Venezuela: La empresa perdona un momento de locura

Los colectivos populares: honor a quien honor merece

Los colectivos populares poseen una cualidad que les es tan propia como la piel o la sangre al cuerpo: no son chivos mansos sino montaraces. Así lo han sido siempre y así lo serán porque esta es su esencia. Lo fueron -sin concesiones a la galería- cuando defendían la barriada de las agresiones de la Sotopol, o cuando sin ayuda de nadie limpiaban de narcotraficantes el barrio. Cada Colectivo Popular, llámese Tupamaro, Alexis Vive o Colectivos Populares de Petare, está formado por soñadores revolucionarios irrenunciables.

Tienen -y eso los convierte en incómodos- un carácter montaraz que los hace poco manejables, en algunos casos -como el que motiva esta reflexión- este carácter puede conducirlos a acciones estratégicamente no recomendables. Aún así y admitiendo la impertinencia de algún acto cargado de emoción revolucionaria pura, estos colectivos siempre estarán del lado de las luchas del pueblo y serán un valladar para quienes acomodados al poder se han olvidado del pueblo. No tienen vocación de condón sino de sol mañanero. Luchan por la revolución y lo harán hasta morir en el empeño de ser necesario.

Por otro lado y luego de haber realizado contactos para saber antes de juzgar me pregunto, ¿pintarle graffitis a esa pica en Flandes de la conspiración que es Globovisión es un pecado terrible?, ¡vaya pues!, ¿da eso lugar a calificarlos de 'colectivos penetrados por la CIA? Todos esos pronunciamientos condenando el terrible error de este colectivo...¿no es un poquito exagerado?, ¿debemos unirnos a los epítetos de Ravell? Los colectivos revolucionarios, tanto en el 23 de enero como en las otras zonas populares de Caracas han mantenido siempre un espíritu de lucha incluso rebelde ante las líneas comedidas de ciertos personeros que luego de alentarlos por semanas ahora se tornan prudentes y equilibrados. Eso ha sido así en estos Colectivos siempre y creo que lo seguirá siendo.

Estos colectivos están integrados por el tipo de personas que apoyan el proceso revolucionario a toda hora y todos los días a riesgo cierto de sus vidas. En el caso del Colectivo Alexis Vive, su nombre reinvindica la memoria de Alexis González, asesinado por la policía metropolitana en aquellos días de Abril mientras muchos otros se disponían a saltar la taranquela y pactar con el fascismo y otros...no se sabe siquiera donde estaban, pero desde luego no junto a su pueblo dando la vida. El pueblo tiene años esperando justicia. Cuando ese mismo pueblo -el que salió a las calles el 13 de abril, ese mismo- pierde la paciencia, nuestros 'teóricos' harían mucho bien si 'perdonan' un momento de locura. El pueblo que se cala días tras día la provocación y la burla de ese medio también tiene derecho. No agredieron a nadie y el arma de destrucción masiva utilizada fue un letal y peligrosísimo spray. Igual que aquel 13 de abril, protestaron, reclamaron y exigieron, sin un tiro, ni siquiera un empujoncito al heróico, gritón y valiente' Alberto Federico Ravell, que los llamó drogadictos, borrachitos y delincuentes. El juicio generalizado de condena y descalificación, incluida la afirmación de 'penetrados por la CIA -puedo asegurarles- que no ha sido constructivo, no es justo y debería convocarnos a la reflexión.

El servilismo embriaga al arrogante, la rebeldía es la llama que alienta al combatiente. Recordando a un viejo sacerdote, el P. Antonio Merenciano, y al maestro de Bolívar, don Simón Rodríguez, y haciendo una mezcla fecunda de ambos pensamientos pensaba que la primera virtud del hombre es la gratitud y el más grande crimen lo opuesto. La gratitud es al alma como los pétalos a la rosa; el gesto que recuerda las buenas acciones dignifica a quien lo tiene. ¿Podemos olvidar sin ser ingratos el papel que jugaron estos colectivos aquel 12 y 13 de abril de 2002?, ¿acaso podemos borrar de la memoria sus acciones en defensa del gobierno bolivariano en el llenadero de Guatire, o enfrentando las bandas de motorizados del fascismo?

La gratitud más hermosa es aquella que nace del reconocimiento de un bien colectivo; la gratitud por quienes con sus luchas generosas contuvieron la conspiración enaltece a quien la tiene. La ingratitud es como el agónico transito del sol en su caida, se hace servil e invertebrada, carece de estructura humana, hoy defiende lo que mañana atacaría con la misma perversidad sólo atendiendo al sentido de la oportunidad.

Vaya entonces desde esta página mi saludo y mi agradecimiento eterno a los José, Joseitos, Joaquines, Alexis, Jorges, Paolitos y tantos otros que han dado y darán la cara -acaso sin mucha estrategia- pero siempre...siempre por su pueblo.


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Martín Guédez


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