Las historias de Guillermo Morón i cómo se siguen desmoronando por fanatismo político

“Después de los embustes, el mayor

 vicio de una obra histórica, es estar

 llena de minuciosidades”

 Platón

“Hacer historia conlleva, a nuestro juicio,

no sólo el enriquecimiento del espíritu,

la capacidad selectiva y el sentido crítico,

todo ello fundamental,  sino lo que es más

importante: la conciencia histórica”

  Angelina Lemmo

 

 Como los artículos de opinión, no son textos, ni ensayos, ni nada más profundo que, mera doxa i comentario de vivencias que pudieran ser orientadoras, no puedo dejar de exponer experiencias propias i las circunstancias o hecho que motivan a escribirlas. Conocí a Guillermo Morón hace ya bastantes años i en una relación de amistad que ni siquiera tocara el tema político i su posición dentro de la corriente para mí no compartida, del desarrollismo. Además de conocerlo por prensa, revistas, etc., en su condición de historiador i haber publicado en la década del 70, su obra cumbre o máxima de HISTORIA DE VENEZUELA, en cinco gruesos tomos que tan pronto pude la adquirí, i años después me regalaron otra algo más de lujo, cuando vine a Caracas creo que en Asamblea de la Federación Médica Venezolana, le conocí personalmente i por medio de un adeco que como en Maracaibo trataban de conquistarme para la mafia del partido blanco (blanco de ideas i negro en lo electoral i politiquero), me llevó a visitarlo i conocí su amplia i larguísima biblioteca, de estantes abiertos la mayoría, i con hamacas de lona en número de dos o tres, i hablamos de todo, menos de su historia. Sin embargo, hubo mejores encuentros en Maracaibo, en la casa o mejor, apartamento de un gran médico falconiano llamado José Rafael Fortique, un legado de Falcón como lo fue también Pedro Iturbe. Fortique, brillante cirujano, escritor e historiador, tenía una de las mejores bibliotecas de Maracaibo (que debe existir en manos de su hijo) fue un amigo excepcional, casi hermanados por la cultura histórica en medicina, por la música como admirador de Pedro Vargas o de Mario Suarez o el Quinto Criollo, más la música clásica; por la poesía de Omar Keyyan en el Ruibayat haciendo honores a las copas de vino, i hasta en salidas nocturnas a ciertos cabarets de la ciudad, hasta amanecer desayunando en la Pizzería Napolitana. En su casa, hermosos cuadros de pintura, comprados en sus viajes frecuentes a Europa i, especialmente una alta i bella biblioteca de madera i vidrios, con una impresionante colección de Biblias antiguas que creo no debe poseer ni la iglesia, por lo menos la marabina. Así, nuestra amistad era fecunda en cultura i en interesantes conversaciones filosóficas e históricas. Pues bien, creo que en tres o cuatro ocasiones, José Rafael me invitó a su apartamento para un excelente desayuno en compañía de su también viejo amigo, Guillermo Morón. Atendidos cortésmente por su señora, era un desayuno que se me antojaba como los desayunos filosóficos de Inmanuel Kant con sus amigos de Koenisberg. Terminado el desayuno pasábamos a la biblioteca que, fuera de lo magnífica que era o es en Medicina, tenía mucha historia, filosofía, arte, i otros tópicos interesantes. En una ocasión, Morón, con un libro grande i pesado en sus manos le decía: ¡José Rafael, cómo lograste esta joya! Se refería a una biblia en español antiguo que él (Morón) había buscado en muchas ocasiones al ir a España i no la había conseguido. La iglesia la consideró falsa o pagana i la ordenó quemar, de manera que sólo pocos ejemplares se salvaron. Fortique le dio una explicación i seguimos comentando el caso. Por cierto que, otra de las cosas valiosa que José Rafael sacó, fue una gran lámina de daguerrotipo, hecha en Londres, creo que en 1827 i se enviaron varias a Venezuela, pero esta tenía la particularidad de que fuera de lo impreso, en una esquina, estaba borrosa, mas se captaba bien, la firma del Libertador. Se dice que Bolívar autografió varias; sin embargo Guillermo Morón, pareció no darle mucha importancia i no sé si desde aquellos tiempos, él como Manuel Caballero, no valoraban debidamente al Libertador, o creían como otros que, algunos hacemos un culto del héroe. Empero, en tiempos de la Asamblea Nacional Constituyente, en actividades que hicimos con la Academia de la Historia, me vi con Morón en ocasiones i en una de ellas conversamos sobre las biografías más importantes o mejores, i coincidió conmigo en señalar las de Indalecio Liévano Aguirre i Augusto Mijares como las mejores, i entre los autores extranjeros, la de Gerard Masur, aunque mostrando poco interés o simpatía por ellas. Ahora me asombra lo que ha dicho respecto a la exhumación de los restos del Libertador i que hable de profanación, así como la pésima i anti histórica postura, frente a la figura de Manuela Sáenz, calificándola con absoluto desprecio como una barragana, cuyas únicas batallas fueron en la cama. Realmente una metida de pata o una vulgaridad tal que no tiene cabida en la historia ni en la dignidad i conciencia de un intelectual. Las mismas obscenidades, mentiras i disparates de Denzil Romero, cuando escribió aquel miserable librito de La esposa del Dr. Thorne, que creo así se titulaba el adefesio.

 Sin embargo, lo más interesante es en referencia a su carácter de historiador (en gran parte tarea recopiladora de multitud de datos, para lo cual se emplea a mucha gente de ayudantes, especialmente cuando hai recursos económicos) que falla en dos cosas; desde Buffon se dice que el estilo es el hombre i lo que menos tienen esos cinco grandes tomos, es un estilo que pinte realmente al hombre que la escribe. Por otra parte, debo confesar que nunca he podido leer completo ni un solo tomo, porque cuesta adentrarse en maraña de menudencias, fechas, anotaciones fuera de lugar o de tiempo, de modo que haciendo un gran esfuerzo, sobrevolé en aquellas páginas, señalé cosas con mi nomenclatura particular i otras veces fue simplemente texto de consultas de determinados tópicos a precisar, como fechas de fundaciones o de algún hecho histórico resaltante en otras historias más organizadas o amenas. En esto recuerdo el chiste que hacía mi Decano en Medicina, el ilustrado José Ordóñez Marín, en referencia a un Papa que escribió sobre la vida de un Beato, trece tomos. Esos libros, decía, solamente los leyó-escribiendo, ese Papa (no recuerdo cuál) i luego los pobres i asalariados tipógrafos, de partes reducidas cada uno. Más nadie, se debió ni acercar a tal monumento a la estulticia.

 Morón, si tuviese estilo, pasta de investigador i afán de hacer realmente historia, hubiese tenido lo que muchos aplican a sus narraciones, descripciones i organizaciones de una biografía del mundo: ir construyendo teoría e interpretación histórica, como enseña la Filosofía de la Historia. Por eso, en aquellos tiempos, cuando todavía no tenía los conocimientos i la experiencia de una de mis cátedras en filosofía, no me atreví a declarar la tarea o misión imposible que era leer o estudiar de verdad LA HISTORIA DE VENEZUELA DE Guillermo Morón, hasta que tuve la suerte en la década siguiente, de conseguirme con una obra estupenda de la profesora Angélica Lemmo, titulada CÓMO SE DESMORONA LA HISTORIA. Ese libro, me aclaró los motivos de mis temores frente a una obra elogiada por muchos, sin leerla, i sobre todo inducidos por el prestigio creado alrededor del autor. La nota que he puesto como epígrafe al comienzo, de la Lic. en Historia de la UCV, con un amplio currículo en la disciplina i en la docencia i dirección de materias afines, me quitaron el peso de encima, de no haber podido escalar la rocosa montaña de la Historia escrita por Morón. Sería mui extenso seguir aquí señalando las observaciones que hace esta distinguida conocedora de la historia de Venezuela, lo que sería motivo hasta de un extensísimo trabajo o ensayo, quedándome solamente la oportunidad de recomendar la lectura de Cómo se desmorona la historia, de la profesora Lemmo.

 Entonces, como Guillermo Morón, sin ser un oligarca, pero si un burgués de clase media alta que sueñan con la fama i la riqueza, así sea desechando valores, es de la oposición que no se conforma con votar en contra, consciente de vivir en una democracia, sino que pretende ser conspirador de salón, criticando sin razón todo lo que sea obra del gobierno nacional, así tenga que maltratar a los héroes de la independencia que son patrimonio de todos. He querido, pues, con esta algo extensa presentación de mi amistad o mejor, relación de conocimiento de un hombre de cultura histórica o de escritor que, no tengo intención alguna de descalificación como hago con otros figurones de la vida pública, bien sea Teochoro Petkoff entre laicos o un Urosa Sabino entre la cúpula religiosa, ambos sin llegar a la categoría de intelectuales, sino de farsantes. No deseo irrespetar a Guillermo Morón –recordando a un brillante amigo común como José Rafael Fortique− pero quien por tener ya achaques cerebrales por la edad, se ha irrespetado a sí mismo, cuando ha tratado con figuras históricas relevantes, como Simón Bolívar, a la Libertadora del Libertador Manuelita Sanz.

 Debo sí aclarar que, en los programas de otras televisoras, en especial Globovisión, donde los detractores a priori del proceso revolucionario i de la gestión del presidente declaran, por ejemplo ante tres gaznápiros presididos por Carla Angola, o dos o tres periodistas femeninas que exhiben sus deficiencias culturales a cada instante, donde parcialmente escuché las tristes declaraciones de Guillermo Morón,  pero a través del programa LA HOJILLA, donde se defiende con todo el vigor de la verdad, la ofensas al pueblo i su revolución. Con su rostro recordando a un animador de TV de quien decían se les estaban arrugando las arrugas i los pequeños espacios libres, acartonados, Morón considera que el proceso de exhumación de los restos del Libertador, planificado, ejecutado i vigilado científica i humanísticamente, fue una profanación.  No voi a referirme a ello, pues lo hice en cinco (5) artículos publicados en Aporrea. Me refiero al concepto de profanación. I aunque este término, como es natural, no tiene mayor importancia para mentes lúcida que viven su época –estamos terminando la primera década del siglo XXI− por responder a un historiador que imagino marcha con su época, le diré que lo de profanación está ligado a esa noción ambigua o etérea que se llama lo sagrado i que es vigente, para lo que Pascual Jordan, un autor que leí hace tiempo sobre EL HOMBRE DE CIENCIA ANTE EL PROBLEMA RELIGIOSO, donde en un aparte del primer capítulo habla de la imagen medieval del mundo, en persona que todavía recurren a ideas o creencias superadas. I eso le ha sucedido al historiador Guillermo Morón, al no valorar una decisión i unos hechos con justificación científica e histórica, para decir que se ha profanado la tumba de Bolívar en el Panteón Nacional. Mas, esa exposición ante un auditorio femenino inculto o impreparado, las conmovió i las predispuso más contra el rrrégimen. Esto, más grave aún, cuando Morón no es de los cándidos que nos proclamamos bolivarianos a carta cabal. Posiblemente su “gran Caballero o héroe” con el Simón el sol de América, sino el Caballero Manuel. Hasta por eso su defensa de los restos de Bolívar o la acusación contra Chávez, es falsa i cobarde.

 En cuando a tratar a Manuela Sáez, ejemplo de heroínas de la Independencia, cuyas ideas de libertad están puestas de manifiesto antes de conocer a Bolívar; cuyas batallas también se dieron en los campos de Marte i no solamente en la cama como las dan todas la mujeres del mundo, i sus grados militares se los otorgó el Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre, i el cognomento de Libertadora del Libertador se lo dio su regio, grandioso i noble amante, pues realmente le salvó la vida a él i a la Patria, no merece que una de las personas que le hacía honores a célebres barraganas de la IV República, una de las cuales vistió uniforme de la Fuerzas Armadas de manera ilegal o delictual i hacía nombramientos militares a dedo o recibía bendiciones de los tarados de la iglesia o condecoraciones de las mediocridades de presidentes que tuvimos, como Carlos Andrés, Lusinchi i Caldera, para señalar solamente tres lacayos corruptos, ante el Imperio. Por eso, después de su Historia de Venezuela tan larga i pesada, es bueno que haya escogido el camino por el relato breve; siga escribiendo sus novelitas, pero aléjese de la política dogmática i de la historia que según Angelina, usted desmoronó.

robertojjm@hotmail.com


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Roberto Jiménez Maggiolo


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