¿Y ahora?

Cuestión inmediata y fundamental: ¿La victoria del bolivarianismo en el 15-O significa un cambio coyuntural en lo que la correlación de fuerzas proletariado x burguesía haya alcanzado un nuevo nivel cualitativo hasta el punto de instalar una crisis revolucionaria? Pues es eso mismo de que se trata para nosotros los marxistas, desde que es este el punto en lo que se pone la toma directa del poder directo por el proletariado y la consecuente y necesaria instalación de su dictadura como consigna de acción. Concretamente, en Venezuela eso significaría la creación de un poder consejista-comunal cuya primera tarea sería la estatización de los monopolios financieros, industriales, de servicios y de la tierra.

Entonces, ¿tenemos ahora una nueva coyuntura? No, no la tenemos, creemos. Es que, para hacer presente a Lenin, una crisis revolucionaria exige la suma de los factores objetivos y subjetivos de la revolución. En cuanto a las exigencias objetivas, ya las tenemos: una crisis económica profunda (no importa de donde venga) y una concreta y absoluta incapacidad política de la burguesía de mantener el poder del Estado en manos. Los factores subjetivos, con todo, no se hacen presentes, ya que no tenemos en el país los dos fundamentales: 1. Un partido revolucionario fuerte, centralizado y disciplinado. 2. Un segmento representativo del proletariado poseedor de conciencia revolucionaria comunista (la ‘clase para sí’ de la que habló Marx) dispuesto hasta a dar su vida por la revolución. Aún en Lenin, que se tenga presente que el surgimiento de este segundo factor depende de la existencia de una vanguardia marxista capaz de unificar en su entorno todo el campo de la izquierda que tenga demostrado una disposición aunque general al cambio revolucionario. Lo que excluye, por supuesto, segmentos de la izquierda que se suponen los únicos portadores de voluntad revolucionaria y que olvidan (si es que supieran algún día) que el partido revolucionario del proletariado se construye en el fuego de la lucha, y no por auto-consagración anticipada, abstracta, como que impuesta por voluntad de los dioses.

Se puede suponer, seguro, que el espacio histórico-político-coyuntural necesario a la construcción del ‘Partido Revolucionario del Proletariado Venezolano’ se instala en el Abril de 2002, con la derrota del golpe imperialista intentado por Carmona. El gran error (quizás no sea esta la palabra cierta) de la izquierda venezolana hasta ahora es el de no haber aún construido este partido. Hay, sin embargo, iniciativas de importancia decisiva en esta dirección, como la creación de la UPRA (Unidad Popular Revolucionaria Antiimperialista), que reúne el PRT, el PCV, los Gayones, el PPT y otras fuerzas importantes en el cuadro general de las luchas de clases en el país. Pero es necesario avanzar en la construcción del partido revolucionario, lo que, a nuestro juicio, exige la presencia indispensable, estratégica y decisiva de los sectores revolucionarios del PSUV y, por ende, de las FANB y de las milicias bolivarianas y populares. Como medidas aún en interior del poder actual, en aras de radicalizar el proceso en dirección al gran levante proletario, es urgente cerrar la vieja e inútil Asamblea Nacional – serpentario de bandidos – punir a los conocidos fascistas, como Allup, López, Borges y otros. Y nos permitimos a nosotros desde ahora decir que, sí, hay sectores sinceramente revolucionarios en el PSUV y en las FANB, entre los cuales podemos identificar militantes individuales, como el propio presidente Maduro, Diosdado y Padrino, entre muchos otros nombres del liderazgo del PSUV. Por favor, señores, antes que me critiquen, miren al ejemplo de los bolcheviques.

La historia hay sido muy paciente con la Revolución Venezolana, ya que, como hablamos, desde el 2002 tuvimos crisis objetivamente revolucionarias que no se cambiaran en la toma del poder por el proletariado por ausencia de los referidos factores subjetivos.

Lo que es decisivo dejar hoy muy claro, muchísimo claro, es que las condiciones objetivas prevalecientes desde el 2002 permanecen. Y para mejor. Como nunca, desde el final de la II Guerra Mundial, el imperialismo se encuentra dividido. El payaso Donald Trump es la síntesis, burlesca por supuesto, de las divisiones en el campo imperialista, lo que, desde ahora, empieza a construir los bloques de alianzas para la guerra de disputa de espacios y mercados a ocurrir en futuro no muy lejano. No nos olvidemos que prácticamente todas las conquistas revolucionarias (Cuba quizás sea la única excepción) ocurrieran en cuadros de división imperialista. Trump solamente, lo que no es poco, agudiza una crisis en la unidad imperialista. Teníamos, por eso, razón aquellos que afirmamos que un gobierno de la genocida Hillary Clinton sería más prejudicial al proletariado mundial que el del psicópata Trump.

La ley fundamental de la lucha proletaria, en cualquier de sus niveles, en cualquier tiempo o lugar que sea, es la de que: si enemigo retrocede, nosotros avanzamos. Si no avanzamos, estamos en la práctica dando tiempo a los enemigos. Desde el 2002 el enemigo se encuentra en la defensiva. Hoy más dividido y destrozado aún. SIN EMBARGO, no podemos caer en el estúpido error, en la verdadera trampa, que sería suponer que la aún actual situación estratégica a nuestro favor es eterna, sin vuelta. La lucha de clases en Venezuela, ya lo escribimos varias veces aquí, atingió un nivel en lo que la política se pone en términos militares. Y en la guerra, no avanzar cuando es posible (y necesario) avanzar significa retroceder. Avancemos, pues.

¡Venceremos!

 

leoleal46@uol.com.br



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