Ledezma a raspar a Lima

¡Este trabajo va acabar con mi vida! Necesito un descanso y unas
vacaciones urgentes y, nada mejor, por ahora, la ciudad que vio nacer
al neoliberal Vargas Llosa, y es por ahora, la que está a la altura de
mi condición política de luchador traumado y, con esas pretensiones de
alcalde metropolitano, se despidió Ledezma de sus amigos con una
sonrisa apretujada de agonía con destino de tranquilidad sin consenso
e hizo sus maletas y se marchó.

Volando en primera –Ledezma- se congestionó de placidez y con sus
sueños muertos como político de oposición se endulzó en un aterrizaje
de placer que le daría el reconforto a su figura de líder en espera de
candidato presidencial y, antes de embarcar llamó por el móvil S3 a
Ismael García y le encargó de inmediato que se entrevistará con el
jefe de la MUD y, le explicara que iba a Lima en viaje de trabajo a
entrevistarse con Machu Picchu en persona, a ver si lo enseñaba como
médium luces para enderezar lo que andaba torcido en la oposición
venezolana que generalmente está, varada con la marea de aceptación
baja en que Capriles quedó sin salvavidas después del 8-D, por lo que
se fue a Aruba a desahogarse de tantas iras convulsas que con unas
piñas coladas y, con el sol picante de Aruba lo saquen del futuro
impreciso en que está y, a la vez le calmen la ansiedad reprimida de
antojos inútiles que no le hacen agua su boca.

Ledezma, como patriota sin tapujo de la bandera de siete estrellas
que, después de pensar con altivez desmedida metió en el maletín de
mano los cds que siempre le acompañan cuando está fuera del país en
que su alma llanera no lo desampara, al igual que caballo viejo de
Simón Díaz y, estoy pensando en ti (no sabemos) que lo refresca cuando
atascado de soledad se pierde en la habitación del momento en la
ciudad que sea y, así se consuela de convivir con los recuerdos de la
patria a su lado, aunque esté distante sin sostén de guía.

Al bajar del avión el alcalde Ledezma, envuelto en su gabardina
aterciopelada de resguardo caluroso, requirió de uno de sus
guardaespaldas que con cautela comprensiva, le averiguara cuál era el
mejor sitio de Lima para raspar que le dieran un buen rendimiento al
producto del raspado que andaba corto de dólares para abrirse paso en
esa ciudad y, le urgía comprar trapos nuevos que lo cubriera con
dinamismo ejecutivo que le diera lucidez de estrella a su persona.

Sin mucho alboroto y gracias a la privacidad comedida que no lo sacara
del anonimato debido y bien planificado con pasos apurados no atendió
a la prensa limeña por gajes del oficio de no quererse desviar de los
objetivos transados en Caracas que eran de orden personal,
estrictamente personal y de goce adquisitivo interno de reparación de
energías sustraídas por el deber pragmático de su pluralismo
profesional que, en ese mes de diciembre del año que se iría, le
caería como camisón político de recreación que con placidez sin acidez
emocional que le descompusiera su sonrisa ambiental que como “vampiro”
sin descanso se desvela por sus compatriotas que como seguidores de él
se ufana en hacerlos felices, aunque, cuando haya que botarlos no le
temblará el pulso de su responsabilidad compartida, aunque el señor
Maduro, mantenga firme el decreto de afirmación, tampoco se acogerá al
morral del Plan de la Nación que le quieren imponer que pesa mucho en
lo adelante que no está dispuesto a cargarlo como otros y, con esos
recordatorios, Ledezma se afianzó en Lima.

Pensó con detenimiento y llegó a la conclusión que se estaba
comportando como un viajero más de los que viaje hoy y pagan después
y, con fortaleza pensante se acordó del encargo de Delsa Solórzano que
al enterarse de su viaje le exigió que le trajera de Lima un cebiche
de aletas de tiburón tigre envuelto en pizca de tododarme como
combustión exorbitante de agilidad corporal que le diera ánimos de
bailar a futuro con Capriles los joropos tuyero que están a la orden
del día de la gobernación de Miranda.

Como le perdimos la pista a Ledezma por astuto en su carrera política
de vejez: no sabemos si raspó y lo rasparon con la comisión
correspondiente que todo raspador abona y él no puede ser la excepción
cuando de raspar se trata con vacaciones navideñas de paz incluidas y,
él Ledezma va a millón rumbo al concurso político que lo espera en la
MUD.



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Esteban Rojas


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