En vez de interpretar a Venezuela de diferentes maneras, ¡tenemos que emanciparla!

Aplaudimos todos los estudios socialistas serios y todas las reflexiones científicas que se están realizando a lo largo y ancho de Venezuela. Resulta ser sencillamente hermoso ver cómo se politiza un pueblo en medio de un océano de plena libertad de expresión.

Lo que es especialmente notable es el debate sobre el marxismo, el socialismo y el comunismo, sobre la futura praxis y teoría del Partido Socialista Unido (PSUV) de Venezuela. El socialismo y  marxismo original, tal y como lo explicó Lenin, fue el producto histórico de las tres corrientes más desarrolladas del conocimiento europeo durante la mitad del siglo XIX: la filosofía, la economía nacional y la praxis y teoría políticas. Desde entonces, el socialismo y marxismo se han enriquecido a sí mismos y se han convertido en instrumento mundial de la revolución y de la emancipación.

Sin embargo, como advirtieron Marx y el Ché, nuestra tarea histórica no es la de interpretar el mundo de diferentes maneras y utilizar a Chávez como chivo expiatorio, sino la de hacer la revolución en Venezuela.

Es cierto, no existen ni récipes ni catecismos para las revoluciones sociales o socialistas; las revoluciones no se pueden importar ni exportar. Sin embargo, existen pautas en lo referente al socialismo científico y filosófico en la realidad mundial. En este campo tenemos más de 150 años de experiencia socialista práxica y teórica. Por supuesto, en forma del socialismo utópico, es decir no como modo de producción dominante, algunas mentes brillantes y algunos experimentos prometedores sí prepararon el terreno para la negación existente del capitalismo dentro del sistema mundial.

Camaradas, lo peor que podemos hacer es sintonizar a CNN y participar en las diatribas de costumbre contra el ‘castro-comunismo’ y el marxismo, repitiendo la eterna paja ideológica contra nuestra propia revolución y contra nuestro socialismo global. Si estudiamos con mucho cuidado todas las obras del marxismo y del socialismo científico y filosófico, además con el espíritu revolucionario necesario, entonces descubriremos las infinitas lecciones que podrían ser útiles para la Revolución Bolivariana aquí y ahora.

Nuestro archi-enemigo no es Marx, ¡es el capitalismo!

El socialismo es parte intrínseca de la revolución dentro del capitalismo, un producto de las revoluciones francesa e industrial. En nuestra opinión, el socialismo no vendrá "después" del capitalismo como modo transitorio, más bien ya está allí, como su negación permanente. En su cualidad de negación dialéctica, el socialismo sólo perecerá con la aniquilación del mismo capitalismo, impulsandonos o hacia la barbarie nuclear o hacia el comunismo galáctico, en otras palabras, hacia la emancipación humana creativa y creadora.

En estos mismos momentos, contando cada segundo, se está aproximando una brutal masacre en el Medio Oriente, un exterminio de centenares de miles de seres humanos, mediante armas de destrucción masiva, simplemente porque el capitalismo mundial se encuentra en una crisis de vida y muerte. Tenemos que actuar y pensar con bastante rapidez, tenemos que saber qué es el socialismo y activar nuestra auto-defensa.

Claro que el marxismo no está reclamando el copyright del socialismo, ni que su comprensión del socialismo es algo exquisito, ni tampoco que es la única manera para tumbar al capitalismo mundial. Sólo explica, que el socialismo es el opuesto dialéctico del capitalismo, es su lado contrario, y que mientras sobreviva el capitalismo, vivirá el socialismo. Hay que superar a ambos para poder entrar al ámbito de la emancipación humana, a lo que Marx, Engels, Rosa Luxemburgo, Lenin y Trotsky llamaron comunismo. El socialismo no es propiedad privada de nadie ni de ningún pueblo, sino es un tesoro de la humanidad en su totalidad.

Así que este comentario simplemente quiere hacer una defensa del socialismo científico y filosófico, como marxismo viviente. Se dirige en contra del argumento de que Marx habría discriminado a propósito al ‘Tercer Mundo’ y por lo tanto no puede ser de interés para ningún esfuerzo liberador que queremos emprender en Venezuela o cualquier otra parte de América, Asia o África.

Las cosas no son tan simples.

El socialismo no es un asunto personal y no tiene que ver con atacar, ad hominem, a un pensador quien fuera testigo y fiel expresión de los eventos históricos de su época con repercusión a nivel mundial. Equivocarse es humano, pero corregir errores y también los de los demás, esto es sublime. Así que, lo que está en juego a escala mundial en primer lugar no es lo que Marx escribió ignorantemente sobre Simón Bolívar, o el hecho de que llamó a Ferdinand Lasalle un “negro judío”, sino la clarificación de su cosmovisión.

Dentro de la actual guerra de las ideas y de la (des)información, más que un pensador serio podría cometer el error de escribir inocentemente muchas estupideces sobre el Presidente Chávez. Es un hecho que Marx en su tiempo luchó permanentemente, tal como los verdaderos marxistas estamos luchando hoy, en contra de las verdades absolutas, con disposición de rectificar cualquier error en caso de que se presentaran datos auténticos y evidencias concretas. Negarle a un marxista o a un socialista esta posibilidad es no entender de lo que se trata del socialismo científico y filosófico.

Toda persona política revolucionaria y excepcional es una realidad socio-histórica de su tiempo, no es un profeta ni posee una bola de cristal para ver el futuro. Sólo tiene información y datos limitados sobre los eventos mundiales, especialmente en un mundo donde las ideas dominantes son las ideas de las clases dominantes. Si hoy en día la mayoría de los europeos no saben casi nada sobre el 'Tercer Mundo', entonces en los tiempos de Marx debe haber sido aún peor.

Porque son los grandes dioses, ideas, hombres y razas que hacen la historia, y no las clases trabajadoras y los trabajadores, quienes no dictan el rumbo del proceso de producción, por eso tenemos una realidad burguesa y capitalista. Cualquier verdadero análisis científico revela, que durante el siglo XIX no existió una verdadera posibilidad anti-capitalista en África, Asia y América Latina para tumbar el capitalismo mundial y avanzar hacia el socialismo. Marx afirmó que las únicas fuerzas que hubiesen podido cambiar el rumbo de la historia por completo, fueron los trabajadores de los países metropolitanos. De hecho, con su victoria en Paris en 1848, con la Comuna de Paris, con sus ‘repúblicas’ de los trabajadores, pavimentaron el camino para tumbar el capitalismo en sus fases tempranas.

Una cosa para los esclavos coloniales de facto es tumbar modos decadentes de producción de agricultura feudal mediante las guerras de liberación, como las libradas en contra de Portugal y España; otra cosa es luchar como esclavos asalariados contra un imperio británico colonial capitalista. Para esto se necesita una praxis y teoría socialista, lo que el 'Tercer Mundo' no industrializado no pudo desarrollar en su momento por razones simple y dolorosamente históricas. Hasta el día de hoy se siguen proponiendo formas obsoletas de la lucha de liberación, como lo son, por ejemplo, el "socialismo cristiano", la ideología y práctica cristiana.

Marx, y luego los marxistas hasta después de la Primera Guerra Mundial  intra-imperialista, simplemente indicaron los hechos tales como eran. La cuestión colonial y sus tesis sólo fueron discutidos en la Tercera Internacional luego de la muerte de Lenin. Para nosotros, los pobres y discriminados del Tercer Mundo, hubiese resultado muy progresista si los teóricos marxistas hubieron hecho lo contrario, es decir, trasladar el sujeto de la revolución a Oceanía por razones del liberalismo competitivo o por amor cristiano, sin embargo, no hubiese sido real. Sólo más tarde, en el capitalismo monopolista las cosas cambiaron radicalmente, y se introdujeron el anti-capitalismo y el anti-imperialismo fuera de Europa, especialmente en Asia.

En el caso de África, necesitábamos la Conferencia de Bandung, el movimiento de los No-Alineados y el 5to Congreso Panafricano, antes que el socialismo africano podía posicionarse seriamente en la política mundial. De la manera contraria esto hubiese sido una absurdidad. Sería como si hoy se dijera que los pueblos indígenas del Tercer Mundo podrían ganar una contundente victoria militar contra las fuerzas malignas de la OTAN y establecer el socialismo del siglo XXI en la Amazonía.


¡Quién sabe, quizás con una nueva lógica, ciencia y filosofía realmente lo lograrían! Shakespeare advirtió: “Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horatio, que las que tu sueñas en tu filosofía”.

Para Marx, el socialismo no era pobreza comunista cristiana, es decir, no era vender todo que uno posee para dárselo a los pobres y después vivir como un mendigo medieval en el medio de una producción explotadora de los demás. No se trata del socialismo caritativo, de la distribución igual del vino y del pan, que produjo el trabajo explotado de los esclavos. No se trata de la distribución equitativa de la ‘riqueza’ obtenida por el trabajo explotado. Marx consideraba el socialismo un modo de abundancia, un modo para resolver los problemas básicos de la humanidad, causados por la producción laboral capitalista.

Además, al capitalismo liberal se le consideró simplemente como modo de producción transitorio. Marx y Engels pensaron que la revolución socialista llegaría durante sus vidas. Incluso vieron a la revolución socialista en los países metropolitanos revelándose como un acto histórico pacífico. Por eso no podemos reprocharles a estos pensadores el no haber considerado la revolución socialista en el ‘Tercer Mundo’ en el siglo XIX (ni mucho menos en el siglo XXI).

Durante la mitad del siglo XIX, en el mundo colonial, que hasta el día de hoy sigue siendo explotado, dominado y discriminado sin piedad, no existió el nivel necesario de una producción tecnológica y capitalista. En América Latina existieron algunas posibilidades, pero el capitalismo mundial las echo a perder. Incluso si hubieran habido rebeliones masivas como más tarde en Vietnam o China, nunca realmente existió la verdadera base económica para el socialismo o comunismo productivo global, para una dictadura poderosa del proletariado mundial contra el horroroso imperialismo. La Unión Soviética de Stalin sólo era una caricatura de lo que debería ser una fuerza socialista poderosa. Donde sí existieron condiciones más que maduras, como lo predijo Marx, fue en los países metropolitanos.

Mientras tanto, la posibilidad para una revolución socialista a nivel global es real y final.

Sí, como nunca antes existen condiciones para realizar el socialismo a escala mundial: la totalidad de las condiciones existentes que niegan el orden mundial capitalista, todas aquellas tanto objetivas, como subjetivas y ‘transyectivas’.


Nuestro argumento es dialéctico. Tenemos que interpretar y cambiar el mundo. Nuestra afirmación actual es el capital, es un modo de producción, es el capitalismo que evolucionó desde la esclavitud hasta la auto-destrucción, desde las formas primitivas de acumulación hasta el liberalismo competitivo, el imperialismo mono y oligopólico, el corporatismo, la militarización y ocupación espacial, que ya están destruyendo los mundos macro, meso y micro-cósmico, creando monstruos naturales a la Frankenstein y zombis sociales.

Esto es nuestra realidad mundial contemporánea como evolucionó a través de los últimos dos siglos. La negación de todo esto, de la acumulación perversa, de las giga-ganancias y del infinito poder militar según Marx es el Trabajo, que para nosotros es la relación unilateral y perversa entre la naturaleza y la sociedad.

Marx explicó, cómo la energía vital humana, el eros y el orgon, fueron transformados en fuerza de trabajo barata para su venta en el mercado mundial capitalista. La resistencia contra esta enfermedad que enajena y deshumaniza la humanidad se llama emancipación. Esta se dirige contra la conversión de los seres humanos en esclavos asalariados y en trabajadores físicos y mentales.

Fue Adorno el que acertó quizás en un sentido normativo, cuando afirmó que dentro del sistema mundial nos encontramos con una dialéctica negativa. Cum grano salis, con todo el respeto necesario, casi todas las revoluciones ‘socialistas’ y esfuerzos revolucionarios, todos los intentos revolucionarios del Trabajo, especialmente en el Tercer Mundo, fracasaron en tumbar el imperialismo mundial y no alcanzaron su objetivo emancipatorio. De manera similar, el Trabajo también fracasó en los países metropolitanos, peor aún, en el Norte se está madurando cada vez más el globofascismo y esto es de que se trata realmente.

Marx y los marxistas cometieron el error de basar su apuesta revolucionaria solamente en el socialismo del Norte, de donde ahora provienen los Actos Patrióticos de la barbarie. Esto no es un asunto de obsolescencia, de la victoria del capitalismo fascista, más bien el descubrimiento de Marx era una posible manera de salvar la humanidad de sí misma y de la auto-aniquilación.

El capitalismo es un problema de la especie humana, y en este caso es de relevancia, que Jesucristo NO murió 1789 en Francia bajo la guillotina,  que Marx NO nació en Nazaret y que Napoleón NO luchaba en la Guerra Peloponesíaca. El Capitalismo es loco y caótico pero no es estúpido e ignorante, sigue unas leyes tendenciales de desarrollo, y fue precisamente Marx quien las descubrió.

El capitalismo nació en el Mediterráneo, se desarrolló a través de Italia, Bélgica y Holanda hacia Gran Bretaña, luego invadió a Alemania, mientras España y Portugal como imperios mundiales se estaban muriendo en agonía feudal y religiosa. El capitalismo y su otro lado, su negación, el socialismo, no nacieron en el Monte Kilimanjaro para después emigrar al Monte Everest y finalmente establecerse en el Pico Bolívar. En este caso, Marx nos hubiese mostrado el futuro de Europa en el espejo natural del Pico Espejo.

El hecho de que Marx y Engels celebraron la invasión de México por los EE.UU. y la de la India por los británicos, tiene que ver con las barreras de su tiempo, con el impacto de la Revolución Francesa, que también captó a los ilustres próceres como Miranda y el propio Bolívar. Sin saberlo, estaban celebrando las venideras bombas capitalistas arrojados sobre Hiroshima y Nagasaki, las invasiones militares del Norte en el Sur. En aquél entonces, cuando se encontraron demasiado cerca al momento fluyente de la historia, no podían ver las consecuencias, que la libertad, igualdad y fraternidad iban a tener para el mundo entero. Todo esto, sin embargo, no los vuelve obsoletos.

Los pensadores burgueses de la Ilustración como Montesquieu y Voltaire eran racistas reaccionarios, algunos de ellos incluso estaban vinculados con el comercio africano de esclavos, y no obstante Marx y Bolívar estaban fascinados de sus ideas capitalistas. La África revolucionaria ciertamente no está tan fascinada de las ideas fascistas de Montesquieu y ni siquiera de su filosofía política capitalista.

Sabemos esto y no hay razón alguna para condenar cualquier bolivariano o marxista de esa época. Ellos simplemente no podían saltar sobre sus propias sombras revolucionarias francesas. Pero en el campo de la emancipación humana ambos revolucionarios, Marx y Bolívar, trascendieron sus propias debilidades y son millones de personas que los aman y admiran. Esto vale para nuestras generaciones, para el Presidente Hugo Chávez Frías y también para las generaciones futuras.

Finalmente, no es un asunto de quién va primero, de último o nunca al socialismo. Marx, Engels, Lenin y Trotsky todos afirmaron categóricamente que el socialismo o el comunismo es un modo global de creatividad, creación y emancipación humana.

Ellos nunca dijeron que el ‘Tercer Mundo’ no tiene nada que ver en absoluto con la liberación y con la lucha de clases: “Por lo tanto toda historia era la historia de la lucha de clases.” Esto lo describieron los pensadores burgueses mucho antes de Marx. El colonialismo del ‘Tercer Mundo’ es capitalismo, es lucha de clases.

De hecho, en El Capital, Marx estaba describiendo el cruel nacimiento del mercado mundial capitalista, “chorreando de sangre desde la cabeza hasta los pies.” Este triángulo como lo describió Walter Rodney, originalmente consistía y sigue consistiendo de tres partes principales: Europa – África (Asia) – América – Europa. Ha cambiado mucho a través de los siglos, pero Marx sí explicó la contribución brutal de la África esclavizada, la Asia saqueada y violada, y la América subyugada hacia la acumulación perversa de la riqueza y el poder europeos. Luego fueron marxistas como Ernest Mandel, pero también científicos serios no-marxistas que, utilizando categorías socialistas, nos facilitaron datos y cuentas precisas sobre las dimensiones genocidas de este holocausto mental y físico.

Así que, para África o Asia no se trataba de ‘esperar’ el día del juicio final. Especialmente en el mundo colonial, como lo explicó Frantz Fanon, todas las condiciones subjetivas para la revolución mundial fueron destruidas sistemáticamente por la Europa capitalista. Todas las relaciones coloniales de tipo amo-esclavo, todos los procesos educativos y religiosos fueron dirigidos contra el marxismo, contra toda forma de anti-capitalismo y anti-imperialismo. Hasta hoy día sufrimos de alienación crónica y somos devorados por este holocausto mental que llaman la "civilización cristiana occidental".

Luego de 500 años de ultra-colonialismo portugués y de catolicismo romano en Angola, Mozambique y Guinea-Bissau, fueron Agostinho Neto, Samora Machel y Amilcar Cabral que tenían que decirnos, que no había ni una sola universidad en sus colonias liberadas y que no había ningún niño africano capaz de dibujar a su propia querida madre, salvo con ojos azules, piel blanca y cabello rubio. Además, pintaron blanco a todos los ángeles y negro a Chaka y Dingaan, como monstruos salvajes. Esto es el colmo de la alienación. Con una 'conciencia' de clase como esta, es imposible entender el marxismo o hacer la revolución mundial por donde quiera en el globo terráqueo.

Oroginal publicado en Inglés:
Instead of interpreting Venezuela in different ways, we have to emancipate her
http://www.vheadline.com/readnews.asp?id=75021
tennyson@franzlee.org



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Franz J. T. Lee


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