Cartel de las tres letras

De manera sistemática, la estrategia del presidente colombiano, Álvaro Uribe, para camuflar su relación con el paramilitarismo y el narcotráfico ha sido a través de la agresión a sus vecinos, contra quienes arremete de manera irresponsable tratando de eludir su problemática interna.

Para comprender su conducta, es necesario recordar un pasaje de su vida, a título de referencia.

Fue director de Aeronáutica Civil de Colombia en 1981.

Durante su gris gestión, le otorgó licencia al narcotraficante colombiano Jaime Cardona para que operara la ruta aérea Medellín-Turbo y la autorización para la construcción de un aeropuerto en su hacienda El 90 en Caucasia. Emitió licencia a una flota de aviones, helicópteros y avionetas propiedad de Pablo Escobar Gaviria y Carlos Lehder con tres hangares en el aeropuerto de Medellín, desde donde transportaban la droga. Autorizó cinco aeronaves al narcotraficante Justo Pastor Rodríguez Gacha y tres a Alfonso Ramón Rodríguez Muñoz. Entre las 562 licencias otorgadas durante su gestión, fueron incautadas por tráfico de drogas 12 helicópteros, 26 avionetas y 4 aviones: Además, los organismos de inteligencia al revisar en sus archivos los antecedentes de los titulares, resultaron revocadas 341. Su jefe de planificación fue César Villegas, estrechamente vinculado con los Rodríguez Orijuela.

En el libro Mi vida en el mundo de los caballos (de Impresos Litográficos. Medellín 1988), escrito por el jefe del cartel Fabio Ochoa, llena de loas a su padre, Alberto Uribe Sierra, y al referirse a Álvaro lo califica como "un exponente de talla presidencial".

Fabio Ochoa fue propietario del famoso restaurante bogotano La Margarita del 8, y antes de que se conociera la identidad del propietario, en la pared del fondo posaba colgada una gigante fotografía donde aparecía Álvaro Uribe con su padre y hermanos.

Hace dos meses, Rafael García, ex jefe de informática del DAS, elaboró un documento testimonial que fue entregado a las autoridades de Estados Unidos, en el que narraba con lujo de detalles su paso por ese organismo de inteligencia y la relación de Uribe y altos funcionarios de su gobierno con el narcotráfico y el paramilitarismo. Revela que el DAS, con el consentimiento de Uribe, constituyó una red de narcotráfico y lavado de dólares apoyada por paramilitares del bloque norte y el frente contrainsurgente Wayúu, para envíos de cocaína a los Estados Unidos, otra ruta: Cartagena- Panamá- la Florida y con el grupo narcotraficante de Hernán Giraldo, la ruta Paraguachón-Punto Fijo, con destino final Centroamérica y el Caribe.

Esta organización fue consolidada en 2003 y bautizada con el nombre de "El cartel de las tres letras", en alusión a las siglas del DAS, en alianza con la organización narcotraficante mexicana de los hermanos Beltrán Leiva, quien recibía la droga y la trasladaba a la costa este de Estados Unidos.

Durante 2002 y 2003, se introdujeron en Colombia cerca de 100 millones de dólares provenientes del narcotráfico.

Manifiesta que asistió a una reunión con el jefe de Estado, quien le dio la orden de entregar información a las AUC. Admite la existencia de un plan orquestado por el alto Gobierno colombiano para conspirar contra Venezuela, ejecutado a través de la infiltración de paramilitares de los bloques Catatumbo y Vencedores de Arauca en el país, para usarlo como ruta del narcotráfico.

Pese la gravedad del informe, que desenmascara y deja en evidencia a ese gobierno narcoparamilitar, coincidencialmente continúa el silencio, tanto de la Casa de Nariño, como de la Casa Blanca.


pedrocarrenoe@gmail.com


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Pedro Carreño


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