¿La legalidad burguesa nos vencerá? ...¡Viva Chávez!

La legalidad burguesa lleva con sigo una tradición propia de casi todas las formas jurídicas occidentales. A saber: la de ser una institución, pero para el servicio de los poderosos, de los reyes, de los obispos, de los emperadores, de los ricos, de los banqueros, de los capitalistas. Las leyes burguesas están inspiradas en la libertad y en la igualdad burguesas. Es esa legalidad la cual lleva en su alma más tradición. Y es esa legalidad burguesa la que llevamos nosotros en el alma, aceptada irracionalmente, a pesar de las ideologías, a pesar de nuestra condición social, la aceptamos como natural (ley natural), como dada desde antes de la humanidad. En la legalidad burguesa, el revolucionario, el verdadero revolucionario, como el volatinero, camina sobre la línea que separa el bien y el mal. Es decir, un revolucionario socialista, un verdadero comunista sabe que la legalidad burguesa (esa que se respeta irracionalmente, incuestionablemente, por todos) es un paquete de prejuicios, de manipulaciones, de moralismos rancios, y que violentarla lo coloca a la vista de la sociedad (burguesa) necesariamente en el lado del infractor, lo criminaliza. Justificar el robo por motivos altruistas dentro de la legalidad burguesa es imposible. ¡Vas preso!. Inclusive por razones misericordiosas, ¡Vas preso!. Él Lo sabe y a pesar insiste en la revolución; su moral, su razón es más poderosa que toda una tradición hecha carne en cada cuerpo. Él sabe que romper con ella es casi como desgarrarse la piel, amputarse un brazo, y aun así rompe con ella, porque la revolución, si no es moral, si no duele, no es revolución. Es un ensueño, es metafísica..

Hoy, sin molestarnos en pensar mucho, más bien motivados por el resentimiento y la impotencia, no hacemos distinción entre las acciones individuales (o no) que violentan a las instituciones. Yo he escuchado a amigos míos, viejos comunistas, condenar actos que violan las normas burguesas más ridículas, desde las informalidades de vestirse de forma incorrecta, hasta eso de usar dinero para ayudar a gente necesitada, cuando legalmente estaba destinado para una causa inútil y burocrática.

Mientras Chávez estuvo vivo, parece que los únicos que cuestionaron sus decisiones revolucionarias, “atrevidas” fue la gente de la oposición, aburguesados recalcitrantes, burgueses y oligarcas de vieja ralea. Los “chavistas” siempre lo acompañaron, siguiendo la revolución con “guillo”, como aquel personaje ridículo que fue ministro de tierras. Chávez se atrevió, en vivo, a plena luz del día, en cámaras, violentar en lo que pudo, la legalidad burguesa por razones de interés nacional y humanitarias. Recordemos aquel sabotaje alimentario que obligó al gobierno, a través de PDVSA hacer grandes importaciones de alimento, a fin de cubrir una crisis hambre. Entonces, la derecha quiso condenar una decisión tan valiente, responsabilizando al Ministro Rafael Ramírez porque se pudrieron o se vencieron muchos (la diferencia es que los privados los venden con mañas y por eso no se nota la falta). Sin embargo, y a pesar que misma gente del gobierno estuvo convencida que tal decisión fue un acto de ineficiencia y de negligencia, el comandante Chávez protegió a este hombre valiente de más.

El otro caso que recuerdo fue el haber habilitado, luego de la segunda crisis natural, del segundo deslave, todos los edificios públicos y del Estado como refugios para dar tiempo a desarrollar un plan de construcción de vivienda, donde hasta la sala Andrés Bello de la biblioteca Nacional fue hecha refugio, un edificio histórico de Caracas, Hay muchos más casos.

Hoy a muchos les parece que estas decisiones fueron osadas, atrevidas, pero nadie las criticas; ya son historias, y solo queda la añoranza. Pero ahora nadie es capaz de ellas, pero ahora nadie es capaz de tomar decisiones que conmuevan a toda la sociedad. Solo Chávez fue capaz de eso, y solo un tipo como Ramírez fue capaz de arriesgarse por Chávez en aquel momento. Y hoy todos dicen que nada más Chávez era capaz de hacer eso, porque fue “grande”, porque era “único”, porque ninguno va a ser como él.

Entonces ¿Dónde está el famoso legado de Chávez si nadie es capaz de hacer lo que él hizo?

Al contrario. Ahora hay que respetar la ley, la legalidad, la legalidad burguesa. Hacer la revolución pero sin romper con las normas. ¡Qué Bolas! Hoy estos hijos de… quieren acabar con todo los logros más radicales de Chávez apoyándose en la legalidad burguesa. Persiguen a sus fantasmas apoyándose en la legalidad burguesa, confundiendo las infracciones, igualándolas con el rasero de la ley. Hoy es lo mismo un ladron que se lucra de la ventaja y la corrupción burocrática, que un obediente militante que pasando por encima de la ley sirve a los intereses de las mayorías.

Nos quieren convencer de que Chávez es un imposible. Que el chavismo es una cosa distinta a Chávez. Que ser hijo de Chávez es ser prudente y arreglarse la corbata. No cuestionar nada. Ser paciente hasta la apatía total. Cuesta creer eso.

Cuesta creer que Chávez estuviera de acuerdo con repartir los dólares a especuladores chantajistas por miedo, por prudencia, que se hubiera dejado chantajear de manera tan burda por los comerciantes importadores; cuesta creer que Chávez sacara a Rafael Ramírez de PDVSA, a un hombre valiente, y que llegara a vender en el mercado libre los dólares de Petrocaribe, destinados a los fondos sociales, y acabar con nuestras reservas en divisas; o revertir la eliminación de los peajes. No me imagino que, en el año nefasto de su muerte, Chávez le hubiera dado la mano a Lorenzo Mendoza y se dejara manotear, así fuera de lejos, por él. Cuesta creer eso de Chávez.

De Chávez esperábamos todo lo más digno, lo más valiente, lo inesperado. La emoción que sentíamos casi a diario por su disposición a cambiar las cosas, a revolucionar la vida de los venezolanos no la tenemos ahora. Solo nos resignamos a ver pasar a los invasores y observar sin entusiasmo cómo ellos se han ido instalando en sus viejos cargos, en sus viejas mañas y vicios, en sus viejos prejuicios y cansancios, en los negocios de siempre. El tiempo se detuvo para la revolución y ya se ve moho en la piedra y el metal oxidado. La cuarta alcanza rápidamente a la quinta.

Confieso que en las elecciones voy a votar por los diputados que estuvieron al lado de Chávez, es vital ganarle tiempo al cambio hacia el socialismo y su liderazgo cierto, convencido, valiente y revolucionario. No podemos darle a la reacción fascista “ni tantico así”. Esta vez Dios queda fuera de la pelea.

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Héctor Baíz

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