El debate sobre el Partido UNICO

El pasado viernes 15D, el Presidente Chávez planteo tal vez la proposición más importante para estabilizar el sistema político venezolano: la conformación de un partido único dentro del marco del pensamiento socialista. No se puede tratar de un “partido de masas” a la usanza de las tradicionales y fracasadas organizaciones políticas, encubadas durante el siglo XIX, incapaces de adaptarse a un entorno social sujeto a continuos y profundos cambios. Transformaciones derivadas de un avance exponencial de las ciencias con la incorporación de tecnologías que modifican inacabadamente las relaciones sociales. Tampoco es la configuración de un “partido de cuadros”, con unos “caciquitos” locales, con una supuesta “inserción social”, constituyentes de una “vanguardia esclarecida” capaz de conducir un pueblo de inconcientes. Hay allí, aparte de una soberbia irracional, el núcleo de una “nueva clase” opresora con el mismo discurso alienante destinado a usar las masas como instrumento para la codicia por el poder. Se parte allí de la creencia falsa de la ignorancia, indolencia e incapacidad de los sectores tradicionalmente postergados dentro de las comunidades políticas. La sola sobrevivencia de los miembros de esas clases, muestra su inteligencia y su habilidad para subsistir en una realidad humana en la cual “el hombre ha sido lobo del hombre”.

La primera condición del partido propuesto es ajustarse a las contradicciones presentes en nuestro ambiente social. Y de ellas, la más notoria es la presencia de un dualismo que divide nuestro pueblo. La convivencia de unos enclaves de la modernidad, sustentados en el capitalismo industrial, dominada por un sector financiero especulativo, con la mayoría inmersa en una economía tradicional de subsistencia. Si no se rompe esta situación generadora de una antinomia entre dos culturas, la de acumulación, derivada del empleo, y la del superviviente, nacida de la ocupación, no es posible pensar en la paz y la estabilidad política y social del país. Dentro de ese cuadro, las ideas de la libertad y la igualdad son irrealizables absolutamente.

El nuevo partido socialista debe agregar a los venezolanos convencidos de la necesidad de superar este dualismo para crear una cultura política consensuada que oriente su conducta, tanto en sus relaciones domésticas como en las internacionales. No para imponer “la cultura del gallinero”: los que están arriba, circunstancialmente, defecan sobre los que están abajo. Y no es sobre la base de “modelos” prefabricados, que al enunciarse ya son obsoletos por los cambios tecnológicos. Sería el partido que enfrentaría las tendencias conservadoras, por demás legítimas, de aquellos que le temen al cambio por la incertidumbre que este genera. El humanismo, y el socialismo como su mejor expresión, se fundamentan en la ciencia y no en mitos. Y el paradigma actual del conocimiento se basa en el cambio permanente de la realidad, por la acción dialéctica, que abre incesablemente posibilidades para promover el ascenso humano.


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Alberto Müller Rojas


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