Plan Uribe: El salto estratégico

I No hay que subestimar a Álvaro Uribe y a quienes están detrás de él. El uribismo, como expresión de una política no sólo para Colombia y la región andina sino para toda Latinoamérica, requiere de un análisis menos velado por el inmediatismo o movido por la emotividad. Por la urgencia de dar respuesta a determinados hechos. Si alguna política demuestra coherencia, soporte ideológico y capacidad para operar, es la que dirige el presidente colombiano. Que es un reaccionario compacto con clara noción del papel que cumple en esta parte del mundo. Alguien que sabe moverse con inteligencia y audacia; que carece de escrúpulos. Que sin que se le altere el rostro se declara cruzado en la lucha contra el narcotráfico y la violencia paramilitar cuando en los orígenes de su poder están esos dos factores perversos a los que les sacó partido. Él pertenece al tipo de aquellos que, para decirlo con la expresión empleada en un libro de la época por el enemigo de un destacado político e intelectual del país, "se comen un burro y eructan piña".

Lo que el uribismo viene haciendo -y ha logrado- en sentido contrario a lo que sucede en la mayoría de los países latinoamericanos, se asienta en una bien concebida estrategia que exige respuestas igualmente bien concebidas. De lo contrario alcanzará mayores logros.

Por razones de espacio no puedo ir muy atrás en el análisis del tema. Por eso lo hago a partir de hechos puntuales y de planteamientos emblemáticos.

Así, por ejemplo, tras el argumento de la "legítima defensa" del gobierno colombiano, reivindicado para justificar la incursión militar de marzo de 2008 a territorio ecuatoriano, se incrementan las denuncias sobre la presencia de dirigentes de las Farc y el ELN -y campamentos de la guerrilla- en suelo venezolano y ecuatoriano. El 21 de febrero de 2009 Uribe extremó la acusación sobre la permanencia de líderes guerrilleros en el exterior, lo que alentó una feroz ofensiva mediática en Colombia y en Venezuela y, por supuesto, en EEUU y Europa, contra los gobiernos venezolano y ecuatoriano.

En el desarrollo de esta concepción político-militar, el 31 de marzo de 2009, en la conferencia "Antiterrorismo Contemporáneo, la Experiencia Colombiana", el para entonces ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, anunció el Plan "Salto Estratégico" que fija como uno de sus objetivos la contención de la guerrilla en las fronteras, donde, según él, "ésta cuenta con capacidad militar creíble y donde traslada sus estructuras al ser atacada". El objetivo es claro: magnificar la llamada presencia guerrillera en las fronteras, sin presentar prueba alguna, y la multiplicación de las incursiones armados en la zona.


II
¿Cuál es la estrategia? Sintetizando:
Explotar la supuesta falta de colaboración de los países vecinos y descargar sobre ellos la responsabilidad del fracaso del Estado colombiano que, con sus propios recursos y el generoso apoyo de EEUU, no ha podido tener éxito en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo.


Reforzar la matriz de opinión de que Venezuela y Ecuador son utilizados como "escondrijos de terroristas" -palabras textuales de Uribe-, y con esa excusa repetir agresiones como la consumada contra Ecuador.


Realizar labores de inteligencia para ubicar líderes o campamentos guerrilleros en territorio venezolano a través de grupos paramilitares ya establecidos con el beneplácito de la oposición.


Reforzar los llamados "falsos positivos" -eufemismo usado por el uribismo para enmascarar diversos delitos: masacres, desapariciones forzadas- que aseguran que funcionarios del gobierno de Chávez y jefes militares venezolanos están vinculados al terrorismo (los lanzacohetes son parte de la campaña).


Vigencia de la "legítima defensa" o "persecución en caliente" por grupos irregulares instrumentados por organismos de la inteligencia colombiana en territorio venezolano. A esta estrategia corresponde la instalación de siete bases militares norteamericanas -y otras más en el futuro- en territorio colombiano.

Importa destacar que este cambio de enfoque, la extrapolación del conflicto interno colombiano y su proyección sobre los vecinos -y más adelante a toda la región-, constituye la etapa superior del Plan Colombia. Se inserta en la estrategia general de dominación del imperio a partir de enclaves como Israel y Colombia. Su origen hay que buscarlo en "La Estrategia de Fortalecimiento de la Democracia y el Desarrollo Social" (2007-2013), que maneja el Centro de Coordinación de Acción Integral (Ccai), órgano de la Presidencia de Colombia apoyado por la Embajada de EEUU y el Comando Sur. Objetivo: garantizar gobernabilidad y presencia del Estado colombiano en zonas estratégicas. El plan cuenta, además, con enlaces como la Usaid y la sucursal colombiana de la petrolera norteamericana Occidental, la "Oxy Colombia".

El llamado "salto estratégico" convierte la vecindad con Colombia en potencial escenario bélico. La concepción de seguridad nacional en la región andina se internacionaliza.

Traspasa las fronteras, y pasa a ser un aspecto clave de la seguridad del llamado mundo occidental liderizado por EEUU, apuntalado en satélites locales.

La instalación de las bases militares no es el episodio final de un proyecto hegemónico, sino un paso más en la ejecución de la nueva estrategia de dominación en la cual Colombia es utilizada, por ahora, contra Venezuela. También contra Ecuador. Pero con metas aún más ambiciosas en el futuro.

jvrangelv@yahoo.es


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José Vicente Rangel

Periodista, escritor, defensor de los derechos humanos

 jvrangelv@yahoo.es      @EspejoJVHOY

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