La verdad sobre la Quinta Columna

Lo que se ve y se oye sobre que los quinta columna más importantes que tiene el proceso revolucionario bolivariano son aquellas personas que de frente y sin ambages están en contra de este proceso, definitivamente no es cierto, porque los verdaderos quinta columna son las personas que están infiltrados en los entes oficiales y ellas consideradas están a favor  del cambio en las estructuras políticas, económicas y sociales  que en el país propicia el gobierno del Presidente Chávez. Un quinta columna, por su misma esencia,  nunca se encontrara entre los enemigos, adversarios o contrincantes de la aspiración por llevar adelante un programa político, ya que el impedir este deseo es el empeño abierto del grupo opositor sin ser ésto disimulado para nada, de manera que convénzase de una buena vez, el quinta columna no se encuentra entre quienes son contrarios al proceso, así mismo como el traidor nunca se encontrara dentro de las fuerzas oposicionistas, éste por fuerza tiene que ser una persona muy cercana a quien va a traicionar; y de quien algunas veces recibe directrices con aparente beneplácito. El jefe, según el nivel  que ocupe en la escala de mando, únicamente puede ser traicionado por un “amigo”, un conocido íntimo, alguien que casi siempre está a su lado laborando en el quehacer diario, por consiguiente un quinta columna y un traidor solo se consigue cercano al proceso o dirigente, son concepciones similares y altamente afines; el primero persigue hacer el mayor daño posible a las pretensiones colectivas  y el otro hacer el mayor daño a las pretensiones individuales. 

Las personas llamadas a formar parte del quinta columna son aquellas que en el desempeño de un oficio de gobierno habitual no atienden de buena manera al público y por tal proceder hace, algunas veces siendo ignorado por los mismos funcionarios, puedan ellos considerarse pertenecen a este grupo de elementos indeseables. Cada mujer u hombre que se marcha de una oficina o taquilla oficial a donde tuvo que acudir a buscar información, hacer alguna solicitud o resolver algún problema, al no ser tratado por el funcionario con la debida dignidad y prontitud, sale a la calle hablando pestes y culpando de su infortunio a la administración del ente en particular y/o al gobierno en general; cuando no le echa la culpa de su disgusto directamente al mismísimo Presidente de la República. Resulta ser que por la mala atención que recibe una persona habrán varias más que se enteraran de aquello, sus familiares y amigos cercanos, lo que significa que una mala atención individual puede influir en unas 10 personas más; por lo menos. ¿Quiénes son las personas que hacen las colas para tramitar documentos o para cumplir con algunos requisitos exigidos por las autoridades, en algunas oficinas del gobierno nacional, regional o municipal? Indudablemente que estas personas son trabajadoras y de escasos recursos económicos, ya que las que pueden pagar encargan a un gestor interno o externo de aquellas dependencias para que le hagan las diligencias. Tomemos como un descargo que la mayoría de las personas que sufren la desatención  del funcionario se benefician de los programas sociales implementados por la revolución, y se crea que a la hora de votar aquel voto está amarrado y por ello tendrá que hacerlo por el candidato o candidatos del gobierno, y ¿qué pasa si algunos de estos votantes consideran que haciéndolo contra ellos se desquitan de la calentura que les hicieron coger cuando fue a realizar tal o cual diligencia en alguna oficina pública? Solo piénsese que aquellas 11 personas en la oportunidad de acudir a depositar sus votos lo hagan por el adversario y que hayan un mínimo de cien mil (100.000)  personas que en el país no fueron debidamente atendidas por los funcionarios del gobierno. ¿Cuántos votos cambiarían de rumbo? 

Pero si la cantidad de personas mal atendidas por los funcionarios del gobierno en el país resultan sumar doscientas mil  (200.000), entonces la cantidad de votos que se les restaría a la gente del gobierno serían de dos millones doscientos mil (2.200.000), y así, a mayor cantidad de descontentos los votos aumentarán hasta que el gobierno pierda el poder. Es muy cierto que la  gente recuerda más un maltrato que los favores que haya recibido por años de alguien, y está más que comprobado que los pueblos reaccionan adversamente al gobierno cuando sienten que se le está irrespetando;  por lo que ese actual sentimiento habrá que ser erradicado. Téngase  siempre en cuenta que “no solo de pan vive el hombre”, y que eso de las tres erres tiene que dejar de ser un asunto meramente mediático y considerado como algo para hacer algún ejercicio mental en los ideólogos del PSUV. No, aquí el partido principal de gobierno tiene que revisarse profundamente, rectificar en donde sea menester, y luego reimpulsar al máximo la decisión que se tome. 

joseameliach@hotmail.com

  Octubre de 2.010



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José M. Ameliach


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