¡Por qué hay que votar! (II)

Estamos apuntalando la restauración del pasado ¿Cuáles son las razones de fondo por las cuales debemos votar? Votar para la mayoría de los venezolanos es una catarsis. Drena la angustia de ver siempre al país como un pozo de agua estancada. Crea la ilusión del cambio, ejercido de una manera cómoda – donde una mayoría tiene ese día como pretexto para los reencuentros, para tener de qué hablar, para despotricar del gobierno con "libertad", la misma ilusión de libertad y de cambio que le proporciona el acto de votar–. Es un día donde muchos se sienten poderosos. ¡Nadie va a perderse, aunque sea una vez, de sentirse con poder, como un vicioso no desaprovecha un sólo momento de felicidad!

Votar embruja a los venezolanos los cuales no se detienen en pensar en los momentos de desilusión, solo el voto importa. Lo cierto es que lo han hecho muchas veces y todo empeora, cada elección tiene el efecto psicológico de una brazada de alguien caído en un pantano movedizo, es un reflejo de supervivencia inútil… ¡Si tan solo hubiese un compromiso del elector que fuera más duradero! ¡Si tan solo el elector saliera a la calle a defender las razones de su elección para que no lo sigan utilizando los aspirantes!... Es solo un ritual, y nadie se queja de los rituales, como nadie se queja de la comunión en la misa.

Votar sin compromiso social, sin socialismo no tiene sentido. No se trata de la sencilla responsabilidad del aspirante con sus electores, sino del compromiso de todos con la sociedad. Por encima del voto debe haber una meta social común, un objetivo social. Si para los norteamericanos el modelo de vida es el de la libertad de elegir, de consumir, de explotar, de invadir países, para nosotros debe haber un modelo de sociedad que sea justo con nuestras sociedades, con nuestra herencia y temperamento y con nuestras necesidades como pueblo sometido y colonizado, que obviamente no es el mismo norteamericano. Aspirar a ser una "Venezuela potencia", pero económica, sin independencia del capitalismo, a la manera capitalista es la estupidez más grande que ha parido este gobierno.

En este momento, argumentar a favor de las elecciones es tan absurdo (o tan osado) como argumentar en contra de ella, pero por razones distintas, o que van en direcciones contrapuestas.

En el fondo también se trata de un asunto de la psicología de las masas. En las condiciones de fragmentación en las cuales se encuentra nuestra sociedad, incapaz de reconocerse como lo que es, resulta imposible sacar a cada individuo de su covacha, es como quitarle la cobija a un indigente que lo protege de la intemperie, para que vaya y defienda intereses comunes; ya no existen tales intereses comunes, cada quien se ocupa de lo suyo, y las elecciones forman una de las capas de esa protección, las elecciones es lo que llaman ahora los presentadores de televisión "una zona de confort", la forma más fácil para cumplir con el país sin comprometerse con él.

Es por eso que resulta cuesta arriba exigirle a una sociedad disuelta y alocada que reacciones en contra de la estafa de las elecciones. Es absurdo si nadie está dispuesto a cambiar el sistema.

Es aquí es donde cobra importancia la vanguardia política, es aquí donde emergen los verdaderos líderes y capitanes de pueblos.

Lo más sencillo del mundo es ser candidato, "líder de papel" y ofrecer lo que nunca se va a cumplir, aprovechándose del cheque en blanco que entrega cada elector al momento del sufragio. El sistema electoral actual no es malo porque se manipulen los resultados, es malo porque no obliga al aspirante, no lo puede comprometer con sus ofertas, no hay manera expedita y efectiva para que sea sancionado si éste no cumple, ni siquiera de ponerlo preso si rompe la norma. NO sirve porque la gente tampoco se compromete con su poder elegir o de protagonizar de manera efectiva ese poder; es simple testigo de su candor, de su propio engaño. Por eso todos son líderes en tiempo de elecciones.

Sin embargo, en tiempo de elecciones, en tiempo de crisis institucional y social, es donde deben emerger los verdaderos líderes para ir en contra del "sentido común", en una sociedad amedrentada y descompuesta, incapaz de defenderse. Es en estas circunstancias tan adversas dónde se imponen las ideas de cambio y la palabra y determinación de la vanguardia. ¡Fácil es ser candidato! ¡Difícil ser un líder verdadero! Difícil es imponer una idea de cambios revolucionarios, un "imposible", una idea blindada de engaños y engañadores.

Por eso decimos que, No ir, ni llamar a elecciones es absurdo, si no hay la suficiente fuerza viril para atreverse a continuar con la revolución socialista, si ya no hay quién crea en las grandes ideas, en Chávez y en el socialismo, en su última propuesta de plan de acción política, desechado y astutamente falsificado por estos tontos, oportunistas irresponsable, que nos gobiernan.

Sin una vanguardia chavista y socialista es absurdo pedir que la gente no vote, pero no es imposible que aparezcan revolucionarios dispuestos a frenar esta tendencia restauradora del pasado. Solo lo que parece imposible vale la pena de conquistar, lo posible ya lo tenemos, no sirve y no lo queremos.

¡Patria socialista o muerte! ¡Socialismo o barbarie! ¡Volvamos a Chávez y vayamos en contra de la lógica del capital!



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Marcos Luna

Dibujante, ex militante de izquierda, ahora chavista

 marcosluna1818@gmail.com

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