El reconocimiento, la bella gratitud i el honor de la genuina zulianidad

“Esto brevis et placibus”
        Cita latina


“Queda decretado que,
a partir de este instante,
habrá girasoles en todas las ventanas,
que los girasoles tendrán derecho
a abrirse dentro de las sombras;
y que las ventanas deben permanecer
el día entero abiertas para el verde
donde crece la esperanza.
                              

                                           Pablo Neruda-Thiago de Mello

                              Cuando en mi vida profesional, en mi rebeldía de los años de juventud que siguen prolongándose, i metido en la filosofía casi al mismo tiempo que en la medicina, profesaba admiración por Nietzsche, Russel o pensadores de izquierda menos conocidos para muchos, como el antiguo  Roger Garaudy, signado por el reflexivo pensar de Carlos Marx, i su premio por la obra sobre La Libertad del Garaudy que luego dio el gran viraje del socialismo; entonces,  muchos no entendían mi amor por las artes, especialmente la pintura i la música, aunque mis pacientes barrigonas me dieron el dato de la tranquilidad de sus bebitos, todavía encerrados en el vientre materno, cuando escuchaban la música clásica que acompañaba mi labor de médico, sobre todo en el Seguro Social.


     Conocía del genial pensador alemán Friedrich Nietzsche, su pasión monstruosa por la música, cuando afirmaba como lo expresa  Rudinger Safranski, que sin música la vida sería un error, o que el verdadero mundo es la música, es lo monstruoso –en el sentido que desborda lo grandioso i apolíneo− porque cuando uno la escucha, sea clásica lo entiendo, o sea la popular i genuina de los pueblos, nos abrigamos en el Ser, tal como en las Danzas Húngaras i en la Música Llanera de la Patria o las canciones de Alí Primera. Por estas cosas, cuando me han dicho no mui claro o lo entendí defectuoso porque los años no pasan en vano, que tenía que decir un discurso o unas simples palabras a nombre de un grupo distinguido de artistas, pintores, músicos, poetas, cronistas, historiadores, escritores, en pocas palabras, hombres de pensamiento i de amor por el terruño o la patria grande; los que están llevando adelante la cultura de un pueblo, ya superado en el saber, a lo que fue durante los años de la IV República i más grave la pena de la ignorancia, desde el siglo XIX i más de la mitad del XX, me dije que no tendría mucho que decirles o enseñarles a aquellos, pero sí a los presentes, precisamente porque su juventud inteligente i creativa promovida por la revolución, es obvio que va más allá de lo que los viejos soñadores de juventud, venimos haciendo para /no confundirnos con las ruinas del tiempo/ en versos de Manuel Martínez Acuña,  un poeta amigo, i tal como nos lo ha enseñado ese soldado en la presidencia, que es en los jóvenes donde ha colocado la vanguardia de la revolución; i a los veteranos luchadores, en la retaguardia, recordándoles las sabias lecciones de la Historia (con mayúscula) i la tenacidad que los conserva co-liderando la Revolución Socialista Bolivariana. De este primer presidente de verdad en la era republicana, a quien me atreví a describirlo con palabras de Giorgio Vassari, artista  e historiador crítico del Renacimiento, cuando se refirió a Miguel Ángel Bounarrotti en su plenitud creadora, diciendo que fue un fenómeno telúrico, propio del planeta tierra i de la comarca que le vio nacer, casi con resplandores espaciales. Por eso, la frase latina que encabeza estas líneas, si breve, más agrada, o como decía mi maestro de latín i de griego en Filosofía, Agustín Millares Carlo, “sí breve, tanto mejor” o algo parecido, fue lo que en un principio pensé hacer en pocas líneas.
     Por eso, mis queridos, i admirados coterráneos, de la tierra de  Baralt, Udón, Yépez,  Árraga i Puchi (sin olvidar a los ya maduros del presente como Hesnor Rivera, Manuel Martínez Acuña o Balza Donatti, etc. porque los poetas, al decir de García Márquez, son la cumbre del intelecto humano) he querido sintetizar en meditadas palabras breves, venidas desde el reconocimiento, la gratitud i el honor, para valores humanos genuinos, en el saludo cordial que les presento. Musical como la vida, espiritual no de religión sino de amor, que es el sentimiento o el sendero que nos lleva a la Paz en la existencia, o la aventura de la existencia como dicen algunos.


    Sin embargo, luego me aclararon que se trataba de un discurso de orden, como se acostumbraba a decir, i que ya deberíamos buscar una mejor presentación o título, puesto que no totas la veces las palabras llaman al orden, −menos las literarias, porque siempre he pensado que un discurso no es una conferencia o una charla larga e improvisada, sino una pieza literaria de sublime contenido− i que debía tratar, como en el caso presente, respecto al mal i buen uso de eso derivado del gentilicio de los pueblos, i que en el caso de nuestra comarca –perdonen que me refiera así al Estado− necesita unas consideraciones más reales o genuinas. Cierto es que la zulianidad, en tiempos pasados cuando, recordando a Baralt respecto a la tierra que le vio nacer, dijera:
 
Campo alegre y ameno,
de mi primer amor fácil testigo,
cuando virgen, sereno
de traiciones ajenos,
era mi amor de la esperanza amigo
i grandes virtuosos de la palabra cincelada en piedras preciosas, como es la poesía, siguió cual rayo de luz, /rápido mensajeros de esos mundos/ multiplicándose cual girasoles en la tierra del sol amada, en los versos de grandes vates como José Ramón Yépez, Ildefonso Vázquez Jorge Schmidke, Elías Sánchez Rubio, Emiliano Hernández, Ismael Urdaneta, Rafael Yépez Trujillo, hasta llegar a Jesús Enrique Lossada, Manuel Noriega Trigo, Héctor Cuenca, María Calcaño, Hesnor Rivera, César David Rincón, Manuel Martínez Acuña,  Guillermo Ferrer, Miyó Vestrini, Alfredo Áñez Medina, Blas Perozo Naveda, Ilse Godoy, Cósimo Mandrillo, Ana Pirela, Alexis Fernández i otros, entre los cuales destaco a uno de de Anaco, Estado Anzoategui, zuliano por adopción, como lo es Camilo Balza Donatti, quien tiene inédito desde la IV República, un libro que recoge testimonios de más de 400 poetas del Zulia, Estos hombres, algunos de los más recientes ya desaparecidos como Hesnor Rivera i César David Rincón, tenían un concepto de la zulianidad, como lo profesó a distancia Rafael María Baralt o aquí Udón Pérez cuando le cantó a la Maracaibo como ¡Maracaibo mía!


     Para estos hombres, algunos cuidadores del idioma como Balza Santaella o Eddie González, el gentilicio de venezolanos, i el cognomento de zualianos o de zulianidad, estaba ligado no materialmente a suelo tostado del sol que la ha amado i la sigue amando, sino,  como dice Carlos Fisias en uno de sus libros sobre el amor, “Cuando se ama no se piensa ni se puede pensar, que ese sentimiento pueda terminar”, aunque sabemos que en los seres humanos puede concluir, aunque lo creíamos eterno, que no podía tener fin, pero lo tuvo, con lo cual, aquello realmente no era amor sino ilusión, pasión, deseo de lo que se quiere, pero no es amor auténtico o de verdad. En cambio el amor por el terruño, por el suelo patrio libertado por el genio que consideramos el primer ciudadano del mundo, nuestro Simón Bolívar, es un amor sublime, total, que no se pierde en ningún otro sitio del globo terráqueo. Por lo menos para quienes consideramos nuestra unión al suelo que nos vio nacer, un lazo eterno que, debemos, no solamente amar, sino cuidar i jamás humillarlo, mancharlo i ofenderlo, porque es allí donde crece la esperanza. Esa es la zulianidad de los que estamos aquí, entre quienes estamos distinguiendo con honor;  unos privilegiados, por su entrega total hasta que la misma tierra nos llame a descansar. Eso, amigos, no tiene nada de político, ni de intereses, ni de estrategias o locuras separatistas. Los que emigran a otras tierras a ofrendar su talento i su labor, fundamentalmente por el afán de lucro i de creerse superiores, que se olvidaron u olvidan de volver, son apátridas aunque no lo crean. Disolvieron el vínculo histórico, ecológico, cultural i social, con suma facilidad, aunque hai los que salieron a buscar nuevos horizontes i conocimientos, pero regresan sin dificultad como la abeja obrera al panal, para aportar a su tierra i a su pueblo lo adquirido.


     Los otros que especulan con el concepto i el término de zulianidad, bien los conocemos i no merecen ni que se analice o desentrañe su indiferencia a la patria. Nunca han sido girasoles de este suelo, nunca han atendido al llamado hermoso de la esperanza ¡Los que quieran patria, vengan conmigo! dice el presidente que se empeña en continuar lo que Bolívar dejó de hacer en América, la que queda del Rio Grande hacia abajo.


     En realidad, lo referente a la zulianidad es una designación equivalente al regionalismo, del cual nos han acusado siempre por su exageración i raigambre, al pueblo zuliano. No sé si es una especie de sustantivo abstracto o un adjetivo calificativo derivado del genetilicio, utilizado en los últimos tiempos por la oposición, que desde los tiempos de un Alcalde de Maracaibo, luego extravagante candidato presidencial en el 2006, consolidó su condición entonces de Gobernador, cargo al cual debía renunciar de acuerdo a la Constitución i no lo hizo, estableciendo en el Zulia una hegemonía de adecos de nuevo cuño, el rescoldo del “partido del pueblo” bajo la designación de Un Nuevo Tiempo (UNT), prolongado en el desempeño de su esposa como Alcaldesa i luego el corrupto gobierno inculto de Pablo Pérez. Respeto esta designación de zulianidad, aunque me parece inadecuada, porque esa oposición que ha prevalecido en el estado, hasta el triunfo esperado o anhelado del Comandante Francisco Arias Cárdenas, el mejor gobernador del Zulia tiempo atrás, nos ha puesto en la esperanza mencionada, de un sendero de girasoles i tiempos de justicia i amor por la tierra del sol amada. Sería mejor la creación de la Orden del Brillante, cognomento con el cual el Libertador distinguió al más fiel i constante general del ejército, quien le acompañó desde la Campaña Admirable i le sobrevivió, recuperó sus restos mortales i creó la Sociedad Bolivariana de Venezuela, o sea, el General Rafael Urdaneta, héroe máximo del Zulia, nunca epónimo, i uno de la Trilogía Máxima de libertadores: Bolívar, Sucre i Urdaneta, este último lamentablemente mui olvidado injustamente. Esos opositores, lacayos del imperio i sigüies de Rosales, son los que han hablado de zulianidad con intenciones separatistas, soñando con la República del Zulia, por insinuaciones u órdenes del Pentágono i las Trasnacionales, núcleo del Imperio que somete a sus criterios, hasta al presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Un nuevo utilitarismo trasnochado de la oposición, porque sus motivaciones no guardan relación ni con la venezolanidad, con las glorias i tormentos del terruño, sino con intereses económicos, capitalistas, entreguistas i por qué no concluirlo así: en traición a la patria.


    Por lo expuesto con la sinceridad libre de temores que siempre ha caracterizado mis ideas o escritos, espero que reciban esto como una digna distinción de parte del gobierno del Estado, pero que en un mañana acaso puedan tomar en cuenta estas reflexiones con carácter filosófico i político, filosófico –por mi grado universitario i entrega docente− i por mis estudios de Russel, Popper, Nietzsche, etc. i naturalmente porque, en la vida todos tenemos algo de platónicos o de aristotélicos, i el primero −Platón− ve el alma como un ser celestial aprisionado por un cuerpo, menos mal que mortal, i en este caso, como hombre que incursiona en los predios de la ciencia i de la historia de hoi; soi, en cambio, partidario del segundo –Aristóteles, junto a la idea de mi Dios aristotélico como entidad lejana i desconocida− que concibe el alma como un ente materia, que convierte la materia en seres vivientes, i Nietzsche, mui lejano en el tiempo, siente que nos informamos de Ser, con el monstruo apolíneo de la música, i desde la Grecia Clásica, el hombre pierde sus dioses i se va acogiendo a la Razón. Por eso, también quiero hacer saber que, ante hombres tan distinguidos en la capital i el país, invitados a este acto, me complace la presencia de todos i especialmente la de mi compañero Constituyente  el poeta oriental Gustavo Pereira (con quien competí en la redacción del preámbulo de la Constitución Bolivariana) i quien me obsequió unos versos de cómo las etnias indígenas llaman con nombres más bellos, las maravillas de la naturaleza, pero nosotros, los hombres civilizados los consideramos salvajes. Esta es una revolución bella en muchos sentidos: si sentimos la zulianidad como esperanza, no podemos asemejarla a los utilitaristas, i por eso el gobernados Arias Cárdenas nos ha comprometido, en sus palabras del viernes, con el rescate firme de las etnias que tiene nuestro Estado; que a los Cronistas Reunidos en el III Encuentro Regional, ha ofrecido apoyo para que recojan sus hermosas historias; es, también, una revolución bella, porque está plena de mujeres lindas, inteligentes i valientes, como si fueran descendientes de la Libertadora del Libertador, i finalmente porque cual maravilloso teatro con escenografía de azul de lago i azul de cielo, la barca de nuestro escudo, deja la ruta de olas i marullos, como una firma de espumas en el corazón del Zulia que es nuestro lago, clamando rescate i justicia., enriquecido por las cenizas mortales de nuestro Eduardo Ranh, que decido reposar por siempre en sus aguas. La zulianidad debemos, además, practicarla, aclarando de una vez por todas, que la fundación de Maracaibo, no fue en la fecha que le atribuye, 1529, ni la obra de casi un delincuente común de aquellos tiempos de conquista, del empleado bancario de los Welser, Ambrosio Alfinger, como lo afirma Rafael María Baralt, que no era banquero, ni Adelantado ni Micer; debemos desechar de una vez también que el nombre de Venezuela no viene del casi despectivo de Nueva Venecia, como un inteligente i notable arquitecto venezolano, ha repetido varias veces por televisión; nuestros nombre viene de un pueblo palafítico a la entrada del lago, que los indígenas llamaban Veneciuela. Venecia, la ciudad más oriental del occidente, i la más occidental del oriente, jamás fue palafítica; i por último que, siendo el Estado con mayor número de pueblos i etnias indígenas, ahora ciudadanos venezolanos por la Constitución Bolivariana del 99, debemos hacer de su cuido i progreso una tarea bella i digna, pero con respeto profundo de sus culturas hermosas. Esto debe ser el compromiso que ahora adquirimos. Todo producto de una Revolución Bolivariana i Socialista que se ha convertido en arcoíris de América Latina o del mundo. Estamos vislumbrando la Patria Grande que soñó Bolívar, i con versos de Camilo digo con voz de alma razonable:


“que soñar nuevamente lo soñado
es volver de la muerte y de la vida”
 

   Viva la vida buena, viva el amor, viva el sol de los girasoles i el sol de la patria amada. ¡Viva la Revolución de los pueblos anti imperialistas del mundo! Señores.



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Roberto Jiménez Maggiolo


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