Socialismo sin la clase obrera es un sin sentido

Sr. Presidente: sin Marx, Lenin y la clase obrera, no hay socialismo posible (parte II)

En el Aló Presidente al que estamos haciendo alusión, Chávez dejó al descubierto su verdadera posición ideológica y política frente a la revolución, el fulano “socialismo del siglo XXI” y al papel que la clase trabajadora debe jugar en el mismo. Por otra parte, de un plumazo decretó que el PSUV no será marxista-leninista –seguramente, para tranquilidad de la burguesía y el imperialismo-, mientras los aspirantes a militantes que honestamente creen en el partido del Presidente, discutían la ideología y el programa en las asambleas de batallones que ese mismo día se instalaban. Es decir, mientras las bases debatían sobre el carácter del partido, el jefe pasaba por encima de ellos, y decidía el perfil ideológico del PSUV. Algo no muy democrático, participativo, ni protagónico.

Pero más allá de estas cuestiones de método, muy importantes, por cierto, quisiéramos desglosar lo planteado por el presidente Chávez.

Ya en la primera parte de este artículo, analizábamos la necesidad de dotarse del marxismo y del leninismo como herramientas teóricas prácticas para la construcción de un verdadero partido revolucionario, que conduzca el proceso revolucionario hacia el socialismo. Para ello partíamos de reivindicar la experiencia histórica de los pueblos y la clase obrera mundial.

“El marxismo-leninismo es una tesis dogmática que ya pasó, y no está acorde con la realidad de hoy”

Marx y Engels no elaboraron una simple posición política para dar respuesta a un problema meramente coyuntural. Por el contrario, elaboraron la única explicación científica, hasta ahora conocida por la humanidad, de la naturaleza y dinámica del capitalismo. Un gigantesco edificio teórico, construido a partir de las tres vertientes fundamentales del conocimiento filosófico, político y económico de la etapa de mayor desarrollo y consolidación del capitalismo. La filosofía alemana, el socialismo y las elaboraciones políticas francesas y la economía inglesa, se constituyeron así, en las fuentes originales de lo que hoy se conoce como marxismo.

Ese conocimiento teórico y epistemológico, se complementa, y se ha enriquecido a lo largo de la historia de la lucha de clases, con la militancia política de Marx, Engels, y la actividad febril de los constructores de las internacionales obreras, los sindicatos y trade union, y los grandes partidos socialdemócratas. Es decir, que el “marxismo”, no es sólo una concepción teórica, y la más acabada metodología para explicar y comprender la dinámica del sistema capitalista, -reconocido esto en las principales universidades del propio mundo capitalista- es también, el resultado de su contrastación con la realidad.

El dogmatismo es la antítesis del carácter abierto y dialéctico del marxismo. Pero en descargo del Presidente, hay que reconocer que este sufrió un tremendo anquilosamiento debido a la desviación stalinista, que a lo largo de los últimos 70 años, le robó al marxismo toda su carga profundamente revolucionaria. Lo convirtió, o por lo menos eso intentó, en una especie de religión anquilosada, positivista, que justificara la dictadura de Stalin, y sus políticas contrarrevolucionarias y de colaboración de clases, aplicadas en todo el mundo por los partidos comunistas.

El presidente Chávez confunde esa versión estática del marxismo, barnizada por el dogmatismo stalinista, plasmada en los manuales de la academia de ciencias de la extinta Unión Soviética, con el verdadero marxismo de Marx, Engels, Rosa Luxemburgo, Lenin y Trotsky.

Los marxistas revolucionarios creemos en la vigencia del marxismo, que hoy, después de la revolución bolchevique, debe estar seguido por el guión del leninismo. El marxismo no es dogmático es profundamente dialéctico y vivo. Dogmática es la vulgar caricatura stalinista, que a generaciones de luchadores obreros y populares, la URSS y los partidos comunistas, les vendieron como marxismo. Es el stalinismo el que nunca estuvo acorde con la realidad. Y esto se probó en la derrota del pueblo y los trabajadores alemanes a manos del nazismo; en la derrota de la guerra civil española, cocinada en la retaguardia por el partido comunista español y el Kremlin; en la derrota de la insurrección griega después de la segunda guerra mundial; en Nicaragua con el papel nefasto de la dirección sandinista asesorada por Fidel, y en la “vía chilena al socialismo”.

“La clase obrera no es el motor del socialismo y la revolución… El trabajo hoy es otra cosa, es distinto, está la informática y la telemática

Nos preguntamos y le preguntamos al presidente Chávez: “Si la clase obrera no es el motor del socialismo y la revolución, entonces, ¿quién es?”.

Con la frase anterior, lamentablemente el presidente Chávez se hace eco de una “ideología” divulgada a través de los grandes medios de comunicación operados desde los centros de poder imperialista, para justificar la flexibilización y precarización laboral; la liquidación de los sindicatos, y la invisibilización de la clase trabajadora y de la lucha de clases, como requisitos fundamentales para la aplicación de las políticas neoliberales.

Sin embargo, todas las investigaciones recientes desmienten el mito del “adiós al trabajo”, de la llamada sociedad de la información.

En términos meramente cuantitativos es falso que se esté produciendo una reducción sustancial del trabajo industrial y manufacturero. Castells, por ejemplo, rechaza el supuesto de que las empresas manufactureras estén desapareciendo, y plantea que para los Estados Unidos “el 24% del PNB proviene del valor añadido por las firmas manufactureras y otro 25% de la contribución de los servicios directamente ligados con la fabricación”, y agrega que: “la economía postindustrial es un mito y que en realidad estamos en un tipo diferente de economía industrial”(1).

Por el contrario, se ha producido un aumento significativo del trabajado asalariado, simultáneamente con el aumento de la precarización y tercerización del trabajo, algo que se ve muy claro en Venezuela, particularmente en la administración pública, donde la figura del trabajador contratado se ha convertido en algo muy común, o en las Misiones, donde el trabajo precario, poco productivo, de bajos salarios, inexistentes beneficios socioeconómicos e inexistencia de sindicatos, es la norma.

Pero más allá de los datos estadísticos, y las transformaciones cuantitativas del trabajo, lo fundamental es el papel cualitativo que siguen jugando los trabajadores, en una sociedad que esencialmente sigue siendo productora de mercancías, como es la capitalista.

La cuestión es que los trabajadores por su ubicación específica en el sistema capitalista, continuarán siendo la clase llamada a dirigir, a encabezar y a llevar hasta las últimas consecuencias la transformación socialista, por supuesto, con el apoyo y acompañamiento de un número cada vez mayor de sectores sociales que el sistema capitalistas excluye y empuja necesariamente a luchar.

Mientras el capitalismo siga existiendo, mientras la ley del valor sea el eje de la producción, mientras vivamos en una sociedad donde la producción de mercancías sea su leiv motiv, mientras se mantenga la explotación del hombre por el hombre, el marxismo y la clase obrera, seguirán teniendo plena vigencia.



(1) La era de la información. Vol. 1, Siglo XXI editores, México, 2001, p. 233. *Militante del Partido Revolución y Socialismo miguelaha2003@yahoo.com


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Miguel Angel Hernández*

Profesor de Historia en la UCV y miembro del comité impulsor del Partido Revolución y Socialismo. Como marxista, Hernández aboga por el definitivo rompimiento con el capitalismo en Venezuela y por la construcción del socialismo.


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