Aquella España

El nacionalismo a ultranza o chauvinismo es uno de los tantos males que pueden afligir a un país. El creer que somos el centro del universo y que el mundo gira alrededor de nosotros es tan perjudicial a la autocrítica, como el creer que somos los depositarios de todos los males. La exaltación del orgullo nacional hasta los límites del narcisismo alienante, ha llevado a muchos pueblos a graves conflictos, o es contradictoriamente expresión de sufrimiento, caos o decadencia.

Sin pensar, “antier”, que el pueblo español, un pueblo de pordioseros y pedigüeños, de frailes y monjas mendicantes. El pueblo vivía en la miseria hasta la mitad del siglo pasado, el analfabetismo llegaba a más del 50% de su población, donde no se invertía nada en la creación de ciencias y tecnología, ya que la Iglesia Católica tenía el monopolio de todo el aparato educativo del Estado, lo que impedía todo lo que tuviese que ver con el desarrollo tecnológico. España era un país en que “el Magisterio se hallaba confiado a los sacristanes de los pueblos, que ignorantes y sin educación, eran por lo común los únicos que se dedicaban a la enseñanza”, lo que se producían era religiosos, represión y exclusión, así era la España en la que <>. Pero esta amenaza no ha desaparecido, la injusticia sigue intacta, <
España sigue siendo el país agrario, no capitalista, el país turista, de escaso mercado interior; aún juegan en el mercado exterior con sus materias primas, pero la salida de éstas se realiza en detrimento de sus propias posibilidades de industrialización. Su industria ligera lucha con los precios de las materias primas y, más aún, con los precios de la maquinaria a importar, lo que repercuten en un costo elevado de producción, pese a los salarios nada elevados. España es aún prisionera de los moldes de vida de otros tiempos.

Antes de pensar en abrir mercados, es necesario pensar en crear materia vendible, el producto elaborado, la industria. Puentes sin viandantes, trenes sin mercancías, hoteles sin viajeros, instrucción sin escuelas, mercados sin industrias son… ¡cosas de España!

El problema clerical estaba también candente. Inútil es repetir la conciencia de poder que tenía la Iglesia acrecentada en la medida en que también servía de basamento al régimen. Tropezaba, sin embargo, con la enemiga de extensos sectores de la burguesía que no sólo veían en ella un obstáculo a sus anhelos de poder, sino también un blanco hacia donde desviar el descontento creciente del mundo del trabajo.

Sin embargo, otra medida gubernamental contribuyo a azuzar una cuestión que se encontraba doblemente actualizada por la empresa laicizante que en aquellos días libraba el gobierno. La medida en cuestión fue el lanzamiento de un empréstito para compensar a las órdenes religiosas de… ¡los daños que les fueron ocasionados durante la revolución de 1936!

Si esos problemas eran importantes la tónica de la situación estaba dada preferentemente por un hecho que podríamos calificar de nuevo: la tensión de Cataluña y social que han llegado a ocupar los primeros planos de la vida política.

¿Dónde va la pobre España?
¡Chávez Vive, la Lucha sigue!


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Manuel Taibo


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