¿Por qué los "cambios graduales" deben ser sostenidos y oportunos

 

La realidad es de un dinamismo caótico. Si nos referimos específicamente a la sociedad humana no es distinto, también en ella los cambios en su realidad tienden a ser caóticos. Gracias a la acción social propia de los humanos, al hecho de que seamos humanos y sociales es posible prever muchos acontecimientos sociales, porque la humanidad es intelecto y razón, previsión y le gusta prometer cosas. Pero solo es posible por períodos relativamente cortos, y dentro de ellos, casi que a diario. Sería necesario una constante vigilancia y análisis de los hechos sociales para poder preverlos y poder hacer promesas. Mientras más fuerzas antagónicas (intereses encontrados) participan en "el fenómeno social", más dinámicos son los cambios y más atentos debemos estar para poder entenderlos, calcularlos; prevenirlos o acelerarlos.

Pero, para nuestra desgracia como científicos, dentro de esas fuerzas siempre hay una hegemónica. Y a nosotros nos tocó padecer la del capitalismo y de la burguesía, enseñoreada de todo. Su fuerza se sustenta en el fraccionamiento de la sociedad en individualidades, que pugnan por intereses egoístas, que aspiran a ser como ella, o ellos, los ricos y poderosos.

La sociedad burguesa es la de muchas singularidades que ponen a la venta su fuerza de trabajo en el gran mercado capitalista, por dinero y prestigio. Esta idea resumiría sucintamente su naturaleza social. Una sociedad que tiene de gregaria la idea de que todos sus miembros luchan hacia una misma dirección personal y sobre una misma regla; todos van por la conquista de metas individuales y egoístas (codiciar dinero y prestigio, esa la norma), bajo la regla de que no hay ninguna regla definitiva; o por lo menos una que sea compartida por todos, moramente clara, que no se pueda violar o corromper. Todos queremos ser distintos y especiales. Tener mucho dinero y éxito social: el gran estimulante para casi todos en esta Tierra.

Es un mundo donde todo se puede vender pero afortunadamente todo se puede comprar. A pesar de que la sociedad capitalista está claramente estratificada y de eso dependen sus razones espirituales. Debe controlar a la sociedad para que ninguna de las clases sociales tenga consciencia de que está dentro de una clase, y de que la movilidad social es solo una ilusión que se podría hacer realidad pero pagando un precio muy alto.

Los controles sociales son sutiles, casi invisibles, y eso es lo que no toman en cuenta aquellos que hablan de los "cambios graduales" para alcanzar el socialismo.

El socialismo es la contraparte del capitalismo, y el capitalismo es donde hace vida ese absurdo de un individualismo gregario. El socialismo es un ideal de integración social sobre la fe de sus miembros en un solo sistema valores fundamentales. Y este sistema de valores nada tiene que ver con el egoísmo, tener dinero o codiciar cosas materiales, se fundamenta en el amor al semejante y en el bienestar de toda la sociedad. Respeto, solidaridad, cooperación, igualdad y sentido de justicia, dar "a cada quién según sus necesidades y exigir de cada quien según sus capacidades"

La realidad, es decir, el caos que ella es, la ordenamos nosotros a imagen y semejanza de Dios, y hoy el único Todo Poderoso que se conozca de verdad verdad es el dinero. Si lo que tenemos como representación de ella son los prejuicios que hemos heredados de la misma sociedad, o sea, esa misma mierda que deseamos cambiar (el poder del dinero, la arrogancia de la burguesía y a la mecánica del capitalismo y su ciencia), lo más probable es que se nos escapen las mismas mañas y obcecaciones del sistema que queremos cambiar. Que miremos a la sociedad a través de sus propios cristales empañados, desde su óptica amañada, desde sus propios ideales hediondos y terminemos aceptándola, pensando que no es tan mala.

No podemos darle tiempo de descanso al capitalismo porque nos regresará sin darnos cuenta, de cómo ni cuándo, al punto de partida. Hablamos de seres humanos sometidos a contradicciones y a fuerzas encontradas, no de cálculos matemáticos o físicos. Hablamos de cálculos sobre la conducta humana, de hombres y mujeres interactuando; cálculos sobre sus ideales, sus deseos, sus sueños, sus creencias, su cultura, sus tradiciones, su salud mental y física, sus fuerzas. Por eso la acción política revolucionaria debe estar ligada estrechamente con la crítica y con la autocrítica, resistidas y resistentes; teoría y práctica política, práctica política y crítica.

Yo diría que hay que comenzar con el control de nuestros prejuicios y continuar con el estudio incesante, porque debemos saber pensar con libertad, o por lo menos con más libertad que con la que piensa la grey capitalista y pequeñoburguesa.

Desde ahí se pueden ver las cosas más claras. Lo que queremos matar afuera es igual a aquello con lo que debemos luchar dentro de nosotros mismos. Conoceremos al enemigo mejor, porque nos dimos cuenta que anidó dentro de nuestro propio pellejo, lo descubrimos en nosotros hurgando trampas; luchamos con él, y ahora lo estamos venciendo afuera, en el "otro" y en "lo otro".

Si hablamos de revolución socialista como una ecuación fácil que la resuelve el tiempo, el tiempo siempre ha estado a favor de aquellos que saben mejor que nosotros qué hacer, porque nos conocen mucho mejor como sociedad, como masa. En vano debemos confiar en el desgaste del enemigo, o en que podemos humanizarlo poco a poco. La historia está llena de Cristos, y el último de ellos fue Hugo Chávez.

El camino hacia el socialismo nos puede parecer fácil, sin haber pasado por esta experiencia íntima de la revolución, propia, espiritual; crítica.

La fuerza del enemigo está en que nos conoce de más. El enemigo conoce más de nuestro espíritu aburguesado, de nuestras debilidades pequeñoburguesas, más que nosotros mismo. Y por ahí nos obliga y nos dobla el brazo por dentro.

Sin embargo, también podemos llegar a creer que la revolución es imposible. Que es solo un deseo tan "cuesta arriba" que no vale la pena esforzarse por ella. El fatalismo burgués. Que nos convenzan de que las cosas siempre serán así, y que nadie ni nada las puede cambiar. Se trata de lo fácil que le resulta al enemigo desalentar el ánimo revolucionario y hacer que nos resignemos a su lógica ¡y ya! Cuando muy cultos, seremos unos eternos escépticos, sarcásticos, y espíritus estériles. El enemigo tendría el trabajo hecho controlando todas las inclinaciones humanas que no requieren de voluntad y sacrificio, de inteligencia y de ningún tipo de consciencia.

Las verdaderas armas de dominación son espirituales y tienen un efecto exhaustivo dentro de nuestra sociedad, gobernada aún por valores capitalistas. Si hay alguien por ahí que tenga esto claro, bueno, que no se deje convencer y no se deje manotear por ningún intelectual escéptico, por ningún economista fatalista, por una Martha Harnecker, o espíritus similares. Qué la revolución es consciencia social y del deber social, constancia y más constancia, trabajo (revolucionario) y más trabajo (estudio), crítica y más auto crítica.

Podemos perder una batalla, el enemigo es poderoso y ahora sabemos cuánto, pero no por eso vamos aflojar moralmente y en especial en nuestras ideas, en nuestra estrategia fundamental de hacer una revolución socialista. Si nunca se entregan esas armas, las otras tampoco se entregarán.

hecto.baiz@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



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Héctor Baiz

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