Pildoritas 44 (año IX)

Más nunca diremos “hemos arado en el mar”

Quienes aúpan el diálogo, incluido el Santo Padre Francisco, con toda seguridad, o no conocen los antecedentes que cuando Chávez y en los primeros días del mandato de Maduro, quedaron para cuando se escriba la historia  y se registre en ella, de cómo una oposición vergonzante ha actuado siempre con la más profunda y notable hipocresía, con  segundas intenciones, con un puñal  en la mano o cartas escondidas, o tiene cierto grado de ingenuidad, o lo han engañado de tal manera que le han  hecho creer que es el gobierno el que se empecina en mantener la diatriba, en activar mecanismos de confrontación, cuando bien sabemos los venezolanos, que en los ya no pocos intentos para sentarse a la mesa, no ha  sido el sector revolucionario quien le ha dado un puntapié a la misma  y mientras el otro sector, en una especie de saludo a la bandera, simulaba una buena disposición, por otro lado conspiraba como sucedió con el paro petrolero, contra el mandato del Comandante Eterno y se repitió en el caso de Maduro, quien hasta cadena nacional les dio y en pleno sainete, preparaban  y echaban a andar la destrucción y muerte que significaron las llamadas guarimbas montadas por el hoy bien preso, esas  acciones extremadamente violentas, nunca fueron rechazadas por la llamada mesa de la unidad.

Entonces que nadie venga ahora a acusar al gobierno de negarse al diálogo, lo que sucede es que la credibilidad en el otro interlocutor se ha venido tan a menos que es muy difícil creer en la redención de un reincidente consuetudinario, con una permanente bipolaridad en la que por un lado dicen que quieren dialogar y por otro, siguen llevando adelante los planes desestabilizadores de sus amos del Norte.

Recordemos que los diálogos realizados se hicieron con presencia de personajes con posiciones destacadas internacionalmente, ello de nada sirvió, por la sencilla razón de que la oposición que tenemos no tiene autonomía, ni de pensamiento, ni de acción, son un títere imperial que paga muy bien, porque lo que busca son los enormes dividendos que persigue, si les dejamos apoderarse de nuestro petróleo y de la enormes riquezas con que Dios nos dotó.

Sin embargo opino que de concretarse una nueva etapa para dialogar, sea sin condicionamientos de ningún tipo, por parte de quienes lo primero que deberían hacer es aceptar que fueron derrotados en las urnas y que el hecho de un circunstancial triunfo en uno de los poderes, no significa que han obtenido el derecho de gobernar el país, pisoteando la obligación que tienen de permitir la colaboración entre los poderes y no como lo han hecho hasta ahora, convirtiéndose en un  órgano obstruccionista y saboteador de toda acción de gobierno, llegando incluso a querer de forma manifiesta, atarle las manos al Ejecutivo intentando por vías anticonstitucionales, con leyes chimbas, desmontar un proyecto bien estructurado como el que está plasmado en el Plan de la Patria que como sabemos es Ley de la República..

Es casi seguro que la “pobrecita” y “perseguida” oposición va a condicionar un diálogo a que se le abran las puertas de la cárcel a lo que ellos llaman “presos políticos”, que en verdad y así los definió la justicia ante hechos irrefutables, son algunos políticos presos por asesinos y haber incursionado en delitos  graves o muy graves, violatorios de nuestras Leyes, delitos que en otros países del mundo donde existe pena de muerte como en su amado Imperio, dan para que a estas alturas muchos de ellos estuviesen esperando su turno en la antesala del cuarto de ejecución, pero aquí, en esta “dictadura tan terrible”, se les trata como huéspedes de un hotel de varias estrellas, mientras conspiran a trocha y mocha, mandan sus mujeres a mentirle al mundo y a derramar lágrimas de cocodrilo, buscando la compasión de gobiernos irresponsables, que en lugar de preocuparse por averiguar la verdad, lanzan dardos venenosos contra nuestra democracia y sus líderes.

Todos ellos, aquí dentro y los que están fuera autoexiliados y quienes se meten sin ser venezolanos en nuestros asuntos, intentando  violar  nuestro derecho soberano, se olvidan que Venezuela no es Irak, ni Libia, ni Siria, ni Afganistán y que aquí ya derrotamos un imperio muy poderoso y estamos dispuestos a luchar por defender la independencia que por fin estamos logrando, para no repetir más nunca que hemos arado en el mar.



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Saúl Molina


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