Rumbo al socialismo

Nada fácil

Nada fácil entendernos en esta V República que se nos anuncia como propuesta de socialismo del siglo XXI, empezando porque eso de colocarle un apellido al socialismo con la intención de que no se parezca a los bigotes de Stalin ni a las barbas de Fidel ni a la chivita de Vladimir Ilich, suena muy bien para algunos, pero para otros, como mi camarada Jerónimo Carrera, es colocarlo en el campo de las marcas comerciales.

Nada fácil entender por qué pretendemos acusar a la derecha de usar mentiras a montón respecto a la propiedad privada en la campaña electoral para el referéndum, cuando es responsabilidad nuestra no haber formado a la gente para que no caiga en trampas tan pendejas. ¿O es que no fue en el Comando Zamora que se nos dijo que la campaña se iba a basar en lo emotivo y no en lo ideológico? Y que yo recuerde cuando se hizo la campaña para los candidatos a la Asamblea Nacional se nos dijo “No hay tiempo para la formación, lo que nos toca es buscar votos”.

Nada fácil entender por qué a nueve años de haberse iniciado un proceso de cambios, anunciado como revolucionario, punta de lanza para ir al socialismo, todavía una alcaldesa se encasqueta un gorro de San Nicolás para ir a repartir juguetes a los niños pobres de su municipio. ¿O es que el antiimperialismo también lo llevan de cachucha porque no les entra en la sesera?

Nada fácil comprender cómo es que a nueve años de empezar este proceso a través del cual se busca dignificar al ser humano, los operativos de Mercal sirvan para someter a ciudadanas y ciudadanos a tratamientos humillantes, casi de animales, sólo para venderles algo de comida.

Nada fácil comprender que ese mismo trato humillante se da a los que aspiran a una vivienda del gobierno revolucionario, tras ser censados por funcionarios mal encarados.

Nada fácil enterarse que a funcionarios se les dicten talleres, charlas, foros sobre el proceso de participación democrática, pero éstos mandan al demonio lo aprendido y siguen aplicando el dedo, la rosquita, el amiguismo y la conchupancia, y se convierten en protegidos por sus superiores. Y conste que aquí no sólo me refiero al funcionamiento de la Plataforma del Libro en Nueva Esparta.

Nada fácil asumir como una realidad que se siga sin entender que este es un proceso para construir en colectivo, que se requiere el debate, la polémica, el intercambio de ideas; y no la voz de mando para que los demás obedezcan.

Nada fácil comprender como es que a Seneca la pasan a manos del Estado, pero ni siquiera le cambian el nombre, ni el estilo de gerencial, ni las políticas de funcionamiento en contra de las comunidades; ni siquiera se nos explica para qué demonios sigue existiendo Megane si la contraloría social debe ejercerla la comunidad a través de las Mesas de Energía.

Nada fácil tragarse eso de que en plena construcción del socialismo se le diga al mundo que andamos bien porque los banqueros incrementaron sus ganancias, vendimos más automóviles costosos y vainas semejantes; y no se digan cuántas fábricas pasaron a manos de los obreros.

A lo mejor si es comprensible que de tanto no entender estas lavativas, podamos seguir perdiendo elecciones.

salima36@cantv.net


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Pedro Salima


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