Pendejos o hipócritas

Vaya, Vaya, Vaya. Así quería yo verlos. Desfilando como corderitos para votar en las elecciones parlamentarias. Entonces en qué quedamos. ¿Chávez es un dictador o es un demócrata? ¿Hay elecciones fraudulentas o el CNE es una Institución transparente? ¿Se vulnera la libertad o se garantizan plenamente las libertades públicas y los derechos humanos? ¿En el supuesto negado de triunfar la oposición en las elecciones parlamentarias el Gobierno de Chávez y los demás Poderes del Estado llegarían a desconocer los resultados y el libre juego democrático para perpetuar en el poder a la revolución bolivariana o por el contrario Chávez reconocería una improbable derrota? ¿Ustedes son bien pendejos o bien hipócritas? Claro hay que ser bien pendejos para participar en unas elecciones en el mes de septiembre que, según ustedes, se llevarían a cabo en un país con un gobierno fascista como el del dictador Micheletti, al frente de una pandilla de golpistas, con el único propósito de legitimar la ruptura del régimen constitucional. O en su defecto hay que ser bien hipócritas para vociferar todo lo contrario de lo que sabe y le consta a todo el mundo que en Venezuela existe, en los últimos 11 años, el régimen más democrático con justicia social de toda su historia republicana.

Ustedes creen sinceramente que una oposición puede ganar las elecciones haciéndose la pendeja o simplemente diciendo tonterías. Malas perspectivas políticas les auguro por ese camino equivocado. Si ustedes decidieron participar en las elecciones parlamentarias de septiembre es porque están seguros de hacerlo en un sistema verdaderamente democrático, acéptenlo, díganlo, no sean cobardes. Se necesita algo más que el apoyo de la burguesía y del imperio para buscar votos, hay que tener la dignidad de competir con hidalguía y de decirle la verdad al pueblo. La oposición no tiene ni lo uno ni lo otro: carece de hidalguía y es mentirosa. Imagínense ustedes que un equipo de esgrima, de béisbol o un boxeador va a una competencia de alto nivel previa acusación a los adversarios de tramposos y a los árbitros de estar vendidos. Si hubiera tal certeza, lo lógico es denunciar el supuesto evento fraudulento y no avalarlo con su participación.

¿Qué les pasa a los escuálidos? Ellos saben muy bien que no tienen chance de ganar las elecciones a los candidatos revolucionarios a la Asamblea Nacional. Están seguros de eso y tienen que justificar su derrota política por adelantado ante la inevitable paliza que les propinará otra vez el Presidente Chávez. Vuelven, como siempre, a repetir la misma cantaleta que vienen diciendo desde hace 11 años. Pero el pueblo ya no les cree y no les volverá a creer más nunca.

No se animen los escuálidos con lo que sigue, pero existe una contradicción dialéctica y hay que decirla. Del lado nuestro las cosas no están como para salir a tocar los clarines de la victoria por anticipado. A esta Asamblea Nacional, originalmente chavista por la deserción de la oposición en las elecciones, le toca pasar el difícil reto que jamás presentó antes parlamento alguno, tendrá que ofrecerle al pueblo un balance cumplido durante su período, con más de las dos terceras partes chavista para legislar y sin una fracción opositora que le hiciera mella. El voto duro del chavismo, entre ellos el mío, no vacilará como siempre en brindarle su voto a los candidatos del Comandante, pero qué pasará con esos millones de votos indecisos que se abstuvieron en el referéndum para no aprobar la compleja, a veces ininteligible pero necesaria propuesta de la reforma constitucional. La propuesta de reforma fue convertida en compleja e ininteligible para las masas, por la falta de perspectiva política de la Asamblea Nacional en esa importante coyuntura histórica. Ese desaguisado más lo que pudo hacerse y no se ha finiquitado, por causas inexplicables, podría tener algún costo político en las próximas elecciones parlamentarias.

Afortunadamente esta debilidad de nuestro lado se desvanece ante debilidades más importantes de la oposición producto de su pelea a cuchillo entre ellos mismos, por el desprestigio de sus candidatos y porque la opción opositora va por el camino de buscar el derrocamiento del Presidente Chávez. Defender a Chávez es la máxima fortaleza con la cual contamos en nuestra alternativa política. Hay que despertar en las masas el ¡Uh Ah Chávez no se va! Si somos capaces de hacerle entender a los que se abstuvieron en el referéndum de la reforma que lo que está en juego en las elecciones parlamentarias es la propia cabeza del Presidente Chávez, entonces la victoria en el mes de septiembre estará asegurada. Esto es lo esencial.

No se debe olvidar otro aspecto que a mi juicio pasa siempre desapercibido: el estatus del asambleísta. La gente cree, la mayoría sin malicia, que ser diputado a la Asamblea Nacional representa un buen cargo por su excelente remuneración y para los que son corruptos sería además una buena oportunidad para la intermediación burocrática y el cobro de comisiones. Se piensa sin mayores fundamentos que los diputados reciben un paquete anual muy apetecible con bonos, viáticos y otras prebendas. Uno no se imagina a un diputado o diputada socialista disfrutando de la buena vida con el cargo conseguido con los votos de la revolución. Tales vicios son propios de la manera de ser de los dirigentes de la oposición. Al fin y al cabo eso es lo que ellos han hecho toda la vida. El que no la debe no la teme y ustedes, actuales diputados socialistas de la Asamblea Nacional, no tienen nada que esconder, entonces tomen la iniciativa de publicar, aunque sea, por Internet el balance anual, entradas y salidas, de cada diputado socialista para no dejar dudas sobre el sacrificio revolucionario, como debe ser, por un luchador social, de ejercer un cargo de representación popular. Esto es importante para las masas porque el votante debe tener constancia de los valores éticos por los cuales se rige un diputado socialista quien es un modelo del hombre y la mujer nuevos integrantes del destacamento revolucionario de la clase trabajadora con las más puras y exaltadas cualidades de la sociedad.

La Asamblea Nacional debe difundir también la importancia de sus logros legislativos estableciendo una comparación entre la calidad y la cantidad de las leyes aprobadas ahora por esta Asamblea Nacional y por otros Parlamentos que no contaron con la abrumadora mayoría revolucionaria. Se trata de poner en su justo término la obra cumplida por esta Asamblea y prestigiarla en el seno de las masas. La alta votación el 26 de septiembre y las cifras pequeñas de abstención estarán influenciadas por la visión, la percepción y la idea convertida en fuerza que logre posicionarse de las mayorías, con derecho al voto, sobre las grandes virtudes, los éxitos y la excelente labor cumplida por nuestra Asamblea Nacional. No vaya a ser que por confiarnos más de la cuenta, por subestimar al enemigo o por dejarle toda la responsabilidad al peso político del Presidente, los escuálidos que de pendejos no tienen nada y sí mucho de hipócritas se vayan a salir con la suya.


(*) Profesor

sergiobricenog@yahoo.com


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Sergio Briceño García

Profesor Universitario de Filosofía de la Educación Jubilado de la UPEL. Autor del Poemario "Porque me da la gana" y de la obra educativa "Utopía Pedagógica del Tercer Milenio". Ex Director Ejecutivo de la Casa de Nuestra América José Martí.

 sergiobricenog@yahoo.com

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