La guarimba, sepultura de la ultraderecha fascista

En el repertorio de acciones utilizadas por la ultraderecha para atacar el Estado bolivariano y el campo popular, la guarimba, al lado del acaparamiento, el contrabando, la especulación y la fuga de dolares, ha sido el principal instrumento de las operaciones conspirativas y del golpe suave.

Dicho procedimiento incluye la quema de cauchos, el bloque de avenidas, el derrumbe de árboles, el uso de guayas sangrientas y la presencia de francotiradores en lugares estratégicos para asesinar de manera indiscriminada ciudadanos.

La territorialidad de su despliegue corresponde a los espacios urbanos, modernos y postmodernos, donde habitan clases medias altas acomodadas y fragmentos de la burguesía, que son objeto de adecuación como trincheras para actuar con furia irracional a la manera como la historia lo identifica en el ascenso y preponderancia del nazismo alemán en los años treinta del siglo XX y en las ciudades chilenas durante el golpe del general Pinochet contra la democracia en la década de los setenta.

Su curso da inicio en San Cristobal, en los primeros días de febrero, con los actos de estudiantes de universidades privadas articulados a los grupos paramilitares uribistas colombianos, bajo el control de fuerzas especiales gringas. Entra en auge con el anuncio de la #Salida proclamada como consigna por la facción ultra de Lopez y Machado, el 12 de febrero, punto en que la guarimba es sistemática en el Este de Caracas, en Valencia, en Mérida, en Maracay, en Barquisimeto y otras ciudades y espacios de la esfera pública que es degradada en su naturaleza democrática.

La guarimba es una forma terrorista de ataque criminal a la sociedad y sus integrantes, cuya característica es su completa dislocación de las organizaciones y procesos sociales. Es un acto voluntarista de elementos aislados, enceguecidos por un imaginario retrogrado que identifica el interes colectivo con su fantasía individualista afincada en las ideologías neoliberales. El pueblo, las organizaciones sociales han permanecido al margen de la ola incendiaria de los últimos 40 días, no obstante que se le ha querido involucrar forzosamente.

Varios acontecimientos nos están indicando que el ciclo marcado por su uso ha llegado a su fin dada su inutilidad política para los planes de la derecha y la oposición escuálida. Lo que no quiere decir que su rebrote se pueda descartar en los próximos meses.

Con la guarimba los grupos recalcitrantes del fascismo han cavado su propia sepultura.

Lo que sigue es que el mecanismo judicial institucional opere para someter al rigor de la disposición penal sus autores y ejecutores, pagados a manos llenas con los dineros de la Cia y otras agencias golpistas locales e internacionales.


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Horacio Duque

Politólogo e historiador.

 horacioduquegiraldo@gmail.com      @horacio_DG

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