen, entre otros se lanzan en jauría sobre las reservas nacionales.

Como es lógico deducir, venia un devaluación y fue notificada confidencialmente con anterioridad a las marabuntas capitalistas para que se abastecieran. De esa manera Venezuela fue saqueada por acción y gracias del régimen punto fijista y sus beneficiarios anti populares. Con la salida de Luis Herrera, llega Jaime Lusinchi, médico de profesión y alcohólico de naturaleza. Su primera frase al tomar posesión fue “aquí rasparon la olla y no dejaron nada”. Y la última al finalizar su mandato fue “Me engañaron los banqueros, ¿Que quieren que haga?, yo no soy economista, yo soy médico, si me engañaron no puedo hacer nada”. Durante el gobierno de Lusinchi continuó el endeudamiento. El FMI, BM, seguían dando préstamos y los “empresarios” continuaban trayendo mercancías fiadas.

La trampa ya se había cerrado. Ahora venía el zarpazo. Había que cobrar. Como la República no tenía fondos, tenía que asumir su deuda de alguna manera. Solo faltaba ver cómo hacer para que los capitalistas privados que se endeudaron pagaran también lo que debían. El gobierno norteamericano, los europeos, la reserva federal etc., presionaron para que el Estado asumiera la deuda privada y así redondear el negocio. Entonces el pueblo se vio súper empobrecido de un solo plumazo de Lusinchi. Por decreto los empresarios maulas cancelaron su deuda, no debían nada, ahora la deuda era de todos, que paguen los pendejos del pueblo, se leía entre las líneas del decreto.

Vinieron los magnates representantes de los clubes de acreedores organizados en Londres y Nueva York a cobrar: “¡señores páguennos”. Dijo Lusinchi: “¡es que no tengo plata!”. En medio de esa crisis aparece el salvador Carlos Andrés Pérez, quien gana las elecciones bajo la promesa de que Venezuela volvería al “Ta barato, dame dos” de su primer gobierno en los lejanos años 70; el pueblo cayo en la trampa desesperada, aunque tampoco había opciones. En 1988 el gocho toma posesión de un país con las arcar vacías. Luego de un apoteósico acto de coronación ante reyes, príncipes y presidentes de casi todo el planeta; terminados la rumba despertamos a la realidad.

Carlos Andrés acude al FMI y al Banco Mundial a pedir prestado, a lo que estos responden afirmativamente, bajo los siguientes términos: “danos PDVSA, CANTV, LA ELECTRICIDAD, LAS AGUAS, LAS EMPRESAS DE GUAYANA, SUBE LOS INTERESES BANCARIOS, DEVALÚA MAS LA MONEDA, LIBERA LOS PRECIOS DE LOS ALIMENTOS, LA GASOLINA, LOS BIENES Y SERVICIOS, PRIVATIZA LA EDUCACIÓN, LA SALUD, ENCARECE LAS VIVIENDAS Y LIBERA LOS ALQUILERES, DISMINUYE LOS SALARIOS, O REPRESALOS, IMPORTA LOS ALIMENTOS, ESTRANGULA LA AGRICULTURA NACIONAL.

Después de esa especie de venganza internacional capitalista contra el pueblo venezolano; al momento en que se aumentó el precio de la gasolina y esta medida arrastró consigo los precios del transporte y los alimentos, la gente salió de manera desesperada a cobrarse con todo lo que pudieran su desesperada situación. Con esto llegó la masacre en 1989, conocida como el caracazo; contra el pueblo que se rebeló, sacaron el ejército a la calle. Bajo la dirección de Ítalo Del Valle Alliegro, y por orden directa de CAP como presidente, otra vez, ordenaron matar y reprimir al pueblo. Fueron más de quince mil muertos.

En Febrero de 1992 llegada la rebelión militar del comandante Hugo Chávez, con su “Por ahora” renacería la chispa de la esperanza en los ojos y el corazón de un pueblo que hasta ese momento se sentía solo y desamparado; luego vendría otro intento en noviembre del mismo año, estas acciones hicieron que drenara un poco esa presión dentro del pueblo; la esperanza nos hacia sonreír entre las lágrimas.

Cabalgando sobre esa arrechera y sobre los intentos de golpe, Rafael Caldera, cual hábil político, se monta sobre esa ilusión para después defraudarla. En un proceso plagado de vicios Andrés Velázquez, quien a todas luces parecía ganador no logró capitalizar los votos y vendió las elecciones. Por cobardía y no reclamar, entregó por dinero las esperanzas de un pueblo.

Con la llegada de Caldera, nuevamente al poder, se termina de hundir la economia. La inflación galopó sobre el 150%, el desempleo se disparó, el pueblo hubo de recurrir a comer comida para perros, como ya se había hecho durante la década de los 70; los hospitales fueron abandonados, los salarios ya no alcanzaron para nada, la educación colapsó y hasta la historia y geografía de Venezuela fueron sacados del pensum de estudio, a los pobres, les fue negado hasta el derecho a asistir a una escuela primaria, secundaria. La universidad pública fue elitizada. Solo la burguesía podía ir a ellas.

La represión se acentuó, ser pobre era sinónimo de ser delincuente. Los barrios de las ciudades eran invadidos por los cuerpos represivos policiales, quienes entraban disparando y arrestando a todo el que se encontrara. No había ningún derecho respetado. Simultáneamente la televisión y la prensa atosigaban con ofertas engañosas y propagandas de consumismo, ya los barrios y caseríos de los pobres eran invadidos por el narco tráfico. Era común ver a montones de jóvenes en las esquinas sin ocupación sin derechos a estudiar ni trabajar. Así se preparó el caldo de cultivo para destruir la nacionalidad y el potencial rebelde del pueblo.

Hasta que por fin en 1998, se hicieron unas elecciones, que pese a estar amañadas, no pudieron contener el clamor popular por un nuevo orden social de la mano del comandante Hugo Chávez. lo que sigue, es un pueblo empoderándose poco a poco de su destino, pese a la resistencia de los capitalistas y de los centros de poder mundial, de la gran prensa, de la corrupción que se metió en los tuétanos de la sociedad, sobre todo del sector público y las cúpulas empresariales.

Lo que ha seguido es un batallar de la verdad del proceso con sus defectos y virtudes contra una masa de mentirosos asesinos, farsantes, politiqueros, viciosos tarifados, comprados con monedas inorgánicas, obedeciendo instrucciones de genocidas que controlan el poder en USA, ISRAEL y EUROPA, hambrientos del petróleo y de las riquezas naturales de Venezuela.

Hasta concluir con los hechos terroristas del asesino Capriles y la complicidad de una derecha denominada MUD. Que por instrucciones de EE.UU. Desconocen la voluntad popular en las elecciones del 14 de abril del año 2013, y que en consecuencia ha costado la vida de decenas de venezolanos e incontables pérdidas económicas en daños a la propiedad pública y privada.

No podemos volver al pasado; no podemos permitir que retornen al poder quienes nos pusieron a comer perrarina y hoy prefieren utilizar el maíz para elaborar este producto en vez de harina para las arepas.

La marabunta que desfalcó las arcas públicas, que utilizó el analfabetismo como política de Estado para mantener a la población subyugada; no puede Volver; con el comandante Chávez, llegó el imperio de las luces y estas no se van a apagar; la larga noche puntofijista no puede volver y no volverá.

oscarajimenezr@gmail.com


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Oscar Jimenez


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