¿Cómo órganos revolucionarios o círculos de intelectuales?

¿Cómo deben operar las patrullas?

Cuando uno escucha las opiniones y recomendaciones de Aristóbulo sobre la operatividad de las patrullas y las compara con las de otros “dirigentes” del Psuv, como las del joven Jorge Arreaza, cree percibir significativas discrepancias.

Para el primero de los nombrados, los organismos de base que se están creando, deben funcionar tal como si fuesen el partido y realizar las tareas inherentes al mismo.

En este sentido, siendo el vínculo de la organización con las comunidades y las masas, deben hacer eso que Aristóbulo recomienda. Preparar el plan de trabajo con las tareas que le corresponde, como propaganda, agitación, en el sentido positivo del término, organización de ellas mismas y del pueblo para poder operar con orden y actitud revolucionaria. Además, insertarse en éste para contribuir a crear los Consejos Comunales, respetando la independencia de éstos y evitar que surjan secuestrados por el burocratismo y prácticas clientelares; discutir y estudiar para completar la formación necesaria, establecer la relación adecuada entre la teoría y la práctica. Sabiendo que esto significa utilizar la experiencia que aparece en la literatura revolucionaria para, mezclada con la realidad que se mueve ante nosotros, producir respuestas nuevas y pertinentes que se traduzcan en acción. Eso que Simón Rodríguez expresó en la frase “inventamos o erramos”. Y tantas cosas más que sería muy prolijo enumerar.

Para cumplir esas responsabilidades las patrullas no pueden ser grupos de distraídos o levitantes, desvinculados unos de otros que operan sin orden, coherencia ni mecanismos que supervisen el trabajo de todos, que no se debe limitar a los días de reuniones sino que ocupe todo el tiempo que sea necesario y posible. No puede ser un inocente “club de amigos”, como le llamó alguien de la dirección nacional de manera desacertada, que se reúne cada ocho días.

El proceder que establece la concepción expresada por el ex ministro de Educación, nos conduce al diseño de la forma organizativa que debe adoptar la patrulla. Porque ésta no puede ser una estructura para la improvisación, lo espontáneo, electoralista y hasta el quietismo que la destinen a perecer como los batallones. Tampoco, como fórmula para eternizar o fosilizar el poder constituido.

Hablamos arriba de discrepancias porque Jorge Arreaza, encargado de lo concerniente a la escuela de cuadros y la formación cultural e ideológica del partido, ha hablado de patrullas que se reúnen a discutir temas que hasta se han venido señalando de manera específica, sin establecer mecanismos formales de control permanente. Ha hablado de nombrar relatores diferentes para cada reunión.

Esta recomendación, pese a que se formula para el asunto relativo a las discusiones de los temas recomendados, a nuestro parecer luce en contrario o alejado de lo expresado por el vicepresidente del Psuv para oriente. La propuesta Arreaza, se justifica ofreciéndola como medio para evitar que las patrullas nazcan secuestradas. Lo que podría resultar un remedio sino peor igual que la enfermedad.

Es bueno que admitamos que las discusiones políticas y sobre asuntos que podríamos llamar ideológicos, para un mejor entendimiento, deben ser parte de la actividad cotidiana de la patrulla. Es más, cada semana, el diseño de las tareas, debe estar precedido de un análisis político. Aquellas surgen de esta última actividad y no como resultado de la improvisación, magia o capricho.

La profundización del estudio no puede ocupar el tiempo total de las reuniones de la patrulla. Esta, en base a la organización y operatividad que asuma, planificará y diseñará las jornadas de estudio. Porque tampoco puede ser un círculo de intelectuales o diletantes que inviertan su tiempo en discusiones de temas importantes, hasta el correspondiente al combatir y construir intensamente. Pero también es bueno dejar claro, que la patrulla debe, hasta donde sea procedente, decidir lo que debe discutir dentro de la concepción global del partido. Porque ella no puede ignorar el espacio donde se mueve. Si no se impregna o sumerge en él, podría terminar siendo un círculo de ilustres pero no una célula revolucionaria.

Es sensato pensar, que las patrullas, como antes lo hizo el partido mismo, se tome el tiempo adecuado y sensato para crear su estructura operativa, lo que implica su núcleo coordinador de la militancia, para garantizarse escoger a aquellos que gocen del respaldo y confianza de la determinante mayoría, para evitar que “grupos o cogollos” de fraccionalistas, hasta de doble militancia, la secuestren. Pero no es sano concebir a la patrulla como un grupo sin coordinación, ni coherencia.

Para eso, se podría designar eso que hemos llamado núcleo coordinador o secretariado provisional y determinar un plazo para la escogencia de conformidad a lo que con posterioridad establezcan los estatutos.

Pero concebir la patrulla como un grupo sin coordinación ni nadie que supervise el trabajo individual y colectivo que se derive de las reuniones semanales es una forma de matarla en el vientre, convertirla en una simple forma electoralista y, como antes dijimos, fosilizar todo lo existente. Porque eso sería dejar a la organización de base, como suelen decir los orientales, “a la buena de Dios”.

Luego abordaremos el tema de la necesidad que las patrullas se relacionen entre sí y vayan produciendo los nudos dirigentes.

damas.eligio@gmail.com


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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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