Montesquiú, siglo V a.C.

La ignorancia mueve a la solidaridad, no así la arrogancia, que irrita y, mejor, divierte como en la commedia dell’arte.

El caso de Manuel Rosales no inspira fraternidad sino indignación, no por la persona de Rosales, sino por quien le dio el garrote.

El Imperio considera que los venezolanos no nos merecemos nada mejor. Pero si igual tratan a los estadounidenses, a quienes propinaron ese personaje que tienen como Presidente… La cosa mueve a compasión porque no es él quien gobierna, evidentemente. Él es producto, como su padre, del complejo industrial militar estadounidense en su fase más agresiva.

Pero la arrogancia no inspira compasión, sino todo lo contrario y uno debe hacer el esfuerzo de no odiar, porque eso sería precisamente el mayor triunfo de esa gente.

Me causan compasión, sí, algunos que hacen esfuerzos lamentables de sutileza sin darse cuenta de que ahora la derecha no espera de ellos lo que rindieron cuando eran de izquierda, cuando hicieron lo único valioso de sus vidas. En la derecha no son ni la sombra de lo que alguna vez fueron, porque solo aprendieron a ser de izquierda. Pero a veces intentan esfuerzos intelectuales conmovedores.

No, ni Bush ni los que gobiernan a Bush, amigos intelectuales de derecha recién vestidos, agradecen más que lo que puede dar Paris Hilton, la heroína suprema de esa sociedad que ustedes quieren imponer, masacre mediante, solo porque no los llamaron a Miraflores como exigían porque se creían dueños de toda revolución. Cuánta incomodidad. Se les ve en el ensañamiento, el mismo del despecho amoroso. Los criminólogos saben que cuando se asesina a alguien de 34 puñaladas no es por un robo o por una riña, sino por un móvil pasional. Uno les ve el encono, cómo se les retuerce la cara, y sabe. Es triste y humillante exhibir esa o cualquier debilidad en público.

Pero lo más triste es usar su inteligencia, considerable en muchos casos, para rebasar a Bush, quien se les puede ofender por una frase aguda. No, amigos, tengan cuidado, miren lo que pasó al pillín de Fujimori, ahora repudiado, solo porque quiso tener su propio proyecto. No, el Imperio es devastador cuando pierde confianza en un sigüí. No sobrepasen a Bush, es un tipo peligroso.

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Roberto Hernández Montoya

Licenciado en Letras y presunto humorista. Actual presidente del CELARG y moderador del programa "Los Robertos" denominado "Comos Ustedes Pueden Ver" por sus moderadores, el cual se transmite por RNV y VTV.

 roberto.hernandez.montoya@gmail.com      @rhm1947

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