Sobre la participación de la Izquierda en el gobierno de Santos

Para la segunda vuelta presidencial la presencia de varios matices de la Izquierda democrática, apoyando la candidatura del Presidente Santos fue trascendental y de amplia incidencia en el resultado final que permitió la derrota del candidato ultraderechista Oscar Ivan Zuluaga por cerca de un millón de votos.

La coincidencia en el tema de la defensa del proceso de paz propicio la constitución de un potente bloque político convertido en el eje de la dinámica política en el mediano y largo plazo. La voz cantante en la vida pública ya no será la de la guerra y el belicismo a ultranza como le gusta a Uribe Velez y sus partidarios.

Conocidos los resultados electorales, el Presidente Santos ha dicho que en su gobierno hay un espacio para la Izquierda. Es apenas obvia tal afirmación.

Algunos líderes de dicho campo político han mostrado perplejidad y dudas sobre su ingreso a la segunda administración del doctor Juan Manuel Santos. Los argumentos se refieren a una eventual perdida de independencia y a conjeturas sobre apoyos a programas incompatibles con sus proyectos políticos, como planes económicos, financieros, de orden público y militares.

La Izquierda en sus diversas tendencias debería salir de esas dudas que la paralizan y tomar la decisión de acompañar a Santos en su gobierno, específicamente en la política de paz y en la construcción de un ambicioso plan en ese sentido.

Los espacios estatales que le corresponden debe asumirlos e impedir que el uribismo, a través del zuluaguismo ablandado, se infiltre en las esferas gubernamentales para seguir en su sabotaje crónico del procesos de diálogos que se adelantan en La Habana.

La Izquierda debería mirar y analizar la reciente experiencia de Chile, en que un núcleo muy importante de dicha orientación política, la del Partido Comunista, hizo parte de la coalición que llevo a La Moneda a la Presidenta Bachelet, y hoy participa de importantes cargos en su gobierno, sin perder su independencia. Esa presencia en cargos oficiales ha permitido que el debate sobre la reforma tributaria, la reforma política y educativa, tenga ingredientes progresistas que fortalecen los derechos fundamentales de la sociedad.

No hay que perder de vista que el Estado y su maquinaria administrativa son un campo de tensiones de diversas fuerzas, en el que se da una intensa lucha entre diferentes concepciones ideológicas y políticas. Lucha en la que debe intervenir el ciudadano para defender y profundizar sus derechos en la perspectiva de la democracia, la equidad y la justicia social.

La Izquierda que apoyó a Santos no debe caer en la trampa de los falsos maniqueísmos patrocinados por ciertos parlamentarios pegados al sectarismo político.


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Horacio Duque

Politólogo e historiador.

 horacioduquegiraldo@gmail.com      @horacio_DG

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