¡Por fin, Chávez!

Muchos compatriotas, por años y de distintas maneras, nos hemos venido preocupando por la situación de Venezuela. Extendida a Latinoamérica. Algunos expusieron y otros hasta perdieron sus vidas en situaciones subversivas callejeras. O luchadores de las guerrillas, etc. Más reciente, los que hemos tenido la oportunidad de expresarnos a través de medios, aunque nos hayan sacado –como en mi caso de EL TIEMPO de Puerto La Cruz, luego de 22 años de columnista, y en Unión Radio de la misma ciudad, cuando luego de ser invitado a tener un programa me sacaron cuando comenzó a aparecer Chávez como candidato–, todos observamos con verdadera y sentida emoción lo que está ocurriendo en nuestro país, ahora dirigido hacia una Patria. Una Patria Grande.

Brindamos a la memoria de los caídos y nos avergüenzan los vendidos. Y todo lo contrario a la escualidez, que no vale la pena mencionar, por ahora.

Es más, hace unos años mi hermano, tan emocionado como yo, como los otros habitantes concientes de la necesidad de estos cambios, muy regocijado me comentó (todavía lo hacemos) que por mucho tiempo habíamos perdido la esperanza de ver lo que queríamos a favor de la sufrida Venezuela. Cambios profundos. De base. Estructurales. Revolucionarios, pues.

La semana pasada escribí en Aporrea: “Algunos errores de Chávez”, donde mostré de los pocos errores del Presidente Líder, que son muchísimos menos que todos sus aciertos. Entre los puntos destaqué que no debería exigirse voluntariado a los trabajadores –muchos que hasta por vez primera consiguen un trabajito– que laboran en empresas, menos las de servicios y constructoras.

Propuse que se revisara, sí, la estructura de costos de las contrataciones, donde las empresas, que según algunas están con el proceso, obtienen muchos beneficios. Hablamos de altos y repetidos “gastos administrativos”, y “utilidades”. Inclusive a expensas de bajos salarios de los trabajadores.

Siempre rueda el equivocado concepto, hasta por los funcionarios del gobierno, sobre el “salario mínimo”. Me explico: el concepto tiene que ser la “cantidad mínima” que debe pagarse a un trabajador, generalmente obrero.

Y su pago… de ahí hacia arriba.

Sin embargo, y averígüenlo, a casi todos los obreros, en cualquier tipo de trabajo, sólo les cancelan salario mínimo. ¡Y mire que trabajan!

Por ejemplos, que todos conocemos, pero para refrescar, vaya usted a una panadería, lujosas casi todas, supermercados casi todas, costosas casi todas –y no digan que no vayamos si nos parecen costosas porque, simplemente, es donde venden el bendito pan, una vieja aculturación europea– Ah, y cada propietario, por lo “malazo” de los negocios, posee más de dos, hasta 4, 6 y 10.

El trabajo en una panadería-supermercado generalmente se realiza de pie. Amasadores, horneros, pasteleros, los que atienden en los mostradores etc., no se sientan ni un ratico. Menos pueden comerse ni un piquito de pan. Ni un dulcito de harina que llaman “pasta”. Ni pensar en un café. Aunque algunos atrevidos, sirviéndole uno de muro, se meten uno guillado.

Si fallan en cualquier cosita, si reclaman algún atropello de un jefezote, los botan. Ah, y puro salario mínimo. Sin esperanzas de estabilidad. Ni jubilación. Conozco señoras que tienen 16 años envejeciendo entre panes y varices.

Habrá que pensar en Panaderías Socialistas iguales a las existentes, seguro que más económicas, con apoyo del gobierno. Escuchen, acá en Anzoátegui conozco de un dueño que a fuerza de “pan barato y quejado” le compró a cada hijo un Mustang de los nuevos (Bs. 120 millones c/u) Es que el trigo está caro.

Por otra parte, el otro ejemplo, los trabajadores de la construcción. Y como sólo hablaré de uno de los miles de aciertos de Chávez, este me regocija porque se refiere a uno de mis campos, el profesional: La Ingeniería.

Los trabajadores de la construcción –los verdaderos formados como tales– son de una calidad excepcional. Me disculpan los otros, pero de estos conozco un poco más (tengo 40 años como ingeniero civil). Trabajan, y duro, desde las 7 hasta las 12 y de 1 a 5. Y, ahora, con el salario mínimo que juega garrote. O con salarios por calificaciones como albañiles de segunda. U otro.

Los contratistas, los de las grandes empresas, le sacan punta a sus rendimientos y se meten un billete, amparándose en que ellos son los que ponen los recursos económicos y “arriesgan”. Exigen que jode y dan poco.

Miren, desde hace muchísimos años –siempre metido dentro de la concepción socialista, por lo menos sin explotación y estableciendo un equilibrio, incluso por lo que corresponde a años de servicio– proponía a los empresarios a quienes les trabajé que incorporaran como socios por lo menos a los maestros de obra, a los topógrafos, y alguno que otro excelente caporal. Respuesta: ¡noo vale, yo les pago hasta sus utilidades¡

Saben algo, envejecieron sin tener nada. De casualidad sus jubilaciones, ahora revaluadas por Chávez.

Era difícil tener una empresita por mejor profesional que fueras. Porque debes correr con la suerte de obtener contratos bien porque un buen amigo, un pana, pues, llegue a un cargo importante o, lo más común en la IV, no sé en esta V, que era (o es) pagar comisiones (10 o 15, y hasta el 20%) como si ese dinero fuese regalado. Bueno, pero genera la cadena de la corrupción, compra de los inspectores, etc., y, por ende, obras de baja calidad y el perjuicio a todos los usuarios. Obtuve dos o tres contratos por vía legal, bien construidos, de paso. Otros, con cuyo éxito profesional nos comparan, vinculados a los partidos del estatus, hicieron un platal. Dicen que esta situación continúa.

“Los grandes empresarios son los que poseen grandes capitales acumulados (desde la IV y lo que va de la V) y equipos. Por ello, la capacidad de ejecutar obras sin que tengamos siquiera que hacerles el contrato”, dicen algunos gobernantes. “Podemos, de esta manera, estar poniendo piedras fundacionales –como llamamos a la anterior “primera piedra” – y aparecer como que estamos ejecutando muchas obras”. Agregándole las grandes vallas con fotos de los gobernantes. La ley establece una valla informativa: institución, nombre de la obra, monto, empresa, ingenieros residente e inspector, y ya.

Todo esto aproxima la posibilidad de corrupción sólo por los tratos y las intimidades.

Con esta continuada manera de contratar nunca crecerá ninguna nueva empresa. A menos que sea de las nuevas favorecidas por compadrazgos, familiaridades, o negociados.

Fíjense, camaradas, recuerdo cuando con nuestra Revolución, pensando en darles oportunidad de trabajo a muchos, comenzó el proceso de contratación de cooperativas. Siendo para grupos de escasos recursos económicos y pocas capacidades en general, se les exigía el mismo papeleo horroroso que a las grandes empresas. Recién formadas y se les exigían balances. Balances a unos limpios, ja,ja. Y se colaron los vivos transformándose en cooperativas.

Esto ocurrió en la Pdvsa todavía infiltrada de IV.

La idea es que, contando con anticipos controlados para los pagos e inversión y para algún capital de trabajo, un grupo de personas pueda ejecutar obras, preferentemente en su comunidad. Se falló en eso. Según me han contado los anticipos fueron entregados contra fianzas de afianzadoras de dudosa confiabilidad. Muchas cooperativas se han ido con las cabuyas en las patas. Tampoco que en caso de obras, no se les pide ingeniero Residente, como lo exige la ley de contrataciones. Resultado, baja calidad en muchos casos.

Aunque para mí, el concepto de cooperativismo se refiere a cierta igualdad en cuanto a beneficios de los cooperativistas, y sí aplica a cooperativas para elaboración o fabricación de cosas. A lo mejor en las de mantenimiento. La construcción, por mediana que sean las obras, requiere de cierta estructura.

Las grandes empresas también siguen en Pdvsa. Asunto más que lógico para grandes obras. Pero de alta ingeniería. Pero no para los no técnicas aunque son tan grandes las dimensiones petroleras que cualquier cambio de una cerca son kilómetros y gran inversión. Ocurrió que se les exigió a grupos de cooperativas que se consorciaran para poder acometer esos grandes montos. Esto se aleja de la concepción original. Imposible agrupar beneficios y capacidades.

Sin embargo, estimo, que pudiesen ordenarse las contrataciones para los mantenimientos. Pero… para la elaboración de proyectos continúan las grandes empresas “consultoras” de siempre. Algunas crecieron tanto que dejaron de ser consultoras por la acumulación de excesivas ganancias y terminaron asociadas a los grandes capitales. Las desde hace muchos años registradas, les contratan estudios y proyectos, y como no cuentan con profesionales para todas las áreas recurren a subcontrataciones, y los sobrecostos que representan –le cargan sus elevados precios–. Cuando pudiesen solicitarse públicamente que profesionales y técnicos se agrupen en nuevas cooperativas para desarrollar esos trabajos sin “tercerización”. Además menos costosos para la República.

Así como supracostosos han sido, no sé ahora, todos los trabajos dentro de la Industria petrolera tan sólo por realizarse por una contratación fuera de los esquemas normales de la Construcción. Loa concvención colectiva petrolera y se pelea todos mundo por ingresar allí. Una Pdvsa, con una equivocada concepción del pasado, que iguala los permanentes trabajos meramente petroleros –con sus válidas prerrogativas laborales contra la vieja explotación de las trasnacionales– con los ocasionales trabajos de construcción ¿Albañiles, carpinteros y cabilleros petroleros?

Bien. Y ahora el batazo de Chávez: “Exigió eliminar a contratistas del Estado porque son una herencia del capitalismo salvaje”. Coño, por fin. Claro, se había tardado hasta enterarse de las situaciones.

Me he tomado la libertad, en varias oportunidades y artículos, de sugerir que se constituyan cooperativas técnicas con participación de profesionales y técnicos, y los TSU algo menospreciados, junto a trabajadores, para que con ayuda del Estado adelante las obras.

Igualmente constituir empresas de alquiler de maquinarias. Innecesario poseer tanta maquinaria, mucho tiempo paradas, salvo por el ventajismo de la IV que produce. Controlar, eso sí, celosamente las compras con los anticipos de dinero. Fortalecer cooperativas de Inspección. Además de apoyarse en Contralorías Sociales técnicamente calificadas, donde se pueda.

Junto a construir obras de calidad bajaríamos los costos. Crecerían y se especializarían mayor cantidad de técnicos y trabajadores especializados.

Lo llaman Socialismo, ¿no?

¡Patria, Socialismo o muerte! y si ordenamos hasta las contrataciones, adecentándolas, y controlando hacia la calidad y la eficiencia ¡VENCEREMOS!

edopasev@hotmail.com






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Eduardo Palacios Sevillano

Ingeniero Civil. Escritor y caricaturista. Productor radial y locutor. Miembro de la directiva de la Orquesta Sinfónica del Estado Anzoátegui. Miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Bolivariana del Edo. Anzoátegui. Coordinador de la Red de Historia, Memoria y Patrimonio de Anzoátegui.

 edopasev@hotmail.com

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