Control de daños: volvamos al Plan de la Patria y a Chávez

¿Qué tenemos? Una sociedad herida, fragmentada en intereses individualistas. Cada miembro desprovisto de sociedad se pierde en la premura por conseguir comida, leche para los niños, antibióticos y antialérgicos, arroz, depositar lo de la caja del clap; la urgencia no deja tiempo para pensar en los espacios comunes, en los asuntos que conciernen a todos, en el país, pensar la sociedad en su conjunto. Las calles son un basurero y a nadie le importa, niños descalzos comiendo de la basura y a nadie le concierne (pero Maduro insiste en que los niños son la prioridad); cada ser que habita la ciudad solo es una oportunidad para vender algo, o sacar una billetera de algún bolsillo; la amistad es una apuesta en un juego de truco, o un remate de caballos, tu vecino es una molestia. Todo nos parece muy familiar, inclusive la caja del clap, correlativa a la de Don Chepe, el político demagogo de "Por estas calles".

Entonces, hemos retrocedido en el tiempo a los últimos años de la cuarta república, estamos de vuelta a los angustiosos años del gobierno de Caldera, o de Carlos Andrés Pérez cuando se descalabró la educación pública por falta de estímulos materiales, sociales y morales, y desertaron a montones los profesores y los estudiantes de educación media, en aquel entonces se descompuso la sociedad sometidos a la ignominia del capitalismo salvaje. Todos estuvimos como lobos desesperados por sobrevivir. Se trata de la restauración de la vieja Venezuela, con sus miserias y todo lo demás.

Si alcanzar el mínimo de felicidad para una vida digna no depende de nosotros mismos, ni siquiera como sociedad organizada, es porque cada quien está buscando la suya por su lado, actuando de su propia cuenta. Hoy no hay gobierno, hay líderes pero no hay liderazgo, el gobierno solo sirve para impedir el desempeño social, la organización social, impedir que cada individuo se asocie con su vecino para corregir los problemas comunes. De seguro que hoy, el chavismo popular despedazado y desamparado, sin un modelo político y moral definido y comprometido, un guía claro, simplemente dejaría el país graneaito, poco a poco, pero no puede, no tiene dinero. Es impresionante con qué facilidad cualquiera deja el país, sin muchos escrúpulos revolucionarios o patrióticos, las ideas de "superarse en la vida" y vivir decentemente dominan la conciencia de los migrantes y los que hacen cola para salir; la clase media y la no tan media, tirando a pobre. Venezuela entera sería un territorio fantasmal, si la gente tuviera cómo irse. Pero no todos nos vamos, así no seamos libres de cambiar las cosas dentro del país, atados de manos con el chantaje de la paz, la promesa madurista de la Venezuela Potencia (capitalista) y las amenazas de invasiones.

Vivimos en un limbo, hechizados, gracias a unas elecciones inútiles y a la tozudez del gobierno por improvisar un remate público de nuestros recursos y empresas públicas para poder pagar sueldos y seguir repartiendo dólares, o lo que sea, entre la pequeña sociedad de los más vivos. El gobierno insiste en distraernos del socialismo y de Chávez, con amenazas de invasión, promesas y mentiras, y distraernos de un resultado cantado a favor de los ricos oligarcas capitalistas, del mismo imperio y de los burócratas facilitadores.

No existe una inminente invasión de los Estados Unidos o de Colombia. Lo que hay es presión, como quien aprieta una manga de pastelería, para que poco a poco soltemos todas nuestras riquezas, todo nuestro patrimonio, la base material que necesitamos para organizar y hacer funcionar el país de Chávez, la Venezuela verdaderamente independiente y socialista, otro país distinto a este de ahora, uno mejor y más digno, organizado y civilizado, sí, un país civilizado.

Los socialistas No queremos el país que más consume cosas caras e inútiles, lujos, o desarrolle ciudades industriales para producir explotación, o construya centros comerciales súper modernos y un mercado abierto a todo tipo de basura, queremos un pueblo educado, de hombres y mujeres cultos y honestos, sanos, libres, capaces de decidir a través de la acción social, de la organización social, de la comunión de intereses. Eso es distinto a consumirnos de elecciones en eleciones donde no hay elección: o votas por aprovechadores capitalistas o votas por otros aprovechadores con más soluciones capitalistas.

En estás elecciones la opción de la independencia y el socialismo no aparece por ningún lado, sin embargo es la candidatura del pueblo socialista organizado y consciente, siempre estará latente en la acción de un chavismo resuelto y comprometido, ahora capturado en un hechizo de hambre y promesas vanas sostenidas, cada vez más pálidas.

Precisamente lo que no quiere el gobierno es la acción directa de las masas en los asuntos que a ellas les concierne: las entorpece con el cuento de la paz, con el fantasma de la violencia… ¿Cómo lo hace? El grupo principal que lidera el gobierno asusta a las masas chavista con la violencia y sostiene a la población chavista pasiva, en la paz de los bobos, la paz es un chantaje mientras la violencia continúa como hambre y explotación. También es un chantaje el carnet de la patria y sus bonos (un bono de esos no compra una caja de antibióticos, o un kilo de carne) y las cajas de los clap, las cuales sub alimentan a la población (y ellos lo saben pero no hablan de eso), para que esa parte del pueblo que los ha mantenido en el poder hasta ahora, no puede pensar, criticar, ni siquiera dejar de votar. Ahora los funcionarios del gobierno, con el argumento de que no hay que darle razones a la oposición, reprimen las críticas sobre todo lo que está mal dentro de lo que está mal, hasta las manifestaciones más inocuas son reprimidas con la guardia nacional; el presidente nunca explica con claridad sus intenciones, sus discursos son repetitivos y brumosos. El gobierno evita que su propia masa se movilice verdaderamente, que se politice, que debata sobre las posibles soluciones de los problemas locales y nacionales, que decidan sobre la dirección que debe tomar el país, que intervenga en las dediciones vitales que se toman ahora ejecutivamente, en asuntos que nos concierne a todos, como la economía, la producción y la distribución de la riqueza.

El ejemplo más claro es lo que se hizo en al Arco Minero. No es posible que una pequeña caterva, entre ineptos y oportunistas, haya resuelto sobre algo tan importante como fue entregar ese territorio a consorcios extranjeros, algunos execrados por el mismo Chávez (Gold Reserve), otros con prontuarios larguísimos (Barrick Gold); cuatro pendejos pusieron a la disposición y voluntad de privados, 110.000 kilómetros cuadrados, más del 10% del territorio nacional. Eso ha debido ser una decisión de todos los venezolanos en un referéndum por la importancia que tienen esos reservorios para la vida y el futuro de del país y del planeta.

Sin embargo, todos los que apostamos por Chávez debemos hemos debido decidir sobre el modo de producir nuestra riqueza, el sistema producción que queremos para generarla, y no un grupito de confiscadores y usurpadores del poder popular y manipuladores de conciencias.

Eso lo sabe el gobierno, por eso cultiva y sostiene la disolución de la masa chavista con sus chantajes y su terapia de shock, los bonos y cajas de comida mala de tercera categoría, las colas, el hambre, que además distraen del enemigo verdadero, el capitalismo y el modo de producción capitalista, responsable de sus males y los de toda la sociedad. Por eso el gobierno nos embauca con las elecciones, para que el chavismo no se movilice en otra dirección; le es indispensable paralizar y anular la fuerza revolucionaria de las masas, desarmarla de la conciencia, manipular su paciencia con el fin de favorecer sus ambiciones personales y a los mismos empresarios oportunistas de siempre.

Si hay que volver a algún punto de restauración que sea al de Chávez vivo redactando el Plan de la Patria, retomar el plan, su ética, su entusiasmo.

 



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Marcos Luna


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