El consumo

Quantum habes, tantum vales. Proverbio romano

Combustible y fundamento del capital; tiene una doble expresión, cúspide del engranaje mercantil la vez que ruta para llegar a ella. Alma de la estructura social que cohabitamos, suerte de Anfisbena -la serpiente que se muerde la cola-, a medida que corren los siglos pone hoy en riesgo su propia supervivencia a punto de comerse toda ella. La actividad del consumo ha abarcado tanto cuanto le ha sido posible, envolviendo más que invadir el accionar humano, convirtiéndose en la magnitud que reglamenta diariamente, rasa y tasa al sujeto según su “aporte”, para cimentar lo establecido, encasillando al conglomerado en escalafones que van desde imprescindibles a desechables, tal cual hace 3000 años en India cuando las castas determinaban tu puesto en la tierra, porque Brahma “así lo instituía”, de manera que los parias, la más mísera casta, morían “incorruptos” sobre sus míseros paños, esqueletos arropados de su propia mortaja epidérmica en espera de otra vida, la de las nuevas esperanzas según su comportamiento en ésta. Cualquier parecido con el cristianismo es ¿mera coincidencia?

El consumo es la actividad por excelencia que “une” mediante alienación adoctrinada, a los pueblos oxigenándoles la satisfacción de lo adquirido con la expectativa de más adquisición, manteniéndoles la alerta del próximo promocionado según la vivacidad del mercado, menos del tiempo perdido para sí mismos. El consumo es quizás el factor más pernicioso que evita el estímulo a la solidaridad, a la misma espontaneidad. Etimológicamente si se quiere, explica su propio e indetenible absurdo: Con: el prefijo de reciprocidad, de con-junto; sum-, raíz que significa “añadido”. El sufijo infinitivo –ir en este caso procedente del –ĕre (Consumĕre), que trae implicado el hacer, traduciría el conjunto: Hacer añadidos juntos.

Comparar su efecto con algo que lo asemeje transparente, el pernicioso vicio del cigarrillo le va al pelo, ya que tal cual su sensación, es la de proporcionar cierta expectativa de placer mientras se consume, volviendo a renacer las ganas apenas termina la colilla, jamás proporcionando satisfacción absoluta.

Al contemplar en frío el panorama, el pasmo no se puede evitar, pues si a seleccionar vamos, con el criterio consumista, el valor de la calidad imponía cierto vigor de clase que fue cediendo paso a lo efímero como virtud primordial, aceptado sin rechistar por la estructura consumista, así como la ampliación tentacular de los monopolios que a todo lo ha etiquetado. De ahí el epígrafe, que ha tenido muchas variantes en los distintos idiomas, determinando que todo tiene su precio, alias, todo es susceptible al consumo.

La garantía “de por vida” que promocionaron algunos productos, fue bochornosamente acosada por lo desechable, y mientras más virtudes mostrara la mercancía o el “perfecto” producto, más detentaba el riesgo de caída de los competidores, pernicioso, si fomentaba esas cualidades, puesto que estancaría y ahogaría el consumo. Así ocurriría con la Rolls Royce por ejemplo, que tuvo que ceder el campo de sus motores perfectos… a la bancarrota, acosada por los demás imperios automotrices; la hojilla Gillette esfumó a las navajas afeitadoras de acero de Damasco (para toda la vida), las cremas dentales al vaso de agua con sal, el jabón Palmolive al calabacín de estropajo, el vestido de ocasión quedó en el chefonier, hundido por las modas estacionales. Como se ve, pagan tirios y troyanos, se trata de consumo, no de liberarte de él, no es negocio. Aquí no vale solamente que no seas “comunista”, hay reglas de reglas.

Sin embargo, las diferentes innovaciones culturales y tecnológicas que se fueron sucediendo a lo largo de los siglos, dieron lugar a la continua separación de los sentidos, agregando además esta tendencia en el mundo occidental a separar las funciones, las operaciones, las situaciones emocionales, políticas y también las tareas (Mc Luhan). A través del invento de la rueda, Mc Luhan, reconoce a la imprenta el primer intento humano de divorciar la estructura mecánica de la forma animal. Y reconoce que “En este sentido la imprenta fue uno de los viejos oficios que primero se mecanizaron y condujo fácilmente a una mayor mecanización de todos los demás”.

Volviendo al ejemplo de la invención de la rueda, agrega: “Toda criatura en movimiento es una rueda en la que la moción repetida tiene un principio cíclico y circular. Así, las melodías de las sociedades cultas están constituidas por ciclos repetibles. Pero la música de los pueblos analfabetos no tiene esa forma cíclica, reiterativa y abstracta de la melodía. En una palabra, la invención es una traslación de una clase de espacio a otra” (ML: Galaxia Gutenberg).

La voracidad del capital no concientiza para la libertad, antes bien devora todo lo que la incite, ideas, personas, grupos,… países. Sin embargo la oportunidad de hacerse virtud de la élite obligó al “otro mundo” liarse e ir atrincherándose con las armas que desconocía poseer, arrebatadas con la trampa de los oligo poderes, y a través de las mismas elecciones, decidió modelar sus líderes. El objeto a pretender debe ir por el muro que interfiere su autonomía, el consumismo. Que la necesidad defina lo que es necesario es una cosa, pero que un poder ajeno sea lo que lo determine, obligue su uso, y de paso, me amenace si no acepto, estamos hablando de coloniaje, perdon, de esclavitud. Existen “n” intereses por no decir infinitos que aguardan el despertar del ser humano, que le ofrezca los tiempos de bienestar que no posee, tiempo para la creatividad implica desarrollo sin la manipulación del abordamiento consumista.

La mediática tiene que ver en eso de la misma manera que tuvo para subyugar al hombre. La mediática, hija predilecta de la imprenta de Gutenberg, debe hacerse sumamente creativa, estimulante a la nueva visión en contraste de la hipnotizadora consumista. Estamos claros que es necesario modelar a esos interactores, cultores. Propuestas que levanten de la modorra al flojo televidente, al observador pasivo, una ideología creativa, que lo encare al mundo que no se le ha instruido, de modo que al extender su curiosidad, virará su atención más acá de la vidriera, que no son maniquíes precisamente los que lo rodean.

El consumo es finalmente, la esclusa por donde se suicidan las posibilidades de permanencia del hombre en la Tierra. Si se acierta sobre un nuevo combustible que sustituya a los hidrocarburos, la mentalidad depredadora proseguirá por esa nueva vía, pues el saqueo y violación no se detendrían mientras no sea la cabeza de la serpiente la que reciba la estocada: La conciencia. La voracidad imperial creando demandas ficticias u ofertas inverosímiles, depaupera mediante el engaño la propia conciencia humana tal como lo ha hecho con todo, aire, suelo, subsuelo, mares, pueblos. Cada persona se le cala su receta doctrinaria de que cada uno al ser libre, con su trabajo puede lograr grandes fortunas que le brindarán las comodidades que se le antojen. La vida diaria en cambio nos enseña otra realidad, por un lado lo inalcanzable de la meta para el de nulos recursos, por los obstáculos “competitivos” que impiden su ascenso. El capital poderoso arropando y asfixiando las alternativas que florezcan. Y, de triunfar una alternativa o propuesta, no lo será para liberar, al contrario, habiendo aprendido la lección, llegará para cerrar, impedir también las alternativas que surjan y defender el criterio establecido.

Por otro lado el consumista transforma su estancia en la Tierra en un slogan que desprecia, pero que lleva tatuado en su conciencia resignada “vivir para trabajar”. El hecho que se promocione a un hombre nuevo que no sea consumista, que tenga realmente tiempo para su creatividad y libertad, obviamente provoca una gran resistencia en los que no saben de otros parámetros apoyándose en el hincapié de los fracasados intentos socialistas pasados. Es por ello que el consumo adquiere de los 90 hacia acá un poder avasallante a la vez que ha procreado una nueva resistencia sorpresiva, aurora que despierta infatigable la justicia, el instinto de conservación que se rebela a lo impuesto, que avizora y reconoce la vida perdida. Dedos de rosa en el firmamento del nuevo amanecer, hay que verlo así para visualizar un nuevo día.


arnulfopoyer@gmail.com


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Arnulfo Poyer Márquez


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