El estrés esmartmático

El pasado lunes, hace ocho días, decenas de miles de votantes experimentaron síntomas de una afección nerviosa que, a falta de otro nombre, algunos denominan "estrés postraumático electoral".

Los más suspicaces quisieron culpar a las máquinas de votación que, según variadas opiniones, fueron instaladas por la empresa Smartmatic tras largos y polémicos debates que aún levantan ronchas.

Me tocó presenciar por Globovisión la rueda de prensa convocada por el jefe de campaña de Capriles. Ese señor, a los efectos prácticos, proclamó una victoria adelantada y ficticia, sin más bases que su pinta de vendedor de autos usados.

Dicho anuncio me dejó turulato y confieso que tardé varios minutos en reaccionar cotejando en distintos medios la versión de Armando Briquet. El Comando Carabobo ripostó de inmediato desmintiendo al vocero opositor, pero la velocidad desplegada no impidió que la confusión se dispersara en el ambiente.

Aunque la sangre no llegó al río, todavía no tengo claros los propósitos del asesor caprilista al cometer semejante pifia que sirvió para insuflar una esperanza infundada en el ánimo de miles o millones de compatriotas cuya confianza en las instituciones públicas es poco menos que nula.

De paso, la eficiencia de las máquinas de votación tampoco fue como para felicitar a nadie tras los reportes de computadoras que no funcionaron en absoluto. En otros casos, el votante apretaba un botón y la luz correspondiente no se encendía, tras lo cual, al pulsar la tecla indicada para votar, el error quedaba consumado sin que hubiera el menor derecho a pataleo.

La mencionada falla actuó contra muchos votantes, los de izquierda, los de derecha y hasta algunos de María Bolívar.
Así pues el CNE, un poder cuya eficiencia debiera ser proporcional a las enormes sumas que se embucha para cada elección, no mejora con el paso del tiempo y cada día luce más como un coto cerrado para tecnócratas y gente bien apadrinada.

La confiabilidad de las elecciones reposa en miles de funcionarios y testigos temporales que confrontan y resuelven los incidentes de la jornada. Ellos son los actores y espectadores en quienes podemos confiar tirios y troyanos.

augusther@cantv.net


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Augusto Hernández


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