(Los Salarios como Anticipos)

Los Propietarios de la Riqueza

A quiénes pertenece la riqueza de las naciones lo determinan las
legislaciones vigentes. Por ejemplo, muchos recursos naturales suelen ser
colectivos. En algunos países, los recursos del subsuelo pertenecen a los
dueños del suelo. En Venezuela el petróleo y otras riquezas
constitucionalmente pertenecen al Estado, una forma difusa y susceptible de
corruptelas y violaciones varias.

Queremos ocuparnos de la riqueza nueva, de la que diariamente alimenta los
inventarios comerciales por obra y gracia del trabajo humano (T), de los
trabajadores artesanales y principalmente la de los trabajadores
asalariados. A esta nueva riqueza social suele llamársele Producto
Territorial Bruto (PTB).

En especial, la ciencia de la Economía da por sentado que históricamente la
"propiedad" surge con la privatización de los Medios de Producción (MP).
Hoy por hoy los MP pertenecen a los explotadores capitalistas. Tal
explotación ha condicionado unilateralmente la propiedad sobre la integridad
del PTB, mismo que está formado por la suma de MP y Valor Agregado (VA)
aportado por T.

Como sábese, la relación obrero-patronal jamás ha desembocado en un pago
justo para el asalariado. La sola definición de salario ya nos habla de la
desigualdad distributiva entre ganancias y remuneraciones laborales.

Las reivindicaciones, los periódicos ajustes salariales y toda la
legislación protectora de los trabajadores no han logrado el cese de la
lucha obrero-patronal. Al respecto, la teoría marxista prevé la Revolución
Socialista como único mecanismo social que podría cortar el sistema burgués
y eliminar las desigualdades en materia de propiedad.

Una hipótesis marxista estima el fin de la era capitalista para su
fase "imperialista". Durante ésta la tasa de ganancia media global o
macroeconómica habrá descendido a un nivel que desencantaría a todos los
inversionistas en conjunto.

Pero mientras llega esa revolución, o se cubre la fase imperialista, cobra
importancia reconocer que los asalariados son los propietarios del VA, y
que los patronos lo son de los MP. El patrono, en su rol de comerciante,
acude al mercado con un inventario constituido por dos mercancías fundidas
en una sola: los MP y el trabajo añadido a ellos. De esta manera el patrono
estaría fungiendo de intermediario de VA.

Sobre esas bases, la propiedad de los MP le concedería al patrono un justa
ganancia por concepto de reventa de sus MP, y quedaría por determinarse la
justa comisión que debería asistirle por su intermediación en la venta del
VA que es propiedad de sus asalariados.

Por su parte, y sobre esas mismas bases, los salarios deberían ser
considerados como anticipos dinerarios del precio de venta al que se
colocaría el valor del PTB. Será el mercado y su ley de la oferta- demanda
el que fijará el precio (P) del PTB, y consecuencialmente el del VA y el
de los MP.

La idea es reconocer que con la venta de cada mercancía se recoge la venta
de los MP involucrados y la venta del VA como si se tratara de una segunda
mercancía. Mediante este artilugio contable el capitalista podría seguir
justificando su ganancia como resultado de la reventa de sus MP, pero no
podrá seguir sosteniendo lo mismo con la venta simultánea del VA ya que este
no le pertenece. En todo caso estaría fungiendo de simple intermediario y
los salarios cancelados serían un anticipo entregado a sus trabajadores por
la "consignación" recibida.

Deducido el valor de los MP insumidos en el PTB del año, el remanente
pertenecería a ambos propietarios mediante alícuotas cuya cuantificación la
determinarían contractualmente los contratistas del caso, obreros y
patronos.

El precio del VA quedará fijado por el mercado, y en este caso la escasez
será determinante para esta valorización.

Entiéndase que se trataría de salarios asimilados a adelantos del valor del
PTN (Producto Territorial Neto), deducido el valor de los MP insumidos. Los
trabajadores recibirían un segundo pago anual que garantizaría mejoras
económicas parejas para patronos y trabajadores. La vergonzosa división
entre pobres y ricos tendería a desaparecer, y las reivindicaciones varias
ya no serían cargadas a los costes de producción ni serían dádivas de
filantrópicos patronos. Esas reivindicaciones también serían admitidos y
contabilizados como adelantos de la riqueza añadida por T.


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Manuel C. Martínez M.


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