¿¡A Punta Cana, Diego Arria!? ¡Guao!

Te fuiste a despejar la memoria de tu personalidad antirégimen después, de hacer tanto alarde como político-crítico-recreativo, bien dado a disparar ideas saturadas de perversión frente a las cámaras de televisión que desprestigien e ignominien al Gobierno Nacional a tu placer o, -quizás- a disfrutar de unas canitas voluptuosas al aire libre en ese pedazo de tierra turística con la singularidad de pensar cómo desenvolver el tiempo perdido de tanta arenga calumniosa en que te has dedicado, obstinadamente sin descanso en derrotar sin importarte el cómo, primero contra Chávez y ahora en contra del presidente Maduro.

Posiblemente, lo pernicioso del afán del personaje en cuestión de acabar con el "régimen" actual que gobierna a Venezuela por el que se ha involucrado ferozmente en tratar de aislarnos del mundo y, recreándose internamente esperando que los yanquis vengan a darle un nuevo gobierno, donde él actuará a sus anchas y, pretextos como un
gnomo del imperio en que tiempos atrás disfrutó de libre provecho que le dio un cargo en la ONU y, que todavía cree y espera que otro CAP es posible que acabe con el progreso de la Patria y, los satisfaga a ellos como oligarcas de continuar con las vagabunderías socio-económicas del pasado.

Vergüenza debería darte -Diego Arria- si es que alguna vez la ha tenido que, por lo que se ve y se le oye decir, no tienen un pizca de ponderación que hagan posible, pensar por lo menos que es una persona seria, preocupada por el presente y futuro de Venezuela y, no en el suyo y de los que representa como dirigente mas no como líder que no lo eres, por ese lenguaje destemplado e irresponsable que te acompaña en cada actuación que te prestas hacer en público o en privado, haciéndote pasar como un irreverente bravucón parecido a Leopoldo López que dentro de sus semejanzas no hay diferencias que determinar.

Aunque cada quien ande en lo suyo, ambos representan, atajos de incongruencias, aquél por descalificación administrativa y tú por antojadizo de vicios deshonestos que quedaron bien marcados otrora.

De una forma escurridiza se fue del país a República Dominicana, Diego Arria, y atrás dejó un bulto de embrollos y, varias candelitas encendidas que él mismo ayudó a encender, convidando y exhortando, a una parte de la población adversa al gobierno a actuar en guarimbas y protestas que desfiguraran la revolución que con bastante acción social de dignificación ha sido compromiso de vida que, desde el presidente Chávez a Maduro los ata con su pueblo, el que generalmente ha sido bombardeado de noticias y acciones negativas en que las mentiras que solapadas de pruebas corren por el mundo de complicidad de los medios que salen de las manos y consentimiento de hombres que como Diego Arria se prestan a su difusión sin prueba ninguna que nos condene como violadores de los derechos humanos de los ciudadanos de este país.

Después de pasado el Carnaval el lengua larga de, Diego Arria, vendrá quemadito, bien bronceado, apretujadito de su fascinante estadía en esa región playera a ensamblar de nuevo su parpadeante retórica de mantener y, apoyar en las calles a los fascistas y vándalos que perturban a diario las vías publicas de quienes tienen derecho de transitarlas como ciudadanos y ciudadanas del país que, se han visto impedidos de realizar sus actividades diarias con la comodidad de sus desplazamientos de entrada y salida y, que, Diego Arria, como un agitador opositor a la orden del imperio, seguirá activándolos verbalmente en contra de la sana paz en que el Gobierno Nacional con un variado grupo de personas de la sociedad civil en general, se han organizado en Asamblea Nacional de paz de, regenerar y conformar comisiones que trabajen permanentemente por lograr el buen sendero
político que nos encamine a vivir en armonía social y que de una vez termine con la violencia de los grupos armados que constituyen una amenaza a nuestro proceso democrático, apoyados como están por entes y
personajes ajenos al convivir de nuestra Patria.

O, a lo mejor a Diego Arria, le da por quedarse en Punta Cana como el rey Momo que piensa que es, guarimbeando a sus anchas con su diario disfraz de golpista vende patria.




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Esteban Rojas


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