La guerra que vamos perdiendo

Mucho antes de las acusaciones farisaicas de Álvaro Uribe y otros belicistas colombianos contra los gobiernos antiimperialistas y enemigos del narcotráfico, ya habían iniciado acciones contra Venezuela.

La ofensiva comenzó al estilo uribista: taimada, a traición, disimulada tras promesas de amistad y ofertas de negocios. En la guerra y el amor todo se vale, pero hasta el hampa tiene códigos de honor que cierta gente no acata.

La guerra interna de Colombia fue un producto más de exportación a nuestro país junto a tantas otras desgracias que el conflicto interno de esa querida nación ocasiona a sus vecinos.

Antes, sin embargo, la cosa era sin premeditación ni alevosía. Los desplazados escapaban hacia Venezuela, los indigentes, los asustados y sin empleos. También fluía el contrabando y, en pequeña medida, la droga, pues el verdadero mercado está en Estados Unidos, donde millones de consumidores imponen reglas de oferta y demanda.

La oligarquía partidista cachaca, tan ducha en lides políticas, prolongaba la guerra por décadas ante un motivo inconfesable: el lucro. Luego llegó el Plan Colombia. Los gringos recibieron la oferta para hacerse representar en América Latina y el Caribe por los hinchas de Bush, ávidos de plegarse a sus designios.

El complejo industrial-militar los armó hasta los dientes y entonces comenzó la vaina. Nos enviaron droga por toneladas, así el narcotráfico cumplió varios objetivos: 1) Enviciar y envilecer a nuestra población. 2) Corromper a las autoridades, comenzando por los organismos de seguridad, policías y estamento judicial. 3) Controlar el hampa local a través de los paracos. 4) Penetrar los barrios y someter a sus habitantes mediante el terror.

Mientras el gobierno revolucionario trabaja por la justicia social y contra la exclusión, otros aprovechan las fallas de un proceso que avanza mucho en teorías y poco en ciertas realidades. A la vez intentamos enfrentar al país mejor armado y con más tropas en América del Sur.

La guerra no sería contra Colombia, sino contra un ensamble narco-paraco y terrorista.

Tendremos que comenzar a ganarla en nuestro propio territorio.


augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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