La doma

Hablemos de política con alguna altura. Aprovechemos de leer o releer Doña Bárbara, que en 2014 cumplirá 85 años de publicada. El VIII capítulo, «La doma», trata de la desconfianza de los llaneros ante el «patiquincito» Santos Luzardo, el dueño de la hacienda. Luchan por dominar un mostrenco, un caballo salvaje. Luzardo, con osadía, doma el animal. Balbino Paiba, cómplice de Doña Bárbara, la devoradora de hombres, comenta artero:

—Ya este… patiquincito va a estar clavando la cabeza en su propia tierra.
El maestro Rómulo Gallegos elige la doma, emblemática hazaña llanera, para describir cómo Santos Luzardo, cuyo nombre habla de santidad y luz, impone su autoridad, hasta que uno de sus peones comenta: «Tenemos jefe». Para enfrentar la barbarie.

Este pasaje forma parte sustancial de la simbología nacional. El paradigma universal de la autoridad que tiene que ganarse con arrojo y bravura. Una amiga ingeniera eléctrica me contaba cómo asumió la madrina de una cuadrilla de operadores de esos que «monean postes». A los ingenieros no les toca monear postes, me dijo, pero comprendió que siendo mujer tenía que imponerse a sus subordinados dando muestras de que podía lo mismo que ellos. Y así, con tacones y todo, moneó el poste con tal soltura, aprendida moneando matas en su infancia, que ya no tuvo que hacerlo más, pues los hombres aceptaron la autoridad de una mujer porque era igual que ellos. Y mejor, porque sabía cosas de la ciencia física que ellos no. Ganó una escaramuza del feminismo.

Algo parecido pasa con Nicolás. El autobusero, el «maburro», como las mentes brillantes de la oposición lo llaman, no es capaz de presidencia. Hugo Chávez lo había demostrado muchas veces, en el «por ahora» que partió en dos la historia, en el Golpe de 2002, o cuando dijo “you are a donkey, Mr. Danger,” cuando exclamó «huele a azufre» en la ONU. Por cierto que pocos en la oposición saben que Mr. Danger aparece en Doña Bárbara. Lo ignoran sobre todo en Acción Democrática, la de Gallegos, entre otros que ese partido ha elegido olvidar, porque su dignidad es dedo acusador de esa cosa en que Rómulo Betancourt convirtió el partido.

Pero esa imagen que quisieron dar de Maduro se ha ido desvaneciendo en estos ocho meses de ejercicio político en el primer plano. El comentario entre los bolivarianos es que Chávez no se equivocó en elegir a Maduro como su continuador porque ha sabido con creces revolverse contra desafíos formidables, el peor: el golpe económico.

Finalmente el 18 de diciembre afrontó a alcaldes y gobernadores de oposición, que fueron aviniéndose unos más que otros. Alguno llegó al extremo del abrazo lisonjero. Ese 18 de diciembre, al día siguiente de la cumbre Alba-Petrocaribe, gran sueño de Bolívar, a quien también tocaron domas feroces. A diez días del triunfo electoral, Maduro demostró de qué es capaz, el mismo día en que Ramos Allup se burlaba: «El que crea en otras salidas [no democráticas] que las promueva y que corra con las consecuencias». Y la goda María Corina Machado, en la misma página 2 de El Universal de ese día, decía que en 2014 habrá que tomar las calles contra el gobierno, como una Doña Bárbara de las tantas.


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Roberto Hernández Montoya

Licenciado en Letras y presunto humorista. Actual presidente del CELARG y moderador del programa "Los Robertos" denominado "Comos Ustedes Pueden Ver" por sus moderadores, el cual se transmite por RNV y VTV.

 roberto.hernandez.montoya@gmail.com      @rhm1947

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