El capitalismo criminal

Es frecuente escuchar algunos políticos de izquierda quienes para referirse al capitalismo utilizan el calificativo de salvaje, es decir "el capitalismo salvaje". Debo señalar que este término está algo desvirtuado, en el entendido que la palabra salvaje está referida a los animales y vegetales que viven en la selva, en la naturaleza, lejos del contacto "civilizatorio". Ser salvaje normalmente implica tener un vínculo con el medio ambiente o naturaleza, mucho más directa y menos contaminada por las diversas tecnologías creadas por el ser humano a lo largo de la historia. Es evidente e imposible negar que en la selva sus habitantes mantienen un equilibrio que permitió la supervivencia de miles de especies a los largo de millones de años. A pesar de que en esa jungla predomina la ley del más fuerte, dicha armonía entre sus habitantes no se rompe.

Indudablemente que capitalismo y salvajismo no tienen ninguna vinculación, mejor aún, si tildáramos de humanos a los animales y a los miembros de las tribus que viven en la selva retirados de la civilización esto sería una afrenta, una ofensa, dado que son los "humanos racionales" y no los salvajes los responsables de la destrucción de sus congéneres. Y para llevar a cabo esta catástrofe, los bípedos, el "rationalis homo", es decir el hombre racional, inventó un modelo político-económico-social que propicia la destrucción de la naturaleza y como secuela, la desdicha de los seres humanos. Me refiero al capitalismo, no al mal llamado capitalismo salvaje, sino al capitalismo criminal. Este modelo, en nombre del desarrollo económico, basado en la concentración de enormes riquezas en manos de unos pocos, es el responsable de la destrucción del medio ambiente: el envenenamiento de las fuentes de agua potable, de la tala indiscriminada de los bosques, el calentamiento global, del enrarecimiento del aire que se respira en el planeta, de la desaparición de las especies animales (entre ellas la gente) y vegetales, la invención de armas mortíferas para acabar con sus semejantes, entre tantos de los males que azota la Tierra, cuyo futuro está en peligro de extinción en caso de que el capitalismo criminal continúe subyugando parte de nuestro globo errabundo.

El capitalismo criminal no es salvaje, es humano, porque son los humanos los que encierran en su cerebro la maldad, el egoísmo, los instintos criminales, la malevolencia contra sus semejantes, el racismo, la exclusión, la envidia, entre tantos resabios que lo convierte en un delincuente en potencia. El capitalismo criminal está concebido por una clase dominante que entiende el poder para hacerse rico y para esto necesita asesinar a mansalva para apoderarse de las riquezas ajenas.

El capitalismo criminal cada día innova, desarrolla nuevos métodos para avasallar por la fuerza o mediante técnicas de dominación sicológica. Crea y desarrolla centros de investigación científica, aplica tecnologías de punta, manipula a las personas mediante las mass media, entre tantos mecanismo de los que se vale el capitalismo criminal para dominar al mundo, en la búsqueda de la uniformidad del comportamiento. Y lo peor de todo, fabrica armas letales a granel para mantener amenazado a miles de millones de habitantes que hacen vida en el planeta.

El capitalismo criminal no es una abstracción es algo concreto, tangible, no es solo un modelo político-económico-social, este sistema está representado por todo un engranaje financiero, industrial, político, religioso y militar, que son los que hacen posible que dicho modelo se imponga por la fuerza en buena parte del planeta y como consecuencia, responsable de los millones de muertos. Seres que abandonan el mundo de los vivos, algunos desde muy temprana edad por culpa del hambre, la pobreza y las guerras y otros, los más adultos, por la explotación inmisericorde de los seres humanos en la fábricas, minas y en otros trabajos, donde los obreros fallecen muy jóvenes a causa la faena excesiva a los que son sometidos.

La internacionalización del capitalismo neoliberal criminal dio origen a la globalización que relega los valores humanos elementales, que proscribe la sensibilidad a escala nunca vista, permitiendo que las personas acepten pasivamente la imposición de la cultura dominante creada y propagada desde los centros de dominación mundial. Aquí es donde aparecen nombres como Exxon Mobil, JPMorgan Chase, Apple, Citigroup, Abbott Labs, Conoco Phillips, Bae Systtems, Airbus, Leonard, General Electric, Ford, FMI, BM, BNP Paribas, Mitsubishi, Bank of America, Banco Santander, el Novo Banco de Portugal, Sistema de la Reserva Federal de EEUU…entre las pocas empresas, que para la mayoría de las personas son desconocidas, las mismas que dominan casi el 90 % de las finanzas y el comercio en el ámbito mundial. Son estas sociedades mercantiles las responsables de lo que sucede en el mundo, de las catástrofes y las desgracias que actualmente padece la tierra. No son más que mafias financieras e industriales que operan tras la apariencia de una supuesta legalidad, amparadas por gobiernos cómplices de corte neoliberal.

Estos gangs financieros e industriales funcionan a través de operadores que tienen nombres y apellidos, algunos ingleses, otros franceses, también italianos, jaeneses y chinos. Se cuelan en esta lista algunos latinos que por lo general aparecen "engalanados" en la revista Forbes como los hombres más ricos del mundo. Debo destacar a Jeff Bezos, Bill Gates, Osamu Masuko, Carlos Slim, Amancio Ortega, Mark Zuckerberg, Larri Page…son estos pocos capitalistas los que disfrutan del 90 % de la riqueza del planeta. Que si bien estos acaudalados no aprietan el botón ni el gatillo para matar a sus semejantes, son estos los responsables de mantener este estado de desasosiego en el que vive los habitantes del planeta.

Existen otros operadores siniestros dentro del capitalismo criminal. Estos son los políticos neoliberales, los representantes de la derecha internacional, quienes en alianza con los banqueros, ejecutivos industriales, socios de los cruentos emporios fabricantes de armas, de los accionistas de las empresas energéticas, los mafiosos lavadores de dólares, los avaros adinerados quienes permiten el oprobio y la miseria de los pueblos, a cambio de copiosas regalías, traducidas en cuentas en los grandes paraísos fiscales. Estos operadores del capitalismo criminal son los políticos como Donald Trump, Justin Trudeau, Emmanuel Macron, Marcelo Reblo de Sousa, Pedro Sánchez, Theresa May, Jair Bolsonaro, Iván Duque, Mauricio Macri, Sebstián Piñera, Martín Vizcarra, Álvaro Uribe, Luis Almagro entre tantos que consienten que los habitantes de los países que ellos gobiernan sufran los rigores del neoliberalismo. Inclemencias, como frenar el crecimiento económico, el incremento del racismo, la privatización de las empresas nacionales, el endeudamiento, la violencia contra la niñez, el maltrato al adulto mayor, el aumento de la pobreza, la explotación desmedida del medio ambiente, las políticas de ajustes del BM y del FMI, la agricultura contaminada, la disparidad del comercio mundial, el desempleo, el crecimiento de la discrepancia entre ricos y pobres, la desigualdad de la mujer y la práctica creciente de la violencia contra ella. Y para finalizar, el silencio cómplice ante los abusos de los países imperiales en lo que se refiere el uso indiscriminado de armas mortales, sanciones y bloqueos económicos contra otros países.

Lamentablemente en Venezuela tenemos los operadores del capitalismo criminal, socios y beneficiarios del capitalismo delictivo internacional que está empleando una guerra económica, terrorismo financiero, cruentos bloqueo y sanciones contra la población venezolana, en componenda con agentes extranjeros. Estos genocidas, criminales de guerra, como Juan Guaidó, Julio Borges, Carlos Vecchio, Leopoldo López, Freddy Guevara, María Corina Machado, entre otros aspiran llegar al poder para entregar las riquezas pertenecientes al pueblo venezolano. Son ellos los responsables directos de las muertes de numerosos venezolanos que por ausencia de medicamentos, por el bloqueo criminal de las cuentas bancarias no pueden ser atendidos en clínicas y hospitales y como consecuencia, han fallecido dentro y fuera del país. El mundo permanece impasible ante el crimen de lesa humanidad que se está cometiendo contra Venezuela y como la justicia internacional está dominada por los gobiernos neoliberales, esta permanece inconmovible ante tantos abusos de poder. Nunca debemos olvidar los nombres de aquellos, que de venezolanos solo tienen una partida de nacimiento, para que en algún momento sus delitos lo paguen tal como lo merecen los asesinos y traidores de su talante. Como siempre debo recordar palabras del titán de la libertad de América, quien en una carta a Esteban Palacio, en 1825, escribió: "Llamo humano lo que está más en la Naturaleza, lo que está más cerca de las primitivas impresiones". El capitalismo para ser más humano debería ser salvaje. Lee que algo queda.



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Enoc Sánchez


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