¿Funcionará el experimento de Trump?

El precio del petróleo no cayó, ni siquiera por la reunión de Trump con los CEOs petroleros en Estados Unidos

Entre octubre de 1976 y enero de 1980, se desató una manía especulativa parabólica en el precio del oro, llegando a subir 773% en el lapso comentado. El metal precioso reaccionaba al fin del sistema Bretton Woods, además de una interacción con la geopolítica, políticas de bancos centrales y psicología del mercado. No se trató de una fluctuación del precio, sino que fue el epicentro de un cambio estructural en el orden económico mundial. Lo que hoy algunos expertos mencionan como el "reseteo económico global".

Actualmente, desde el mínimo en 255,8 dólares la onza en abril de 2001, hasta el más reciente máximo, del pasado lunes en 4.630,80 dólares, el precio aumentó 1.710,32%. El precio del oro se encuentra nuevamente en una manía especulativa, en medio de circunstancias críticas geopolíticas y con una nueva crisis en Estados Unidos, con el altísimo endeudamiento de ese país, que ya se ubica en 38 billones de dólares. El costo de endeudamiento contribuye a un déficit del presupuesto de gobierno, cuyo gasto ya supera el militar.

El reseteo

En la ocasión anterior, el mundo pasó de un modelo de moneda dura respaldada por el metal precioso a un sistema fiduciario, establecido por el criterio de los monetaristas. El evento que disparó las señales de alarma fue la subida del precio de la plata, en la misma proporción que del oro. Esto obligó a los reguladores de los futuros de metales a condicionar la apertura de posiciones largas y a aumentar el margen, lo que detuvo la ola alcista de los especuladores. El 27 de marzo de 1980, se produjo el conocido "Jueves de Plata". Ese día, los hermanos Hunt, poseedores de 40% de los suministros de plata en el mundo, no pudieron cumplir un llamado de margen de 100 millones de dólares. Esto desató el pánico en el mercado de metales que se extendió al del oro, y su precio se desplomó con la misma velocidad en que había subido.

La especulación se volcó contra los metales y al mismo tiempo, luego que, en 1979, se nombró a un nuevo presidente de la FED, Paul Volcker. Este lanzó una cruzada radical y abandonó la política de tasas de interés de forma gradual. La regla "Volcker" restringió drásticamente el crecimiento de la masa monetaria y permitió tasas de interés muy altas, en ratios nunca vistos. Así se salvó al dólar hasta ahora.

El flujo petrolero

Una economía basada en el modelo fiduciario derivó en la emisión de deuda, que ahora es prácticamente incontrolable debido a los excesos. Este endeudamiento se va a cubrir emitiendo dinero, lo que se está viendo con la fuerte subida del oro y la debilidad del dólar. Pero ahora hay una diferencia. En 1979, la revolución iraní que derrocó al Shah trajo consigo un choque petrolero, que hizo subir el barril hasta 40 dólares. Se produjo una correlación entre el precio del oro y del petróleo.

En la actualidad, el precio del metal precioso aumenta, pero el del petróleo está en tendencia bajista desde 2022. Washington está atrapado en un dilema: si sigue recortando la tasa de interés, entonces el precio del petróleo podría aumentar, exacerbando la inflación. Pero si la mantiene alta, entonces la recesión sería la protagonista.

Con la llegada del segundo gobierno de Donald Trump, Washington tiene a la figura que "no respeta reglas y no se disculpa por romperlas", según su manera de irrumpir en el mundo, descrita en su propio libro, "El Arte de la Negociación".

En entregas anteriores se explicó que el mundo bombea crudo a todo lo que puede. La OPEP+ está aumentando la oferta y esto satisface las expectativas del gobierno de Trump. Arabia Saudita aumenta su bombeo con dos propósitos; el primero es que, al hacer caer los precios, las petroleras norteamericanas de esquistos comienzan a tener problemas para operar y cierran plataformas. Lo segundo es que un alto volumen de crudo en el mundo facilita a Israel y a Estados Unidos atacar a Irán, rivales de los sauditas, sin crear fuertes distorsiones de precios. También, al mantener un precio del barril bajo, la FED tendría espacio para mantener las tasas bajas. Aunque el oro pueda verse como un indicador de inflación, mientras la gasolina no aumente, el criterio actual es que hay poca inflación.

Las sanciones

El reseteo económico global ha comenzado con una apuesta que hace la Casa Blanca. El pasado 3 de enero, se produjo un evento en el que el presidente Nicolás Maduro fue capturado en Caracas por fuerzas militares norteamericanas. El mismo es considerado por algunos como parte de un acuerdo; otros sectores señalan que hubo traición en el gobierno de Maduro y otro señala que se trató de una intervención militar o extracción, de parte unilateral de Estados Unidos. En el fondo, se trató de un evento de muy corta duración y sin consecuencias como una guerra que se hubiese extendido. Las circunstancias que rodean al evento son aún poco claras, porque hay sectores desilusionados, una vez que Washington decidió negociar y permitir que siguiera en el poder al mismo gobierno, solamente que sin Maduro al frente.

Por lo general, cuando un gobierno cae, el resto de la cúpula huye y eso no ocurrió. Desde Washington dejaron claro que no podían lograr un cambio de gobierno, con figuras opositoras que no tienen la capacidad de mantener la estabilidad del país.

En reiteradas ocasiones se explicó que Washington requiere el mayor flujo petrolero en el mundo, porque esa es su apuesta y el experimento dio inicio. Además de que requieren estabilidad y nada de turbulencias en Caracas. Eso está por encima de cualquier debate político que se enmarque en temas de libertades, democracia y elecciones. Además de que el crudo se comercie en dólares y no en yuanes, como lo venía haciendo el gobierno de Maduro, para evitar las sanciones financieras y petroleras.

Uno de los factores que explica la continuidad del gobierno actual son precisamente las sanciones. Se explicó con anterioridad que era la situación ideal. La oposición venezolana al final terminó entrampada, debido a la tutela que ha tenido. Desde 2018, se comenzó el llamado a no participar en elecciones, lo que dio motivo para señalar al gobierno venezolano de ilegítimo. Sobre la base de esa declaración, se constituyó un "gobierno interino" y luego, el resto de eventos electorales ha tenido similar situación.

La realidad es que las sanciones llegaron para quedarse todavía por mucho tiempo. Washington encontró una fórmula de cómo conducir el destino del petróleo venezolano y son las sanciones petroleras, gracias a que los venezolanos, en medio de 27 años de diatriba política, no han construido instituciones lo suficientemente fuertes para defender los intereses propios frente a chinos, rusos y norteamericanos. Por eso el mismo Trump dijo que de elecciones no se hablará todavía.

Aunque hay anuncios de retiro de sanciones, probablemente serán las menos significativas. Las de mayor peso podrían flexibilizarse o mantenerse un régimen de licencias, que permitirá a Washington un control estricto.

¿Va a funcionar?

Lo que ocurre en la actualidad rompe las reglas aplicadas anteriormente. Los reguladores lograron contener a los alcistas del oro en 1979 y los monetaristas hicieron su parte con la tasa de interés. El experimento de Trump se trata de que a más petróleo, menos precio y menos inflación, lo que le permitirá seguir emitiendo dinero para cubrir la deuda, sin romper el crecimiento, pero sin generar más inflación.

Pero, ¿funcionará el experimento? Eso se sabrá con los años. Si funciona, el reseteo económico, en que las criptomonedas, para tokenizar la deuda norteamericana, son también una clave, podría restituir el orden global o posponer el caos. Las nuevas normas están exigiendo que la acuñación de tokens estables tenga respaldo de bonos del Tesoro. Como se sabe, la cadena de bloques tiene alcance global. Cualquier ciudadano en el mundo que use criptomonedas estables respalda una fracción de la deuda norteamericana. Si no funciona, entonces será mucho peor el desenlace. Hay una señal clara de la que no se debe perder la vista. A los rusos les sirvió Venezuela hasta cierto momento. Luego del pasado 3 de enero, no existe una preocupación empecinada sobre lo que se haga con el petróleo venezolano, porque hay dos factores que Trump tiene en contra y los rusos lo tienen presente: el tiempo y los costos de recuperación del bombeo masivo de petróleo venezolano.

En todo caso, el tamaño de la deuda de Estados Unidos es tan descomunal que, para tener una idea, se requiere de casi tres reservas petroleras como las de Venezuela para cubrir su costo. Para explotar todo el petróleo en el subsuelo venezolano, los expertos señalan que se requieren más de 100 años. La inflación en ese país no depende solamente de la energía, sino de la productividad y del consumo, aspectos que también deben revisarse.

El mercado ha sido claro. El precio del petróleo no cayó, ni siquiera por la reunión de Trump con los CEOs petroleros en Estados Unidos. El próximo 28 de enero, la FED anuncia la nueva tasa de interés. Según los datos de CME Group, 95 % de los operadores apuestan a que no habrá un nuevo recorte de tipos. Pero también es claro, que la limitada producción petrolera de Venezuela y su capacidad de aumentarla, no mueven la aguja del precio del crudo de manera inmediata. Es decir, el evento del 3 de enero y lo que ha seguido, al mercado no le ha importado.

_Descargo de responsabilidad: Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura de ninguna institución o entidad. Este contenido es meramente informativo y no constituye asesoramiento financiero, económico o político._



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Alex Vallenilla


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