Apología al delito

La oposición venezolana ha venido lanzando todo su arsenal mediático y hasta leguleyo contra la celebración del 4 de febrero de 1992, día en que un grupo importante de jóvenes militares se alzaron contra el gobierno de la época, encabezado por el señor Carlos Andrés Pérez.

Nuestros escuálidos califican esta celebración de apología al delito, pues Chávez y sus compañeros se habrían alzado contra la Constitución y las leyes, contra el Estado constituido. De asumir como cierta esta acusación, en este país tan ocupado en enrumbarse hacia el socialismo, debería paralizarse para empezar a revisar la historia e iniciar un profundo cambio en los textos escolares.

Tan Golpe de Estado (aunque fallido) resultó la acción de los jóvenes militares del 04 de febrero de 1992, como lo fue el 19 de abril de 1810, que nos mostró a un Simón José de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios de joven teniente alzado contra el Estado constituido, las leyes vigentes y toda la parafernalia del orden impuesto por la corona española.

Es decir, que nuestros libros de historia, de acuerdo al criterio escuálido, vienen haciendo apología del delito desde hace muchísimos años al presentarnos ese 19 de abril como un hecho positivo. Igual sucedería con otras fechas históricas en la lucha por la independencia; incluso, esa lucha misma, a la que nos han enseñado a ver como una gesta libertadora no pasa de ser un delito, pues fue una guerra contra el orden instituido.

¡Tamaña apología al delito nos hemos venido tragando a lo largo de nuestra vida! Ni siquiera sabemos si podemos acusar a nuestros abuelos de semejante barbaridad, pues la cuestión viene desde más atrás.

¿Y qué decir de la historia universal? ¿Y qué de algo tan respetable para muchos como es el cristianismo? Algunos deben recordar que Cristo fue crucificado por el orden instituido; y es más, el máximo representante de ese orden, de las leyes vigentes para la época, hizo uso de una especie de referéndum para salir del llamado hijo de Dios y se lavó las manos. Fue, a decir la verdad, la utilización de la democracia participativa por el orden instituido para crucificar a un alzado contra ese orden.

De acuerdo al criterio escuálido tanto las iglesias cristianas, la Biblia y numerosos textos y hombres y mujeres han venido haciendo apología al delito por años al mostrarnos a Cristo como buena gente, hijo de Dios y liberador de los pecados.

Bien, nos tocará cerrar iglesias, bajar Cristos de paredes, guardar escapularios y rosarios, dejar de darnos golpes en el pecho, negarnos a rezarle a la Virgen María porque ella resultó madre de un delincuente. Cero apologías al delito.

Y debemos acusar a este mismo gobierno que deje de celebrar a Francisco de Miranda, porque ese fue otro bandido que se alzó contra el orden establecido. Y nunca más debemos andar de celebración un 23 de enero porque esa fecha fue de un delito enorme contra el orden.

Jamás podremos volver a celebrar el alzamiento en la sierra falconiana del zambo José Leonardo Chirino, quien ya para esa época fue definido por el Estado Español en América (orden instituido) como un “reo de alta traición”.

Eso sí, nosotros, debemos asumir que lo del 4 de febrero fue un Golpe de Estado, tan digno como el de Bolívar el 19 de abril.


salima36@cantv.net


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Pedro Salima


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