Por qué ha fracasado el socialismo?

Un grave escollo para la teoría revolucionaria, para la tradición marxista, ha sido explicar por qué en el siglo XX fracasaron las experiencias de avance hacia el socialismo. El pensamiento anti-comunista, por supuesto, tiene sus explicaciones que, a beneficio de inventario, habría que considerar, pero en otra oportunidad. Por ahora, deseo concentrarme en cómo los autoconsiderados revolucionarios se han planteado el problema del fracaso del socialismo.

En líneas generales, hay cuatro estilos de explicaciones, por orden cronológico: la trotskista, la maoísta, la yugoslava (asociada a Milovan Djilas) y la “crítica” de la llamada “Escuela de Frankfurt”. Las tres presumen de ser explicaciones marxistas, y lo son. Quiero decir: conservan y utilizan conceptos fundamentales de la tradición fundada por Marx y Engels, y a hasta por Lenin. Aunque los últimos incorporan concepciones de Hegel, de Freud y hasta de Nietzsche. Veamos.

En toda su obra, el gran revolucionario ruso León Trotsky, elabora una explicación que luce impecable. La revolución proletaria, al iniciarse en Rusia (y este “iniciarse” es importante; se presume que continuará en el resto de Europa), tiene que hacer frente al escaso desarrollo de las fuerzas productivas de ese país, es decir, a su atraso técnico, su pobreza económica, incluso su primitivismo cultural. Marx y Engels dejaron entrever que, lo más lógico, era pensar que la revolución proletaria debía irrumpir precisamente donde el progreso material y cultural alcanzado por el capitalismo fuera el máximo y, en consecuencia, la clase obrera, como principal fuerza productiva, fuera mayoritaria y de elevados niveles de conciencia y organización. Ese el retrato hablado de Inglaterra, Francia, Alemania y hasta Estados Unidos. Pero la historia cogió para otro lado.

Ante esta eventualidad, los revolucionarios tuvieron que encargarse de impulsar la economía y la sociedad de ese inmenso país atrasado, subdesarrollado, lleno de carencias, con un proletariado muy pequeño, y esto determinó la necesidad de una poderosa burocracia que, desde el estado, debía garantizar el avance de las fuerzas productivas, mediante medidas forzadas, como la colectivización y la industrialización. Stalin, con todo lo que significa para Trotsky, o sea, la brutalidad, el estado terrorista, la traición a la revolución mundial, la sustitución de la clase obrera, por el Partido, y éste finalmente por el mandato despótico y personal del Secretario general, representa entonces una traición a la revolución, la evidencia de una grave deformación burocrática del estado obrero, que sólo el proletariado podía corregir.

Trotsky murió asesinado por un agente de Stalin, soñando con esa insurgencia proletaria que corregiría la grave deformación burocrática del estado soviético, con la usurpación del poder proletario por la capa privilegiada de la burocracia, sostenida por la potencia de una totalitaria policía política.

Mao Ze Dong ofrece otra explicación del fracaso del intento soviético, planteando que, no fue una burocracia cruel y despiadada la usurpadora del Poder Proletario, sino nada más y nada menos que de una nueva burguesía, surgida de la misma burocracia del Partido y el estado soviético que, al concentrarse demasiado en el desarrollo específicamente económico, descuidó el hecho de que la revolución debía abarcar toda la cultura. Así, la industrialización soviética reprodujo las relaciones de dominación y explotación de la clase trabajadora, separó el trabajo manual del intelectual, distanció los cuadros de las bases. Esta usurpación social se convirtió en revisión de la teoría revolucionaria, en la capitulación ante el imperialismo y el sometimiento del movimiento comunista mundial al lineamiento de la coexistencia pacífica con el imperialismo, que se olvidaba del internacionalismo revolucionario proletario, en aras de una “competencia económica” en los mismos términos del capitalismo.

Como respuesta a esta eventualidad, Mao impulsó una “Gran Revolución Cultural” que fue, a la vez, una terrible lucha por el poder en el interior del Partido Comunista y el Estado chino, con saldo de muchos muertos, así como el enfrentamiento contra los intelectuales, contra todos los cuadros técnicos y administrativos, contra toda visión pragmática del desarrollo económico. Esto, por supuesto, trajo consigo graves consecuencias económicas y sociales. Se cayó en extravagantes proyectos de sustitución de técnicas industriales por artesanías masivas. Durante más de una década este proceso golpeó la estabilidad china. Pero Mao consideraba que, no sólo debía continuar, sino que, para evitar la usurpación burguesa, se hacía necesario repetir la revolución cultural muchas veces.

Luego de la muerte de Mao y una breve transición, recuperó el poder la tendencia “pragmática” de Deng Siao Ping, que sigue vigente, con la asociación del estado chino con las grandes transnacionales y la asunción de los mecanismos capitalistas para el crecimiento de una gran economía industrializada en ese gran país, lo cual lo ha llevado a competir por la cabeza del sistema mundo capitalista con los Estados Unidos.

El yugoslavo Milovan Djilas repite en líneas generales la apreciación de la usurpación del poder proletario por una capa de privilegiados, pero la considera una nueva clase social, que no es simplemente una burocracia estatal, ni una nueva burguesía. Es una nueva clase explotadora y dominante que se aprovecha de los mecanismos políticos para mantener bajo su dominio al proletariado.

El análisis de la escuela de Frankfurt (Adorno, Horkheimer, Marcuse, etc.) es mucho más complejo; pero podríamos resumirlo aquí diciendo que la URSS y demás países del “socialismo real” del siglo XX, efectivamente, reprodujeron las formas de dominación del capitalismo y hasta del fascismo, anclándolas hasta en lo profundo de la psiquis de las clases trabajadoras. Es decir, esos regímenes alienaban a su población, usaban el marxismo como nueva ideología encubridora de la dominación y producían una subjetividad sumisa y perversa.

De modo que, en estos análisis del fracaso del socialismo del siglo XX, desde la perspectiva marxista, se juntan factores de atraso socioeconómico, lucha política de tendencias derechistas que asumen el poder, mantenimiento de relaciones de dominación y explotación y continuidad de una cultura de alienación. ¿Sirven estos conceptos para Venezuela?


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Jesús Puerta


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