Cuidado con los desesperados

Las cuatro décadas transcurridas después del golpe militar al gobierno del Dr. Salvador Allende y el sinnúmero de invasiones, agresiones de todo tipo, intentos de magnicidios, golpes, sabotajes y constante desestabilización de gobiernos latinoamericanos, constituyen de manera clara y convincente la macabra intención que ha caracterizado a los gobiernos de los Estados Unidos, llámense demócratas, repúblicanos, afrodescendientes o inmerecidos premios Nobel de la Paz, que los hace más de cuidado.

Si alguien cree en la buena voluntad de los gobiernos norteamericanos hacia nuestros países y aquellos que en el resto del mundo tienen algún tipo de materia prima que les interese, el comportamiento y los hechos demuestran que sencillamente no hay que creerles...ni un tantito así, como decía el Che.

El Presidente Evo lo ha dicho de manera enfática que sin embajada de los Estados Unidos en Bolivia, ahora están mejores. Quiere decir el hermano Evo que se quitaron el dolor de cabeza de un gobierno que tienen las mil y una maneras de propiciar desestabilizaciones. Y si alguna organización no gubernamental (ONG) le quedaba en su territorio, también le dijo chao.

Como los acontecimientos siguen su curso y el imperialismo no duerme ni descansa. También nuestros gobiernos y pueblos han aprendido que sus intereses han sido históricamente contrapuestos a los nuestros. Si en algún momento hablamos de países del “tercer mundo” es porque existe un primer mundo que vive de aquellos. Y si hablamos de países subdesarrollados, en vía de desarrollo y desarrollados, la relación es la misma. A igual conclusión llegamos cuando hablamos acerca de lo que algunos teóricos de las ciencias sociales llaman países dependientes. Si lo somos es porque dependemos de otros, a sabiendas que sucede todo lo contrario. Ellos son lo que son hoy porque se han valido de la expoliación a sangre y fuego, dejando como herencia hambre y pobreza.

Lo cierto, muy cierto, es que los imperialistas, si algunos quieren llamarlos poderosos, en el caso Venezuela con su Revolución Bolivariana, harán lo imposible por acabarla. Borrarla del mapa a cualquier precio. Eso es precisamente lo que han venido haciendo desde el mismo momento en que Chávez asumió el gobierno y lo han arreciado en la gestión del Presidente Maduro.

El desespero ha sido su constante. Un desespero sin límites sin importar el asesinato de compatriotas de cualquier signo político. No hay dudas que la locura se apoderó de buena parte de la oposición. La otra guarda un cómplice silencio. Si en algún momento hemos oído decir o hemos dicho que debemos dormir con un ojo abierto y otro cerrado, este no es el tiempo. El momento nos dice que hay que estar unidos y firmes con el Presidente Maduro y con la Revolución Bolivariana.


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Juan Azocar


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