El partido y la burocracia ante la agresión a la patria

Nuestro Libertador Simón Bolívar nos decía que "Cuando el clarín de la Patria llama hasta el llanto de la madre calla" Está claro que el clarín de la Patria está llamando con ribetes angustiosos, no menos claro aún está el inaplazable rol que todas y todos los patriotas hemos de jugar con inaplazable compromiso.

El Partido (con mayúsculas) reúne o debe reunir a los más decididos defensores de la Patria. Siendo esto así no hay lugar para individualismos y mucho menos para mezquinos intereses personales o grupales que no estén subordinados al supremo interés de la Patria.

Las y los patriotas revolucionarios no somos meros soñadores sin causa y mucho menos un grupo de mercaderes de ocasión. Somos decididos y apasionados luchadores por una Venezuela de igualdad y justicia de tal manera que estamos persuadidos de que esta Patria hermosa sólo es posible en un mundo que trasciendo los modos de producción, distribución y consumo de los bienes necesarios para la vida que caracterizan al sistema capitalista cuya esencia reside en la explotación del hombre por el hombre bajo la regla de la acumulación de riquezas.

Estas normas básicas en la orientación de nuestras luchas nos alerta contra toda forma de contrabando disfrazado de socialismo pero profundamente ganado por los antivalores capitalistas. Al modo como jocosamente nos lo decía el Comandante Chávez "por más que se tongonee siempre se le ve el bojote"

¿Cómo superar el delicado momento estratégico? Nuestro gran desafío consiste en lograr sin concesiones que el Estado, instrumento al servicio de la clase dominante, lo sea –superando sus propias características burguesas- al servicio de la clase proletaria, trabajadora y campesina. Un Estado que tenga como fin irrenunciable la plena soberanía popular hasta alcanzar el objetivo de que cada una de las fases del sistema económico de producción, distribución y consumo de bienes sea de plena propiedad social directa.

Cada persona en cargo de responsabilidad en esta etapa de transición ha de estar irrenunciablemente comprometido con esta filosofía y sus objetivos. Conformarnos con menos es perdernos. No se trata de estimular políticas persecutorias contra todo aquel que no se manifieste conforme a estos objetivos. Eso es fácil de hacer y no lleva a ningún buen fin. No faltan los habilidosos disfrazados y mucho menos los Torquemada de nuevo cuño. Perseguidores de oficio cuyo fin último es perseguir para arrimar la brasa a su sardina. ¡No! Se trata de que cada uno de los actos, por intrascendentes que parezcan, estén marcados por una conducta insospechable a todo evento.

La llamada burocracia –casi toda partidista de apariencia- tiene que estar configurada por las personas más generosas, entregadas, valientes, heroicas e ideológicamente mejor formadas del pueblo. Tienen estas personas en sus manos el invalorable privilegio de ser los constructores directos de un mundo nuevo y esa debe ser su más sagrada recompensa.

ESE ES EL IRRENUNCIABLE ROL DEL PARTIDO.



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Martín Guédez


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