Helicoide: Del Símbolo de la Excepción al Espacio de lo Común

La historia de las naciones suele quedar petrificada en su arquitectura. En Venezuela, el Helicoide de la Roca Tarpeya ha sido, durante décadas, un significante en disputa: de joya del modernismo arquitectónico a epicentro de las tensiones más profundas del Estado de derecho. 

Hoy, el anuncio de su transformación en un espacio social, deportivo y cultural, enmarcado en una propuesta de Ley de Amnistía General, nos obliga a reflexionar desde la filosofía del derecho y la sociología jurídica sobre lo que significa, verdaderamente, "reparar las heridas".

Desde una perspectiva sociológico-jurídica, el Helicoide no es solo una estructura de concreto; ha sido un "lugar de memoria" (o de desmemoria). La propuesta de la Presidenta Encargada, Delcy Rodríguez, de convertir este recinto en un centro para la convivencia y el desarrollo socioeconómico de la familia policial y las comunidades adyacentes, plantea un desafío ontológico: ¿Puede un espacio de reclusión transmutar su esencia para convertirse en un espacio de paz?

La transición que se propone no es meramente estética. Para que el Helicoide deje de ser un símbolo de confrontación y se convierta en un bastión de convivencia, debe ir acompañado de lo que la doctrina denomina Justicia Restaurativa.

Bajo el prisma constitucional y humano, este proceso debe observar tres dimensiones críticas:

  1. La Amnistía como Reencuentro: Una Ley de Amnistía General no debe entenderse como un borrón y cuenta nueva superficial, sino como un mecanismo de reencauce institucional. La filosofía del derecho nos enseña que la ley debe ser el vehículo para la paz social, siempre que garantice la no repetición de los ciclos de violencia.

  2. La Dignificación del Funcionario: El relanzamiento de la misión Guardianes de la Patria y el enfoque socioeconómico para el cuerpo policial es un paso necesario. La seguridad ciudadana requiere funcionarios protegidos por el Estado para que, a su vez, puedan proteger los Derechos Humanos de la población.

  3. El Helicoide como un lugar público: Convertir rampas que alguna vez simbolizaron el encierro en corredores comerciales, deportivos y culturales es un acto de resocialización del espacio público. Es devolverle a la comunidad civil y policial un territorio que la polarización les había arrebatado.

"Que la ley sirva para reparar las heridas y reencauzar la convivencia". Esta premisa solo es posible si el derecho se desprende de su carácter punitivo y abraza su función pedagógica y sanadora.

El éxito de esta iniciativa dependerá de la profundidad con la que se ejecute la transformación. No basta con cambiar el uso de los espacios; es imperativo cambiar la cultura del enfrentamiento político. La transformación del Helicoide debe ser el reflejo de un país que decide, finalmente, agotar la vía del extremismo para transitar la senda de la legalidad compartida.

Si el Helicoide logra ser, efectivamente, un espacio donde la familia venezolana se encuentre (sin exclusiones), estaremos presenciando no solo una reforma urbana, sino el nacimiento de un nuevo contrato social basado en el reconocimiento del otro.



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Oscar Bravo

Un venezolano antiimperialista. Politólogo.

 bravisimo929@gmail.com      @bravisimo929

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