De Bolívar a Trumpoleon: Machado Regala su Nobel y Vende la Patria por un Favor!

María Corina Machado fue a la Casa Blanca a comerse unas caraoticas refritas y par de arepas con Trumpoleon, el motivo de la visita: regalarle al emperador del norte el Premio Nobel de la Paz que el comité noruego le regaló a ella.

Trump aseguró a la prensa, días antes, que ella lo había contactado porque se sentía muy avergonzada de que el comité Nobel se lo hubiera dado a ella y no a él que había terminado 8 guerras y, por supuesto, realmente era el merecedor.

La Machado tomó esa decisión en contra de lo que anunció el comité noruego sobre la imposibilidad de transferir el premio, es decir, le puede dar la medalla a Donald, pero para los efectos de los archivos Nobel, ella sigue siendo Premio Nobel de la Paz 2026 y no Trumpoleon

Muy mal asesorada la Machado, para justificar el acto, invocó un episodio histórico: "Hace 200 años, el general Lafayette le entregó a Simón Bolívar una medalla con el rostro de George Washington", presentándolo como un símbolo de hermandad entre los pueblos de Estados Unidos y Venezuela, y sugiriendo una "retribución" dos siglos después.

Sin embargo, esta referencia es de una imprecisión histórica terrible, si ella leyera un poco y tomara sus decisiones no hubiese hecho eso. Ese medallón —de oro macizo con retrato de Washington, no le fue entregado a Bolívar directamente por el marqués de Lafayette. En 1825, George Washington Parke Custis, hijo adoptivo del primer presidente estadounidense, lo envió como tributo a la gesta libertadora de Bolívar, junto a un mechón de cabello de su padre adoptivo, considerándolo "el Washington del Sur". Lafayette actuó sólo como intermediario: al llegar a Colombia en septiembre de ese año, Bolívar estaba en Perú, por lo que confió el obsequio al embajador José María Salazar, quien lo remitió por correo. Bolívar lo recibió ocho meses después, el 25 de mayo de 1826 en Arequipa, y lo conservó hasta su muerte como preciado símbolo de admiración republicana mutua entre pares independentistas.

Este gesto, del hijo adoptivo de Washington, aunque con tinte político para fortalecer alianzas en la era post independentista, emanaba de respeto genuino entre figuras que encarnaban la libertad americana (Washington y Bolívar). En contraste, el acto de Machado representa una aberración bochornosa: entregar un galardón internacional de paz —cuyo título, según el Comité Nobel, es intransferible — a Trumpoleon, figura controvertida por su ego desmedido y políticas divisivas, lo que es sin duda un intento rastrero de congraciarse con un poder externo para ganar influencia sobre el futuro de Venezuela en medio de su compleja transición tras el secuestro del presidente Maduro. En este caso el comité Noruego le dio el premio a quien pidió bombardeo para su país y la Machado se lo entregó a quien bombardeó.

La situación de Trumpoleon Malaspartes evoca al Rey Lear de Shakespeare: un monarca cegado por el amor propio que premia la adulación vacía de sus hijas Goneril y Regan, dividiendo su reino y precipitando la tragedia. Trumpoleon, con su culto al ego y demandas de lealtad absoluta, encarna ese rey cuya vanidad genera caos; Machado, al postrarse en halagos simbólicos, recuerda a las hijas interesadas que buscan favores a costa de dignidad y que terminaron como termina quien adula a los poderosos.

Trump, que es inteligente aunque gráficamente pareciera que no, es como un niño malcriado cuyo padre le dio todo lo que pidió a punta de rabietas y perdona todo menos la falta de adulación y a pesar de sus signos de psicópata está claro en su objetivo: el petróleo y los minerales venezolanos.

No nos extrañe que en el manejo que tiene sobre su aspiración al control político del país su siguiente jugada sea vender a la Machado, quien de manera obscena se ha jactado públicamente de haber pedido ese bombardeo que ha generado todo esto, lo cual está tipificado como "Traición a la patria" en Venezuela (y en cualquier parte del mundo.

Entregar a la Machado a la justicia venezolana sería un corolario impactante a favor del chavismo que sigue en el poder, ahora de la mano chantajista de Trumpoleon, lo que se traduciría en punto a favor del gobierno que mantiene la paz y recibirá la ovación y mayor posibilidad de negocio de manera "pacífica" para Trumpoleon.

Amanecerá y veremos, mientras tanto estamos claros en que el medallón de 1825 fue un gesto que intentó unir soberanías en condiciones de igualdad, el gesto de 2026 huele a dependencia y oportunismo. Venezuela merece emular la autonomía de Bolívar, no hipotecarla ante un "heredero" extranjero. La historia verdadera advierte: la libertad no se regala en pasillos de poder ajeno, se conquista en el propio suelo.



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Oscar Jiménez


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